Ángeles López de Ayala

Ángeles López de Ayala (Sevilla, 21 de septiembre de 1858-Barcelona, 29 de enero de 1926) fue escritora, activista política, feminista o masona; dedicó su vida a hacer un mundo mejor y más justo. Es una más de las mujeres olvidadas.

Nació en una familia burguesa y culta, era hija de Gonzalo López de Ayala y de Asunción Molero y Valdivia, sobrina del escritor y político Adelardo López de Ayala. A los ocho años quedó huérfana de madre, quedando bajo la tutela de sus tíos maternos. Vivió en Morón y Zahara; aprendió las primera nociones en el Convento de Santa Catalina de Osuna, lo que pudo influir en su deseo de profesar como religiosa. Ingresó en el convento de Santa María de Marchena que abandonó dos años después por falta de vocación.

Pronto se decantó por la literatura. A los dieciséis años había escrito la novela en cuatro tomos El triunfo de la virtud. Enseguida empezó a colaborar en periódicos y revistas: El Disparate, La Educación, El Fígaro o El Hispalense. A los veintitrés años contrajo matrimonio con Francisco Valero de la Peña, librepensador, y se trasladó a Madrid, donde completó su formación literaria con Joaquín Ponce de León, masón de la Logia Virtud de Málaga, iniciando así su contacto con la masonería. En la capital conoció a Rosario Acuña, escritora, masona y librepensadora, la amistad entre ambas duró toda la vida.

Siguió escribiendo y publicando nuevas obras: Los terremotos de Andalucía o Justicia de Dios (1887), Cantares para los niños (1888). Su estudio sobre la educación de la mujer y su misión en la tierra recibió el segundo premio en el certamen literario convocado con ocasión del II Centenario de Calderón.

Pasó un tiempo en Santander y hacia 1888 se estableció en Barcelona, donde discurrió la mayor parte de su vida, dedicada a una frenética actividad literaria y política. Ejerció una notable influencia en el republicanismo catalán y en el movimiento revisionista de los llamados Procesos de Montjuich por el atentado terrorista de la procesión del Corpus en el que murieron doce personas.

Creó varias publicaciones, todas anticlericales, republicanas, de denuncia contra las injusticias sociales, opuestas a la pena de muerte y de reivindicación de derechos de la mujer. En 1896 fundó El Progreso, semanario republicano, al que sucedió El Gladiador (1901), órgano de la Sociedad Progresiva Femenina, creada también por Ángeles, que abordaba la lucha feminista; en 1910, El Libertador, autodefinido como periódico defensor de la mujer y órgano del librepensamiento, que fue cerrado por el Gobierno en 1914; y en 1914 El Gladiador del Librepensamiento, cerrado en 1920 por razones económicas.

A lo largo de su vida escribió una cantidad enorme de artículos, poesías y relatos, además de catorce novelas, a través de los que divulgó su credo republicano y librepensador. La mayor parte de esta producción se encuentra dispersa o perdida. Por sus actividades políticas y por sus escritos fue procesada en ocho ocasiones y pasó algún tiempo en la cárcel; además, sufrió un intento de envenenamiento y un atentado a tiros, del que salió ilesa. A pesar de la virulencia de sus escritos, era de talante tolerante respecto a las opiniones ajenas.

Con Teresa Claramunt y Amalia Domingo Soler fundó la Sociedad Autónoma de Mujeres, de la que en 1898 surgirá la Sociedad Progresiva Femenina, considerado el más importante núcleo del feminismo social y político barcelonés de ese tiempo. A través de esta entidad puso en marcha una escuela laica nocturna para adultos y diurna para niñas. Al tiempo, creó un orfeón y una compañía de teatro.

Desde las páginas de El Progreso convocó la primera manifestación femenina el 10 de julio de 1910, que resultó un éxito y concluyó con la entrega al gobernador de un manifiesto firmado por más de 2.000 mujeres a favor del laicismo, la emancipación de la mujer, el librepensamiento y la república. Defendió el sufragio femenino en foros nacionales e internacionales.

Aun sin ejercer la docencia tuvo un papel como educadora. Identificada con el movimiento krausista de pedagogía liberal, escribió varias obras que se utilizaron como libros de textos en las escuelas racionalistas. Vinculada a la masonería desde muy joven, en Madrid estuvo afiliada al Grande Oriente Nacional de España y en Barcelona a la logia La Constancia.

Fue, en suma, una mujer librepensadora, republicana, defensora de una sociedad laica y de los derechos de las mujeres, consecuente con sus convicciones. De haber nacido hombre figuraría entre los próceres políticos de su tiempo pero nació mujer y fue ignorada. Así ocurrió en el mitin organizado en Madrid en junio de 1899 para reclamar la revisión de los procesos de Montjuich donde el presidente del acto, el liberal Canalejas le negó el uso de la palabra por el único hecho de ser mujer. Lo que viene a demostrar que entonces, como con frecuencia ocurre ahora, muchos hombres progresistas defienden la igualdad de hombres y mujeres pero se oponen a compartir los espacios que consideran propios.

Murió pobre y con la frustración de las aspiraciones no conseguidas. Pidió ser enterrada en el cementerio civil de Barcelona, junto a sus dos maridos, Francisco García Valero de la Peña y Juan Pon y Angelet, republicanos, librepensadores y masones como ella.

En 1933 el Ayuntamiento de Barcelona dio el nombre de Ángeles López de Ayala a la calle hasta entonces llamada Párroco Triadó. En 1939 Ángeles perdió su calle, dedicada de nuevo al cura Triadó, ahora Rector Triadó. En los márgenes de la Avenida Meridiana unos jardincillos llevan el nombre de la escritora, activista, feminista y masona Ángeles López de Ayala, cerca de otros dedicados a Virginia Wolf y no lejos de otros que recuerdan a Pepa Colomer o a Juana Tomás.

Fuentes: Clemente Palacios, María Victoria. Ángeles López de Ayala (1858-1926): icono del librepensamiento en la España de entre siglos. 2015. Tesis doctoral. Universidad Complutense de Madrid. Facultad de Filología

Real Academia de Historia. Ángeles López de Ayala y Molero

Fotografía: Heroinas.net

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