Mercedes Comaposada, la anarquista olvidada

Mercedes Comaposada Guillén (Barcelona, 14 de agosto de 1901-París, 11 de febrero de 1994) fue montadora de cine, escritora y representante de arte pero, sobre todas las cosas, fue una mujer empujada al exilio, de donde no volvió. Su enorme influencia en los ámbitos anarquistas ha quedado sepultada en el olvido.

Hija de un obrero ugetista autodidacta e ilustrado, que le inculcó desde niña la importancia de la cultura como mecanismo de cambio social, aprendió idiomas y mecanografía, pero pronto abandonó los estudios para emplearse como montadora de películas en una empresa de producción de cine. Enseguida se traslada a Madrid, donde se matricula en los cursos de Derecho que impartía el profesor Castillejo, en los que conoció a Antonio Machado. En 1932 conoce al dibujante y escultor Baltasar Lobo, al que se uniría en 1936 y sería su compañero de vida.

Baltasar Lobo y Mercedes Comaposada (acracia.org)

Se afilió al Sindicato de Espectáculos Públicos de la Confederación Nacional de Trabajadores (CNT). En los locales del sindicato daba clases, lo que le permitió comprobar la distinta valoración que recibían mujeres y hombres. Por ese tiempo conoció a Lucía Sánchez Saornil y a Amparo Poch y Gascón, con las que formó el grupo Mujeres Libres, con el propósito de llevar la cultura a las mujeres y de esta forma lograr la liberación de la esclavitud en la que se hallaban, por su ignorancia y por la limitación al ámbito doméstico y al papel reproductor.

En 1936 el grupo se fusiona con la Agrupación Cultural Femenina CNT de Barcelona y en mayo de ese año sacan la revista Mujeres Libres, de la que se editarán 13 números hasta el otoño de 1938. En ella escribirán, entre otras, Federica Montseny, Emma Goldman o Carmen Conde. Únicamente se permitía la participación de mujeres, con la excepción de Lobo, que estaba encargado de las ilustraciones, imágenes que consiguieron una enorme difusión. Mercedes realizaba la crítica literaria y de cine. La publicación tuvo gran influencia entre las mujeres libertarias.

Comaposada escribió también artículos en publicaciones de orientación anarquista –Estudios, Umbral, Tierra y Libertad o Tiempos nuevos– y libros: Esquemas (1937), Las mujeres en nuestra revolución (1937) y La ciencia en la mochila (1938). Durante la guerra se alistó en la sección de Artes y Letras de las milicias libertarias para llevar la alfabetización a los frentes. Instalada en Barcelona, se dedicó a la formación de las mujeres del servicio doméstico y creó el Casal de la Dona Treballadora (Casa de la Mujer Trabajadora) con la misma función didáctica. En 1937 el grupo Mujeres Libres se integró en la CNT pero cuando al año siguiente solicitó que el movimiento libertario incorporara a la agrupación femenina como organización independiente su propuesta fue rechazada.

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Esta actividad pedagógica y política la realizó sobreponiéndose a una salud que siempre fue frágil y que hizo crisis en los primeros meses del exilio. Porque Mercedes es una de tantas mujeres valiosas que fue forzada a abandonar su país al término de la guerra civil. Reunida por fin en París con Baltasar, ambos se presentan ante Picasso, quien ayuda a Lobo a situarse en los ámbitos artísticos de la capital francesa y a ella le proporciona trabajo como secretaria, tarea en la que se empleará durante varios años.

Cuando Francia recupera la normalidad, concluida la segunda guerra mundial, Comaposada se dedica a la traducción al francés de los clásicos españoles, especialmente Lope de Vega, y a llevar la representación del marido, cuya obra para entonces ya es conocida en los ambientes artísticos parisinos. Sobre estas experiencias escribirá Conversaciones con los artistas de la Escuela de París (1960) y Picasso (1963), además de seguir publicando artículos en revistas, que firma ya como Mercedes Guillén.

En este tiempo recupera el contacto con las compañeras del grupo Mujeres Libres con quienes volverá a editar la revista homónima entre 1963-1973. Después de la muerte de Franco se propuso editar un libro con las biografías de las mujeres que habían formado parte de la asociación. Elaboró un cuestionario y lo repartió entre todas ellas. Con el material reunido escribió un manuscrito que, con el resto de documentación, se perdió a la muerte de Mercedes, ocurrida en París, el 11 de febrero de 1994, cinco meses después del fallecimiento de Baltasar Lobo.

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