Mencía de Lara, abadesa

Mencía López de Haro (1150-1223), hija del conde Lope Díaz de Haro y de su segunda esposa Aldonza Ruiz de Castro, es también conocida como Mencía de Lara por su matrimonio con el conde Álvaro Pérez de Lara. Viuda joven, entró en religión. A ella se debe la construcción del monasterio cisterciense de San Andrés del Arroyo, del que fue primera abadesa.

Mencía se encontró viuda con veintitrés años y decidió ingresar en el Císter, orden con la que tenía algún vínculo pues sus padres habían fundado el monasterio de Cañas en La Rioja, en el que su propia madre y dos de sus hermanas habían ingresado tras la muerte del padre. Vinculada a la comarca del norte palentino por intereses de la familia Lara, se aplicó a obtener financiación para la construcción del monasterio que había de ser su morada: San Andrés del Arroyo. El cenobio debe su nombre al hecho de haberse encontrado una imagen del santo en un arroyo próximo al lugar.

Mencía debió ser mujer inteligente y de valía pues, además de mantenerse al margen de la rivalidad y enfrentamientos entre los Haro y los Lara, Alfonso VIII la consideraba su amiga y la nombró testamentaria, encomendándole que velara por su sucesor, Fernando III, quien también la tuvo en gran estima. La contribución y la protección del primero de los monarcas resultó decisiva para constituir el patrimonio que necesitaba, obtenido por donaciones reales y por compra o intercambio de bienes propios.

La fundación del monasterio data de 1181, año en que recibe abundantes donaciones, la primera de ellas una heredad de María Antolínez, “a la iglesia de San Andrés del Arroyo y a doña Mencía y a las monjas presentes y futuras”. El 23 de abril de ese año el rey le había hecho merced “a la condesa doña Mencía, de la iglesia de San Millán, sita entre Grijalva y Villasandino, y un prado junto al río Yodra”, a cambio de dos mil áureos que ella le había prestado. Previamente le había donado el monasterio de Anaya. Alfonso VIII aprovechará estas donaciones para expresar su estima a “doña Mencía, onrada condesa que siempre amamos e por sus merecimientos de lealtad…”, a quien se referirá como “amiga predilecta” y “amiga venerable”. El mismo año de la fundación Mencía acude ya como abadesa al Capítulo de la Orden que se celebra en el monasterio de Las Huelgas de Burgos, de quien dependerán los monasterios cistercienses de Castilla.

Los privilegios y donaciones recibidos permitirán al monasterio afrontar las obras que harán de él un exponente del románico cisterciense castellano. Dada la calidad de la obra, con notables similitudes a los cenobios de Aguilar de Campoo, incluso de Las Huelgas, se pueda suponer que la abadesa apreciaba el arte, convirtiéndose, de paso, en mecenas de los maestros que aquí desarrollaron una labor que aún asombra a quien se acerca a él. El escudo del monasterio tomará los lobos de la casa de Haro y los calderos de la casa de Lara, junto con la cruz de San Andrés. La iglesia fue consagrada el año 1222.

Una prueba más de la consideración que el rey tenía a Mencía es el hecho de nombrarla testamentaria junto a personalidades de la talla del arzobispo de Toledo, Rodrigo Jiménez de Rada, el de Palencia, Tello Téllez de Meneses, y el mayordomo real, Gutierre Ruiz Girón. No parece gratuita esta consideración, como abadesa Mencía disfrutaba del privilegio de horca y cuchillo que le confería la potestad de ejercer jurisdicción civil y criminal sobre los numerosos pueblos que formaban el señorío conocido como Cámara de la abadesa de San Andrés del Arroyo.

Mencía de Lara ejerció el abadengo durante varias décadas. Su muerte se sitúa hacía 1226 o 1227, pues en 1227 aparece ya como abadesa su sobrina María, viuda del conde Gonzalo Núñez de Lara, quien hubo de enfrentarse a los templarios para defender las propiedades del monasterio de las que estos pretendían apoderarse. Sus restos se conservan en un hermoso sepulcro en la sala capitular del mismo cenobio, que ha logrado sobrevivir a guerras y amortizaciones hasta hoy, cuando lo habita una comunidad de monjas formada por nueve religiosas herederas de la abadesa Mencía.

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