Lo que no se nombra no existe. Eso es así desde que el mundo es mundo. Rige para todos los acontecimientos pero os invito a hacer la prueba en cualquier museo, exposición o actividad cultural en la que aparezcan imágenes de mujer. Dejando de lado la tendencia de tantos artistas a observar a las mujeres desde su envoltorio desnudo tomando cualquier excusa como argumento, no son pocos los que utilizan a las mujeres como mero ornamento. Y por encima de todos ellos se suman los gestores culturales encargados de informar sobre el contenido de lo que se expone al público. Las cartelas de los museos son, con frecuencia, un puñetazo en los ojos y en la lógica. En el mejor de los casos, un desprecio a la realidad. He aquí una muestra de algunas cartelas de la exposición sobre Toulouse Lautrec y el espíritu de Montmartre de Caixaforum de Madrid.

Serie de lienzos con el título genérico de Mujer con abanico de manera.

Los hay que no distinguen entre los retratados: Dos amigos (Mujer y gato), reza la cartela de Adolphe Léon Willette

Algunos cuadros se identifican por su ubicación, la razón comercial u otras circunstancias: Folies Bergères, reza el primero; Chez Maxim’s, el segundo.

Otros, por la vestimenta o los complementos:

O por las razones más variopintas. He aquí una pequeña muestra:

De nuevo se comprueba que el desnudo da para casi todo y no siempre para bien:

De toda esta selección -obtenida en una sola exposición, dedicada a un pintor y a un barrio de París- solo uno de los cuadros en los que aparece una mujer permite intuir algo parecido a una cualidad positiva: La libertadora, de Theophile Alexandre Steinlen

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