Marcapáginas realizado por Eulogia Merle para la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnologia. Fuente: Wikipedia

María Andrea -o Andresa- Casamayor nació en el Siglo de la Ilustración y destacó en el mundo de las matemáticas, que parecía reservado a las mentes viriles, pero para publicar su Tyrocinio aritmético, el manual por el que es conocida, hubo de inventar un nombre masculino compuesto con el anagrama del suyo real.

Nacida en una familia de mercaderes radicada en Zaragoza, hija de Juan José Casamayor y Juana de la Coma, no se conoce la fecha exacta de su nacimiento pero se sabe que los padres se habían casado el 13 de abril de 1705 y que en 1738, cuando se publica su manual, era mayor de edad.

Parece que la autora pudo haber sido alumna del colegio de Santo Tomás de las Escuelas Pías de Zaragoza, a pesar de que los centros escolapios estaban reservados a alumnos varones, pues en su libro se reconoce como discípulo de esta institución, a la que dedica el Tyrocinio. Puede reclamarse discípulo pues quien firma la obra es Casandro Mamés de la Marca y Araioa, anagrama de María Andresa Casamayor de la Coma. El bibliógrafo Félix Latassa, contemporáneo suyo, la incluyó en su Biblioteca nueva de los escritores aragoneses.

El Tyrocinio aritmético. Instrucción de las cuatro reglar llanas que saca a la luz Casandro Mamés de la Marca y Araioa es una publicación escrita en un lenguaje llano para enseñar las cuatro reglas: suma, resta, multiplicación y división, a un público no experto que no tiene posibilidad de acceder a la educación. Quizá por su vínculo con el mundo del comercio se aprecia el interés de la autora en que su obra tenga una utilidad práctica en los negocios por lo que recoge también los valores y equivalencias de las unidades de pesas, medidas y monedas utilizadas en la Corona de Aragón en el siglo XVIII. El escolapio Fray Juan Francisco, catedrático de Matemáticas en el mismo colegio de Santo Tomás de Aquino de Zaragoza, censor de la obra, reseña que la misma “No solo no contiene cosa que se oponga a las buenas y Christianas costumbres; sino que la juzgo precisa, y conveniente para la publica utilidad, y justificación del Comercio Mercantil”.

María Andrea escribió un segundo libro sobre aritmética –El para sí solo de Casandro Mamés y Araioa. Noticias especulativas y prácticas de los números, uso de las tablas de raíces y reglas generales para responder algunas demandas que con dichas tablas se resuelven sin álgebra– que no llegó a publicarse y cuyo manuscrito de un centenar de páginas no se ha conservado.

Se da por cierto que María Andrea era una experta matemática, con un conocimiento muy superior al que revela su manual. De hecho, Fray Pedro Martínez, rector y regente de estudios del colegio de San Vicente Ferrer, que es quien aprueba la publicación del Tyrocinio, se extraña de que la autora haya escrito un libro tan elemental. Más parece que su intención, acorde con el Siglo de la Ilustración, era proporcional un manual de fácil lectura y accesible a todas las clases sociales.

La autora permanecerá soltera, dedicada a la docencia de niñas el resto de su vida. Falleció el 24 de octubre de 1870, fue enterrada en la iglesia del Pilar y, como suele ocurrir cuando se trata de mujeres, pronto olvidada. En 1903 Manuel Serrano y Sanz, dejó escrito en su obra Apuntes para una biblioteca de escritoras españolas que María Andrea “se dedicó al estudio de las matemáticas, ciencia que poseyó como pocas de su sexo”. Al año siguiente, la escritora Concepción Gimeno de Flaquer la incluye en su libro Las mujeres de raza latina como ejemplo de mujer científica aragonesa. En 2009 el Ayuntamiento de Zaragoza le dedicó una calle y otra el de Gijón. En 2018 su nombre fue incluido en La Tabla Periódica de las Científicas de todo el mundo.

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