Imagen extraída del libro «Mujeres y literatura del Siglo de Oro». Isabel Barbeito

María de Guevara fue una mujer noble que dedicó su vida a escribir. Escribió para contar lo que veía y para reclamar lo que creía que le correspondía, a ella y al resto de mujeres. Como consecuencia de ello nos ha legado un retrato de su época por el que podemos conocer una versión alternativa al relato oficial. Otra escritora en el Siglo de Oro que plasmó en sus textos el discurso de las mujeres.

María, cuya fecha de nacimiento se ignora, era la tercera hija del matrimonio formado por Pedro Ladrón de Guevara y Francisca de Mendoza; la muerte de sus hermanos y la de su prima la convirtió en heredera de los títulos familiares: condesa de Escalante y de Tahalu, vizcondesa de Treceño, marquesa de Rucandio y varios señoríos. Casó en tres ocasiones: con García Bravo Osorio, con Lorenzo de Guevara y con Andrés Velázques de Velasco. Con ninguno tuvo descendencia. Su elevada posición social le permitió conocer las interioridades de la corte.

El primero de los escritos de los que se tiene conocimiento es un Memorial de la casa de Escalante y servicios della, datado en Valladolid en 1654, dirigido a Felipe IV, en el que reclama las gracias y derechos de su linaje. En el escrito reclama para su familia el oficio de ballestero mayor, licencia para usar el privilegio de su casa para hacer cincuenta hijosdalgo y el pago de los 50.000 ducados de renta del mayorazgo de las tierras de su madre, situadas en la frontera hispano portuguesa.

En el siguiente memorial, dirigido también al rey, María desliza sus opiniones sobre el conflicto entre Portugal y España. En su Tratado de advertencias hechas por una mujer celosa del bien de su rey y corrida de parte de España (1663) anima a Felipe IV a prestar apoyo militar a su hijo extramatrimonial Juan José de Austria, se ofrece ella misma a luchar -”que en esta ocasión quisiera ser una amazona”- y reclama gracias para los combatientes y prisioneros de la guerra y para sus familias. La reivindicación no es del todo desinteresada pues su tercer marido, Andrés Velázquez, había sido apresado por los portugueses en la batalla de Ameixal aquel mismo año.

Curiosamente, su obra más conocida es un escrito no firmado dedicado al entonces príncipe Carlos, quien habría de ser el último de los Austria. Desengaños de la Corte y mujeres valerosas (1664) utiliza ejemplos de mujeres consideradas heroínas por la historia, para formular una crítica social y política a una corte que describe como hipócrita y despilfarradora; una obra muy avanzada para el momento, de la que rezuma un aire feminista. Compuesto por un autor moderno, poca experiencia y grande celo, según rezaba en el subtítulo, su autoría siempre fue reconocida. Por el tono moralizador recuerda a la obra Menosprecio de Corte y alabanza de aldea (1539), del obispo de Mondoñedo, Antonio de Guevara.

Esta es de todas sus obras en la que expresa con mayor rotundidad su visión de la sociedad del Siglo de Oro; en la que denuncia la costumbre de los matrimonios impuestos, reclama el derecho de las mujeres a recibir educación como los hombres, persuadida de que la inteligencia no tiene sexo. Defendió asimismo la conveniencia de que las mujeres trabajen, cualquiera que sea su condición social.

La escritora estuvo vinculada al partido de Juan José de Austria, enfrentado a la regente Mariana, madre de Carlos, con el que mantuvo correspondencia en la que le informaba sobre cuanto ocurría en la corte con la claridad y desenfado que le caracterizaba. Esta censura constante a las costumbres cortesanas le granjearon la enemistad de los nobles, a quienes iban dirigidas sus críticas. El conde de Pötting la describió en su diario como “dama que por sus años y bizarro humor se ha puesto en licenciosa profesión de mal-decir de todos, del superior al más inferior.

María de Guevara murió en 1683, dejando el legado de sus obras a través de las que retrata una época en la que ni la opinión ni los intereses de las mujeres tenían valor alguno. Resulta curioso que, siendo tan abundantes las imágenes que nos han llegado de los escritores contemporáneos suyos -Lope de Vega, Francisco de Quevedo, Calderón de la Barca, Luis de Góngora- no haya un solo retrato de María de Guevara.

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