Nacimiento: 6 de febrero de 1898, Madrid

Muerte: 3 de noviembre de 1966, México 

Magda Donato forma parte de esa legión de mujeres brillantes, luchadoras einteligentes que participaron activamente en la modernización de España en las primeras décadas del siglo XX. Fueron derrotadas por el levantamiento militar y la dictadura consiguiente que las persiguió con saña. Como tantas de sus coetáneas, murió en el exilio. Peor aún, en la desmemoria de sus compatriotas.

Magda, cuyo nombre real era Carmen Eva Nelken, lo tuvo todo en contra, excepto una familia pudiente e ilustrada que le proporcionó una formación cultural con la que pudo ganarse la vida. Pero la familia era de origen judío y hubo de soportar el antisemitismo que con tanto esmero cultivaron el nazismo y el fascismo de aquellas décadas. Tuvo también una hermana extraordinaria, de cuya sombra ella trató de huir: Margarita Nelken, que habría de convertirse en famosa allí por donde pasó. Para diferenciarse de su hermana, justamente, es por lo que optó por cambiar de nombre adoptando el de Magda Donato. Y, sobre todo, tuvo la mala fortuna de apostar por unas ideas de modernidad y progreso que fueron dramáticamente derrotadas por el levantamiento militar de 1936./

También Carmen/Magda descolló pronto. Con 19 años Magda empezó a escribiren El Imparcial una columna que llamó Femeninas. Como ocurría cuando quien escribía era una mujer, le encomendaron asuntos triviales: la moda, la sociedad, cosas así. Pero ella supo convertir sus columnas en una reivindicación feminista, apelando siempre a la necesidad de que las mujeres tuvieran acceso a la cultura para conseguir su propia autonomía. Escribió en La Tribuna, El Liberal, El Heraldo de Madrid, Informaciones, Blanco y Negro o Estampa. Militó en la Unión de Mujeres Españolas, próxima al PSOE, que reivindicaba el sufragio femenino.

Fue además una pionera -otra más- en la forma de hacer periodismo. Para documentar los “Reportajes vividos” que publicó en el diario Ahora de 1932 a 1936, se sumergía siempre de incógnito en los ambientes de los que iba a hablar: la cárcel, el manicomio, un albergue… sobre los que escribía en un estilo directo e irónico. Antes de que nadie hubiera formulado el concepto de periodismo literario o nuevo periodismo ella se adelantó en sus reportajes, casi siempre con protagonistas femeninas, que rezumaban compromiso republicano y sensibilidad literaria. A pesar de lo cual no pudo evitar que le acusaran de sensacionalista. La editorial Renacimiento ha reeditado algunos de estos artículos.

En la revista España escribirá junto a Manuel Azaña, PíoBaroja, Gregorio Martínez Sierra, Eugenio D’Ors, María Lejárraga,es una firma respetada. Magda había viajado por Europa, era culta y hablaba varios idiomas, se movía con desenvoltura en cualquier ambiente. Entrevistará a las figuras más destacadas de su época.

No solo ejerció el periodismo, también fue actriz, participó en elTeatro de la Escuela Nueva, dirigido por Cipriano RivasCherif, un proyecto que en los años veinte pretendía renovar el tratro madrileño. Fue miembro también del colectivo teatral Caracol, dirigido igualmente por Rivas Cherif. Adaptó al teatro narraciones infantiles dentro de la política de reforma y extensión cultural de la República iniciado previamente por el krausismo y la Institución Libre de Enseñanza.

Con apenas 16 años había conocido en la Editorial Calleja a Salvador Bartolozzi, escritor y dibujante. Él fue quien introdujo a Magda en el teatro infantil. Fue su compañero en lo afectivo y en lo profesional, juntos realizaron narraciones infantiles y los montajes teatrales. Comprometidos ambos ideológicamente con la República, al término de la guerra civil se vieron obligados a exiliarse, primero en París, luego en Casablanca y, finalmente, en México, adonde llegan en 1941.

Magda continuó en el exilio escribiendo y actuando. Además de su propia producción literaria, antes y después del exilio tradujo obras de otros autores: Los caballeros de Bois-Doré, de George Sand; Melo, de Henri Beinstien, Rosario al sol, de Francis James; Las sillas, de Eugène Ionesco; también adaptó obras de escritores extranjeros: Aquella noche, de Lajos Zilahy; Cuentos escogidos, de Jean Lafontaine.

Intervino en películas y en televisión, con notable éxito. En 1960 fue premiada como la mejor actriz del año.

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