Selma Lagerlöf es la primera escritora en recibir el premio Nobel de Literatura en 1909. Sus libros fueron traducidos a los idiomas más hablados en el mundo y sus historias encandilaron a millones de lectores. También fue la primera doctora honoris causa de Filosofía en su país, miembro de la Academia sueca desde 1914. Fue una feminista comprometida.

Nació en Marbacka, la propiedad familiar situada en la provincia sueca de Värmland, el 20 de noviembre de 1858, en una familia donde abundaban los clérigos y los militares; siendo muy niña vivió el alcoholismo de su padre, que condujo a la bancarrota y a la pérdida de la propiedad familiar. La pequeña Selma había nacido con una lesión de cadera -displasia infantil- que le obligó a hacer una vida sedentaria. Las mujeres de su familia le contaron cuentos y leyendas escandinavas, en las que se mezclan elementos cristianos y paganos con un mundo mágico y místico, que ella trasladará luego a sus relatos. Se aficionó a la lectura desde muy niña: los hermanos Grimm, Andersen, Walter Scott y luego, Shakespeare, Byron, Goethe fueron sus distracciones.

De la lectura pasó a la escritura. Su primera obra es un poema dedicado a Márbacka, escrito a los 12 años. A los 15, viajó a Estocolmo a terminar sus estudios gracias a un préstamo conseguido por su hermano mayor, Johan. A él le dedicaría tiempo después su primera novela, El desagravio.

Tenía 26 años y acababa de morir su padre cuando empezó su carrera docente en la escuela de niñas de Landskrona. La docencia no le apartó de su vocación de escritora, antes al contrario, las personas que iba conociendo en su trabajo le servirían de argumento para sus novelas. Simultáneamente, empezó a publicar artículos en la prensa local. En esta etapa de docente en Landskrona se produce la pérdida de la propiedad familiar de Márbacka y la dispersión familiar. En 1890 gana un premio convocado por la revista cultura Idun con varios capítulos de La saga de Gösta Berling. Además de las 500 coronas del premio, un cifra considerable equivalente a la mitad de su salario anual, a través de la baronesa Sophie Adlerparre, figura importante del feminismo y admiradora suya, consigue una beca que le permite disponer de tiempo para acabar la obra, que verá la luz en 1891. La crítica inicial, limitada al ámbito provinciano, será tibia, haciéndole dudar de su futuro literario.

Tendrán que pasar varios años para que la obra llegue a Dinamarca y se descubran sus valores y sea considerada como una puerta al modernismo. El éxito aquí será absoluto hasta el punto de que en 1897 Selma decide abandonar la docencia y Landskrona y se traslada a Falun, donde vivían su madre y su hermana Greta. Lleva consigo una nueva novela –Una aventura en Vineta– y una colección de cuentos –Lazos invisibles– con las que se dará a conocer en su propio país.

Selma conoce por entonces a Sophie Elkan, escritora como ella, iniciando una relación de amistad que durará hasta el fallecimiento de Elkan en 1921. Durante años se intercambiarán cientos de cartas; parte de esta correspondencia se recogió en el libro Tú me enseñaste a ser libre, publicado en 1992.

Selma y Sophie viajaron en 1895 a Sicilia, de donde Lagerlöf extrajo el argumento para su novela Los milagros del Anticristo. De su viaje por Oriente Medio en 1899 resultó Jerusalén en Dalecarlia y Jerusalen en la Tierra Santa, que se convirtieron en éxitos de ventas en Suecia y a ella en una escritora admirada, lo que en 1904 le permitió de paso recuperar su querido hogar familiar de Márkaba.

Dos años después publicaba la primera parte de El maravilloso viaje de Nils Holgersson a través de Suecia, al que seguiría una segunda parte en 1907, que se convertiría en la más conocida de sus obras dentro y fuera de su país, libro utilizado en las escuelas suecas para la enseñanza de geografía, considerado el Quijote de los niños. El protagonista es un adolescente de 14 años, Nils, a quien en castigo por su egoísmo un hada lo reduce al tamaño de un palmo. Así, viajará a lo largo de Suecia y Laponia, sobre un ganso blanco doméstico siguiendo la migración anual de los gansos grises salvajes hacia el norte. Inspirado en los cuentos de Rudyard Kipling, la novela instruye no solo en la geografía y costumbres escandinavas sino en la mitología y en el amor a la naturaleza, en un elevado tono moral. Esta será la obra que consagre a Selma Lagerlöf como una figura de relevancia en toda Europa. Escribió además unas memorias de enorme éxito –Marbacka, historia de una heredad-, multitud de relatos breves y cuentos en los que mezcla el mito y la imaginación con un notable aliento moral en el que se ensalza el amor, la bondad, la responsabilidad.

La Academia de Suecia le concedió en 1909 el premio Nobel de Literatura, con el que destacaba el idealismo, la vívida imaginación y la percepción espiritual de sus obras, el retrato totalmente original de la vida campesina, la claridad de expresión y la bella musicalidad de sus escritos. Era la primera vez que una mujer recibía el más alto galardón literario y no había sido fácil. El secretario de la Academia, Carl David Wirsén, había impedido que prosperara su candidatura cinco veces, en parte porque consideraba la obra de Lagerlöf demasiado moderna y en parte porque se trataba de una mujer. En 1914 fue elegida miembro de la Academia de Suecia, encargada de otorgar los Nobel de Literatura. En 1935 fue la única mujer participante en la creación de la Asociación Internacional de Escritores para la defensa de la Cultura, de la que formaban parte, entre otros, Máximo Gorki, Thomas Mann. Bernard Shaw o Ramón María del Valle Inclán.

Fue una temprana feminista -en 1911 inauguró la Conferencia Internacional de Sufragistas en Estocolmo- comprometida en la defensa de los derechos de la mujer; en sus novelas presenta a mujeres fuertes, capaces de hacer lo mismo que hacen los hombres.  Dedicó sus últimos años a ayudar a los escritores e intelectuales que huían de la persecución nazi. Obtuvo un visado oficial sueco que salvó del campo de exterminio a Nelly Sachs, según recordó la escritora judía alemana al recibir el premio Nobel en 1966. Donó la medalla de oro del Nobel para obtener fondos destinados a la resistencia finesa. Volcada en la defensa de los refugiados de Finlandia, le sobrevino la muerte el 16 de marzo de 1940. Tenía 81 años. Era y sigue siendo una gloria nacional. Su obra ha sido traducida a medio centenar de idiomas. Premios literarios, sellos postales y hasta un billete de 20 coronas suecas llevan su nombre o su efigie.

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