Nacimiento: Guadalajara, 1421

Muerte: Burgos, 1500

Entre las joyas que Burgos atesora dos destacan por derecho propio: la capilla de los Condestables de su catedral y la Casa del Cordón. Detrás de ambas se encuentra el mecenazgo de una mujer culta y refinada: Mencía de Mendoza y Figueroa, condesa de Haro.

Fueron sus padres Íñigo López de Mendoza, marqués de Santillana, militar, político y escritor, y Catalina Suárez de Figueroa. Era nieta e hija de poetas y hermana de Pedro González de Mendoza, político, militar y eclesiástico, apodado el Gran Cardenal.

Tenía Mencía quince años cuando la familia concertó su matrimonio con otro joven de apellido igualmente ilustre: Pedro Fernández de Velasco, conde de Haro, a quien el rey Enrique IV había hecho condestable de Castilla. La pareja tuvo seis hijos: Bernardino, Íñigo y Juan Fernández de Velasco, Isabel, Leonor y María de Velasco.

Mientras el condestable intervenía en las frecuentes guerras durante los reinados de Enrique IV y de los Reyes Católicos, Mencía se dedicaba a gestionar el muy abundante patrimonio familiar. Debió hacerlo con maestría pues con las rentas pudo construir la capilla de la Purificación en la catedral de Burgos, y en la misma ciudad, la Casa del Cordón y una casa de recreo en las afueras, en Gamonal, conocida como Casa de la Vega. Concluidas las obras bien pudo recibir a su marido con la lapidaria frase que se le atribuye: Ya tienes palacio en que morar, quinta en que holgar y capilla en que orar y te enterrar”.

Retablo de la Purificación

La propia Mencía negoció con el cabildo de la catedral las condiciones y los detalles de la capilla, adosada a la girola, destinada a panteón de los condestables. Levantada sobre una capilla anterior dedicada a San Pedro, las obras se realizaron entre 1482 y 1496. “Nos, el Condestable de Castilla, don Pedro Fernández de Velasco, Conde de Haro, y yo, la Condesa doña Mençía de Mendoça, su mujer, mandamos facer e edificar, e edificamos, una capilla en la iglesia de Burgos”, reza el acta fundacional.

Cuando en 1492 fallece el condestable Mencía tuvo que litigar con su hijo Bernardino. El nuevo condestable acusaba a su madre de poner en riesgo el patrimonio familiar con sus mecenazgos. La condesa se aseguró el usufructo de la herencia del marido y, sobre todo, los diezmos de la mar y, aunque no llegó a ver las obras finalizadas, sus herederos se encargaron de acabarlas con la magnificencia prevista. Mencía murió en 1500. Serían Diego de Siloé y Felipe Vigarny quienes concluirían los retablos, introduciendo en ellos los aires renacentistas.

Las esculturas de los condestables se realizaron, años después, en mármol de Carrara, se cree que por Felipe de Vigarny, quien más que retratar a los condestables, quiso fijar para la posteridad la grandeza de los fundadores. Los grutescos de la armadura del condestable y el corpiño de la condesa son obra de Juan de Lugano.

Aquí yace la mujer y señora doña Mencía de Mendoza, condesa de Haro, mujer del condestable don Pedro Fernández de Velasco, hija de don Íñigo López de Mendoza y de doña Catalina de Figueroa, marqueses de Santillana. Murió de setenta y nueve años, año de mil y quinientos”, reza la leyenda al pie de la escultura de doña Mencía. Los huesos de los condestables descansan en una cripta bajo sus efigies.

Retablo de Santa Ana

La capilla es deslumbrante por su contenido tanto como por su continente. Cualquiera de sus tres retablos merece una iglesia propia. El central fue el último en realizarse, está dedicado a la Purificación de la Virgen. Es obra de Diego de Siloé y Felipe Vigarny, de estilo renacentista, igual que el de la izquierda, dedicado a San Pedro, firmado por los mismos autores. El retablo de la derecha es el más antiguo de los tres, está dedicado a Santa Ana y es obra de los Siloé, padre e hijo. Como curiosidad, todas las imágenes del retablo de San Pedro son santos varones y las de Santa Ana son todas santas, excepto un Cristo muerto sostenido por ángeles, obra de Diego de Siloé.

