Rosita Díaz, la sonrisa de la República

Rosita Díaz -de nombre real María de la Cruz Rosario Rosa Díaz Gimeno- (Madrid, 13 de septiembre de 1911 -o 1908-) fue una famosísima actriz que llegó a triunfar en Hollywood. Comprometida con la República, se publicó que había sido ejecutada por los militares rebeldes. Se exilió en Estados Unidos, donde su rastro se perdió en la bruma del olvido.

Su familia le proporcionó una educación superior a la que era habitual en su tiempo. Estudió primero en las Carmelitas de Bilbao y luego, en Madrid. Se matriculó en la Facultad de Medicina, estudios que abandonó para ingresar en el Conservatorio de Arte Dramático. Obtiene un premio de declamación que le abre paso como meritoria en la compañía de Gregorio Martínez Sierra (marido de María Lejárraga). Con esta compañía recorre España y actúa en París pero su familia no le permite seguir la gira por América.

Se contrata entonces con la compañía de Josefina Díaz y Santiago Artigas, con quienes sí realiza la tournée americana: México, Cuba, Perú, Chile, Argentina y Brasil. Trabaja también en varias películas españolas en los inicios del cine sonoro. Firma un contrato con la compañía Paramount para realizar varias películas en sus estudios de París. En septiembre de 1934 viaja a Hollywood, contratada por la Fox como primera actriz de habla hispana. Con la obra Angelina o el honor de un brigadier obtiene un éxito rotundo entre el público hispano. Charles Chaplín la consideraba “una mujer de gran talento, entrañable, bellísima, de gran generosidad y bondad”. Él es quien la define “la sonrisa de la República”.

En los primeros meses del levantamiento militar es detenida en Córdoba. En la zona republicana se publica que ha sido ejecutada por los rebeldes, acusada de espionaje en favor de la República. Ella sigue rodando en Sevilla la película El genio alegre, quizá porque, tras la repercusión del asesinado de García Lorca, los militares no se atreven a detener a una actriz tan popular dentro y, sobre todo, fuera de España. No obstante, su decidida defensa de los derechos de las mujeres y la relación que mantiene con Juan Negrín Mijailovich, hijo del presidente del gobierno republicano, hacen de ella una enemiga del nuevo régimen. Al término de la guerra la pareja contrae matrimonio y marcha a Estados Unidos, donde él terminará sus estudios de Medicina y ella seguirá rodando películas en Hollywood y, más tarde, en México.

Entre las películas que protagonizó se recuerdan: Vida bohemia, Rosa de Francia, Pepita Jiménez, El último amor de Goya o Me enamoré de una sirena. También actuará en la obra teatral La casa de té de la luna de agosto en Broadway, o La visita y Jano es una muchacha, de Dürrenmatt, en México. Alejada lentamente de los escenarios, se dedicó a impartir conferencias en universidades y colegios americanos. La Universidad de Hoffstra la declaró “extraordinario paladín de la cultura española en Estados Unidos”. Fue miembro de honor de la Asociación de Licenciados y Doctores de Estados Unidos, a la que pertenecían destacadas personalidades, como Severo Ochoa.

Rosita Díaz volvió en 1980 a España, acompañando a su marido en un viaje profesional. Es la última imagen de una actriz cuya fama se había diluido en el olvido muchos años antes. Hasta tal punto que no es posible conocer con certeza el lugar de su muerte y dónde descansan sus restos. Las reseñas oficiales -incluida Wikipedia– sostienen que falleció en Nueva York en 1986, pero algunas referencias familiares apuntan que murió de un ataque al corazón en el sur de Francia, donde el matrimonio Negrín Díaz pasaba largas temporadas, y que fue enterrada en ese país.

Dondequiera que reposen sus restos son los de una mujer consecuente con sus creencias feministas y democráticas hasta el fin de sus días.

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