Rosa Bonheur, pintora

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El Cid. Museo del Prado

El Museo del Prado posee alrededor de 8.000 obras, algunas expuestas en sus salas, otras cedidas en préstamo a entidades públicas y muchas guardadas en sus almacenes. Entre los artistas que realizaron esas obras solo treinta son mujeres. Durante décadas únicamente los lienzos de una de ellas -Sofonisba Anguissola- podían ser contemplados; se unió luego Artemisia Gentliselchi, después Clara Peeters, a la que el museo tuvo el gesto de dedicarle una exposición monográfica. Después llegó Angelica Kauffman, y recientemente, Rosa Bonheur.

Bonheur es un caso aparte, aunque solo fuera porque la única de las obras que cuelga ha sido extraída de los almacenes a impulsos de una campaña en las redes sociales. Esta pintora, escultora e ilustradora francesa (Burdeos-18 de marzo de 1822-Thomery, Francia, 25 de mayo de 1899) aprendió los rudimentos artísticos con su padre, Raymond Bonheur, y se formó en el taller de Léon Cogniet. Su obra evoluciona desde un academicismo canónico al impresionismo. Contemporánea de Turner, Delacroix o Van Gogh, se especializó en temas rurales y animales y contó con la protección de la reina Victoria de Inglaterra. Fue la primera mujer en recibir la gran cruz de la Legión de Honor francesa, que le impuso la misma emperatriz Eugenia de Montijo; recibió también la orden de Isabel la Católica y la de Leopoldo de Bélgica.

Todo ello a pesar de tratarse de una mujer poco convencional en una época que adoraba todos los convencionalismos. Ya de joven tenía fama de ser escasamente femenina, fama que ella se encargó de corroborar de palabra, al afirmar que era “el más muchacho de todos” sus amigos, y de obra: fumaba habanos, se cortó el pelo como un chico y mantuvo relaciones con dos mujeres: Nathalie Micas y Anna Elizabeth Klumpke, pintoras ambas.

Rosa Bonheur se interesó especialmente por los felinos. El retrato de un león del Atlas, al que ella bautizó El Cid, es el cuadro que puede contemplarse en la sala 64A del Museo del Prado. El nombre alude a los valores de libertad, insumisión y valentía que en el imaginario de la artista evocan tanto los leones como el guerrero castellano.

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