Lorenza Cobián y su hija María (Foto: El Comercio)

Lorenza Cobián y González (Parres, 21 mayo 1851 – Madrid, 31 julio 1906) fue una joven iletrada y hermosa, que posó para pintores famosos y tuvo una hija con Pérez Galdós, la única reconocida por el escritor. Al margen de su peripecia vital, representa el papel que la sociedad española del siglo XIX reservaba a las mujeres sin dinero ni alcurnia.

Aunque nacida en Asturias, Lorenza pasaba temporadas con unos familiares en Santander, donde en 1880 coincidió con el escritor Benito Pérez Galdós, a quien Gregorio Marañón, médico y amigo personal suyo, describió como “hombre superviril y mujeriego, aunque tímido con las mujeres”. Parece que la mezcla de timidez y conquistador le daba resultado pues se le conoce una larga lista de amoríos.

Lorenza fue una más de esas conquistas. La joven quedó pronto embarazada, de un niño que murió poco después de nacer. Luego, se traslada a Madrid, donde posa como modelo para los pintores Emilio Sala y José María Fenollera. Se cree que el escritor canario procuró instruir a su amante, que ni siquiera sabía leer o escribir. Y, de acuerdo con las costumbres de la época, le puso piso en Madrid y en Santander, durante el verano.

La relación con Lorenza coincidirá algún tiempo con la que mantuvo con la también escritora Emilia Pardo Bazán y con las actrices, Concha Morell y María Guerrero. De esa relación, el 12 de enero 1891 nació en Santander una niña, bautizada como María e inscrita inicialmente como María Cobián, hija ilegítima de Lorenza, soltera, dedicada a las ocupaciones de su casa.

No sabemos si Lorenza siguió trabajando de modelo o en alguna otra actividad o fue mantenida por Pérez Galdós, si bien la inscripción en la partida de nacimiento de la niña parece apuntar a esta última opción. Los críticos estudiosos de la obra galdiosiana creen que se inspiró en ella al describir algunos de sus personajes más conocidos, como la Fortunata -mujer fuerte e inculta, que también muere trágicamente- de Fortunata y Jacinta, la Casianilla de Cánovas o la Leré de Ángel Guerra.

Parece que Lorenza sufría depresiones o algún tipo de inestabilidad mental. En julio de 1906 fue detenida por haber intentado arrojarse a la vía del tren al paso de varios trenes en la estación de Príncipe Pío. En la Casa de Socorro de distrito Centro los facultativos diagnosticaron que tenía perturbadas las facultades mentales. Mientras esperaba en una celda para ser trasladada al Hospital Provincial, Lorenza utilizó una cinta de terciopelo para ahorcarse. Cuando fue encontrada, ya era cadáver.

Galdós se encontraba entonces en Santander, adonde su hija le escribe contándole lo ocurrido. El 31 del mismo mes de julio, escribe a Dolores, hermana de Lorenza: “La desgracia de su pobre hermana, me obliga a suplicar a Vd. que se encargue de acompañar constantemente a María, que aunque es de buen natural, tiene el genio demasiado vivo y necesita tener a su lado a una mujer de su familia. Nadie para el caso como Vd. (…) Antes ha de hacerse María un trajecito de luto. (…) Espero que Vd., Dolores, hará que María me obedezca y de Vd. espero que será su segunda madre”.

Galdós parece obsesionado con la obediencia de su hija, a la que escribe el mismo día: “Ahora estás más obligada que nunca a una obediencia ciega a cuanto yo te mande. En ello te va el porvenir. Yo no te mandaré nada que no sea por tu bien. (…) Tengo que mirar por ti y lo primero es contar con que me obedecerás en todo absolutamente. Te quiere mucho y te mando muchos cariños tu papá. B.

María pasó a vivir con las mujeres de la familia Galdós, la madre y las hermanas del escritor, quien la reconocería como hija en 1908. Ella y su marido, Juan Verde, acompañaban al escritor el 4 de enero de 1920, fecha de su muerte. En su testamento ológrafo, firmado el 7 de junio de 1910, testó a favor de su hija.

A lo largo de su vida Benito Pérez Galdós mantuvo relación con otras muchas mujeres de toda la escala social, en las que se inspiraba para construir sus personajes femeninos. Se contaba que cuando rompía con las modistillas, les regalaba una máquina de coser, con la que pudieran ganarse la vida. Se cree que tuvo otros hijos con otras mujeres, ninguno de los cuales fue reconocido. Esta era la sociedad que vio llegar el siglo XX. Una sociedad exclusivamente masculina, donde únicamente las mujeres muy privilegiadas podían decidir sobre su propia vida, aún a riesgo de arrostrar una mala fama que de ninguna manera recaía en los hombres, los únicos a los que les era dado dictar las normas sociales que habían de regir para ellos y ellas.

2 thoughts on “Lorenza Cobián, modelo”

  1. Ahora mismo releyendo Fortunata y Jacinta, y en pausa leyendo de la pobre Lorenza, se me representaba Fortunata. Decía Galdós en esta misma novela, que son las mujeres siempre las que llevan la peor parte.

    1. Galdós tenía razón en su análisis pero, como hombre de su época, puso poco empeño en modificar la situación de las mujeres, más allá de comprar alguna máquina de coser a las que dejaba en el arroyo.

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