Martina Castells, doctora en Medicina

Martina Castells (Lérida, 23 de julio de 1852-Barcelona, 21 de enero de 1884) pertenece a la condición de pioneras. Algunas fuentes dudan si fue ella o Dolors Aleu la primera española en doctorarse en Medicina. En verdad, importa poco quien fuera de las dos. El hecho es que, tan pronto como se abrió un mínimo resquicio para acceder a los estudios superiores que les permitieran una vida autónoma e independiente muchas mujeres lo intentaron.

Su vocación por la Medicina era una cuestión familiar: médicos fueron su bisabuelo, su abuelo, su padre y tres de sus hermanos. Desde niña había dado pruebas de inteligencia y aplicación, era aficionada a escribir tanto prosa como verso. Aprovechando que la Revolución de 1868 había permitido a las mujeres el acceso a carreras científicas, en 1877 inició los estudios en la Facultad de Medicina de Barcelona, que concluye en cuatro cursos. Antes de terminar ya había iniciado gestiones para obtener el título. Se dirige al ministro de Fomento, cuya cartera incluía los asuntos relativos a la instrucción pública, señalando que los impedimentos para que las mujeres obtengan la licenciatura suponen «una situación anómala e ilegal» y son “fruto de la ignorancia y la superstición«. En abril de 1882 le fue concedida la autorización, al mismo tiempo que a Aleu.

Castells hizo en Madrid el curso de doctorado, que defendió el 9 de octubre de 1882 con la tesis Educación física, moral e intelectual que debe darse a la mujer para que esta contribuya en grado máximo a la perfección y la dicha de la Humanidad. Bajo tan pomposo enunciado Martina defendía el reconocimiento de los derechos sociales, culturales y académicos de las mujeres. El acto tiene lugar en el Colegio de San Carlos, presidido por el decano, Juan de Madoz, y con la intervención del doctor José de Letamendi, médico, escritor y político, que había sido catedrático en la Universidad de Barcelona y ahora lo era en la de Madrid. Había transcurrido un siglo desde que María Isidra de Guzmán y de la Cerda se hubiera doctorado en la Facultad de Artes y Letras Humanas por la Universidad de Alcalá en 1785. Anecdóticamente, tras el paso de Castells y Aleu, se decide suprimir el protocolario abrazo cuando la doctoranda es mujer.

Martina contrajo matrimonio con otro médico: Antonio Constantí, militar en el Instituto Pere Mata de Reus, donde también ella trabajará como pediatra. Ahí se terminó su biografía: dos años después la doctora moría como consecuencia de una nefritis surgida en su primer embarazo. Tenía 31 años. En Lérida se la recuerda con una calle y un busto y Reus dio su nombre a un paseo.

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