Este retablo es el testamento espiritual de Mencía de Mendoza y, probablemente, guarda mensajes aún no descifrados. ¿Por qué todas las imágenes del mismo portan un libro? Se desconoce si responde a un programa iconográfico predeterminado -la representación de la sabiduría y la santidad- o es una reivindicación de la propia condesa. Mujer culta, miembro de una dinastía de literatos y bibliófilos, acaso es esa la imagen que quiso dejar a la posteridad de las mujeres de su familia y de su tiempo.

En el muro lateral de la derecha cuelga un lienzo de la Magdalena que la tradición atribuye a Leonardo da Vinci, sin que esté muy clara la datación. El cartel bajo el lienzo le asigna a Giovan Pietro Rizzoli, discípulo de Leonardo, entre 1515-1520 y la web de la catedral lo atribuye a Gianpetrino, apodo con el que se conocía a Rizzoli, entre 1520 y 1530. La rejería de la capilla fue realizada por Cristóbal de Andino, arquitecto, escultor y orfebre, el más famoso de su tiempo. En los muros de la capilla y en la ornamentación abundan escudos de los linajes de los fundadores, con un rotundo dominio en número de las de los Mendoza sobre las de los Fernández de Velasco, lo que corrobora el protagonismo de la condesa en el proyecto.

Seis años se emplearon en construir la Casa del Cordón, entre 1476 y 1482, destinada a palacio de los condestables en Burgos. Realizado en un gótico tardío, en su construcción intervinieron Juan y Simón de Colonia, padre e hijo. Las dobles galerías del patio son posteriores, de entre 1484 y 1497. La ornamentación interior debía ser acorde con la belleza exterior, las paredes se cubrían con una magnífica colección de tapices flamencos.

Casa del Cordón (Burgos)

La Casa del Cordón estaba llamado a convertirse en el palacio real de Burgos durante el reinado de los Reyes Católicos y los primeros Habsburgo. En 1497, recién terminado, acogió el enlace del príncipe Juan, heredero de la corona, con Margarita de Austria, hija del emperador Maximiliano. Mencía ejerció de madrina del novio, cuyo padrino de bautismo había sido don Pedro, entonces ya difunto. Ese mismo año el palacio había sido testigo del recibimiento de los Reyes Católicos a Colón, de vuelta de su segundo viaje a América.

En esta casa falleció en septiembre de 1506 Felipe el Hermoso, esposo de Juana I de Castilla. Y en 1515 fue escenario de la incorporación del reino de Navarra a la corona de Castilla. Aquí se alojaría Carlos I en sus visitas a Burgos y luego, su heredero, Felipe II. Felipe V fue el último rey en alojarse en ella. Tras siglos de paulatino deterioro, en la década de los ochenta del pasado siglo fue totalmente restaurada. Actualmente es propiedad de una entidad de ahorro. Su magnífico patio renacentista sirve de patio de operaciones de la entidad. El ala sur del edificio está dedicada a actividades culturales.

Mencía, devota de San Francisco de Asís y de la orden franciscana -de ahí el cordón que orla el palacio familiar y del que toma el nombre el palacio-, promovió también la construcción del santuario de San Pedro Regalado -franciscano igualmente- en La Aguilera.

A Mencía la describe su nieto como “de muy pequeño cuerpo, mas muy hermoso de rostro, (…) tenía muy buena tez de rostro (…) buena boca, aunque el labio de abajo había caído un poco (…) la nariz aguileña y los ojos grandes, negros y buenos. (…) Fue muy honesta y muy bien hablada, y muy graciosa y muy buena autoridad (…) apasionada de sus opiniones (…) de buen corazón”, de quien el condestable “gobernábase en muchas cosas de su casa por su mujer”. Fue un tiempo en que el poder en la ciudad de Burgos estaba en manos de mujeres de la familia Mendoza pues en esos años la abadesa de las Huelgas era Leonor de Mendoza, hermanastra de Mencía.

Escudo de doña Mencía

Fue tanta su dedicación y la eficacia de su actividad que su nombre se incluye -aunque pase más desapercibida- entre los grandes mecenas de su tiempo junto a los de sus hermanos, Diego, primer duque del Infantado y Pedro, el Gran Cardenal, famoso por su mecenazgo cultural, hombre tan poderoso que durante el reinado de los Reyes Católicos sería conocido como el tercer rey.

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