El siglo XVI fue pródigo en mujeres extraordinarias pero como los encargados de contar los hechos eran todos hombres, apenas se percataron. O si se percataron no les quedó tiempo para dejar constancia de ello, ocupados como estaban en narrar las hazañas de los hombres, que eran quienes podían premiar su trabajo. Una de estas mujeres extraordinarias fue Leonor de Habsburgo o Austria, hija primogénita de Juana I de España y Felipe el Hermoso, nieta, por tanto, de los Reyes Católicos y de Maximiliano de Austria. Una vida al servicio de los intereses de la corona. O más exactamente, al servicio de los intereses de su hermano Carlos, que no en vano era el heredero.

Leonor nació en Lovaina el 15 de noviembre de 1498, dos años después del enlace de sus padres. Cuando a comienzos de 1506, muerta ya Isabel la Católica, Juana y Felipe viajaron a España para ser coronados como reyes de Castilla ella y sus tres hermanos -Carlos, Isabel y María- quedaron en Flandes, esperando que la ausencia sería breve y los padres volverían pronto. Pero el padre murió ese mismo año, la madre fue luego recluida y los niños permanecieron al cuidado de Margarita de Austria, hermana de Felipe el Hermoso, y bajo la tutela del emperador Maximiliano.

Leonor fue joven de gran belleza y cultura. En 1517, después de muerto Fernando el Católico, mientras su hermano Carlos preparaba el viaje a España, descubrió unas cartas de amor del conde del Palatinado, Federico II, dirigidas a su hermana; hizo jurar a ésta que no había mantenido relaciones con su pretendiente, esto es, que seguía estando disponible en el mercado matrimonial al servicio de la corona, y, por esta razón o porque realmente apreciara su compañía, se la llevó con él a España. Cuando llegaron a Tordesillas, donde la reina Juana permanecía encerrada, hacía once años que no veían a su madre y otro tanto de la muerte de su padre.

En 1519, atendiendo a los intereses familiares, casó con el rey Manuel I de Portugal, viudo de las hermanas de su madre Isabel y María. Era el rey hombre culto y protector de las artes pero poco agraciado, mucho mayor que ella y padre de ocho hijos. Aún tuvo dos más con la joven Leonor, un niño que murió al año de nacer y una hija, María, nacida el mismo año que moría su padre, en 1521.

Al quedar viuda Leonor vuelve con su hermano Carlos, dejando en Portugal a su hija de solo seis meses. Dos años después será prometida al noble francés Carlos de Borbón, compromiso que no prosperó. Su hermano la mantuvo a su lado, dispuesto a utilizarla como moneda de cambio en cuanto se presentara la oportunidad. Y la oportunidad se presentó tras la batalla de Pavía y a la firma del Tratado de Madrid (1526). Carlos I, que había derrotado a Francisco I de Francia y mantenía a sus hijos como rehenes, incluyó el compromiso del rey francés con su hermana Leonor entre las cláusulas del tratado de paz firmado en Madrid (1526). El rey francés se negó a reconocer la validez del matrimonio hasta 1529, con la firma de la Paz de Cambrai, también conocida como Tratado de las Damas pues fue conseguida por la intervención de dos mujeres realmente extraordinarias que además eran cuñadas: Luisa de Saboya, madre de Francisco, y Margarita de Austria, tía de Carlos y Leonor, como ya ha quedado dicho. Los años y los pesares habían hecho mella en la naturaleza de ésta, que se había convertido en una mujer enferma y deforme, afectada por una rara obesidad. Francisco I siempre vio su matrimonio como una imposición de su rival y no ahorró desprecio y sufrimientos a su mujer mientras mantenía relaciones con otras damas de la corte. Cuando en 1547 enviudó de nuevo, Leonor volvió con su hermano a Bruselas, donde se reúne con otra de sus hermanas, María, que también había enviudado.

En 1555 Carlos decide abdicar y retirarse a Yuste y sus dos hermanas le acompañan también. Leonor pide al rey de Portugal que permita a su hija María reunirse con ella a lo que Juan III accede pero la infanta reprocha a su madre el haberle abandonado en su infancia y se vuelve a la corte portuguesa. Para Leonor, muy delicada ya de salud, este será un golpe definitivo y muere el 18 de febrero de 1558. Su hermana María le seguirá ocho meses después. Ambas descansan en el panteón de infantes del monasterio del Escorial. El emperador Carlos muere el 21 de septiembre del mismo año. Terminaba así el paso por el mundo de aquellos hijos de Juana I y Felipe el Hermoso que habían quedado en Flandes cuando sus padres viajaron a España para ser coronados reyes de Castilla. Isabel, la cuarta de las hermanas, había fallecido en 1526. Les sobrevivieron Fernando y Catalina, los hermanos nacidos en España. El primero murió en 1564 y Catalina, la hija póstuma de Felipe, llegaría hasta 1578. Todos ellos fueron coronados y gestionaron el destino de Europa. Leonor fue reina de Portugal y de Francia. Joos van Cleef la pintó joven y hermosa y así puedes encontrarla en el Museo Lázaro Galdiano de Madrid y en el Museo de Artes Antiguas de Lisboa.

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