Milada Horakova fue una política checa de fuertes convicciones sociales y defensora de los derechos de las mujeres, lo que la convirtió en sospechosa habitual. Los nazis la torturaron y el régimen comunista la procesó y condenó por desafecta. Ejecutada en 1950, se convirtió en la primera mujer víctima de un proceso político y en un símbolo de la resistencia. En su tumba del cementerio de Visehrad en Praga nunca faltan flores.

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