Siendo este un sitio dedicado a las mujeres tantas veces olvidadas, hoy quiero hacer una alusión a aquellas que un día creyeron que habían conquistado la igualdad y los derechos que les eran reconocidos a los hombres y, de pronto, se vieron arrojadas a las tinieblas: las mujeres republicanas obligadas al exilio.

Estos días hemos hecho un pequeño recorrido por las abadías románicas del sur de Francia, entre las que ocupa un lugar destacado la de Lagrasse. De la primitiva fábrica levantada en el siglo IX apenas queda nada, pues la torre, lo más valioso del conjunto, es posterior. Pero la torre por si sola es invitación suficiente para animarnos a hacer una parada en este pueblo medieval del Languedoc.

Tan pronto como llegamos nos percatamos de que la torre está tapada por un andamiaje que la cubre totalmente. Resignados, posponemos la visita al resto de dependencias para el día siguiente porque cierran a las 5,30 de la tarde.

Al día siguiente, sábado, madrugamos para visitar el mercado local y a las 10 en punto nos disponemos a iniciar la visita, primero de la parte religiosa de la edificación y luego, de la parte laica. Porque en 1797 el gobierno de la Revolución nacionalizó la propiedad de la abadía cuando esta ya estaba decadente, hizo dos lotes y los subastó. Después de algunas vicisitudes, una parte permanece en manos municipales y laicas y en la otra se han asentado Les Chanoines Réguliers de la Mère de Dieu. Uno de estos monjes nos sale al encuentro. Queremos hacer la visita, dice el colega. No es posible, dice el chanoine. Mais, pourquoi?, insiste el colega. El monje dice algo sobre una función religiosa, nos dirige una mirada beatífica y cruza las manos en el regazo, quizá porque no tiene suficiente confianza con nosotros para echar mano a sus gónadas. A tomar po’lculo la visita, dice el colega entre dientes, igualando en finura al chanoine. Yo devuelvo la sonrisa beatífica al monje y con mi mejor acento castellano le digo: Demasiado poca me parece la desamortización.

Así, pues, con un poco de mala leche nos dirigimos a la parte laica donde nos atienden dos chicas muy profesionalmente. Quizá porque venimos de recorrer otras abadías en mejor estado, la de Lagrasse no nos llama demasiado la atención, excepto para constatar la sagacidad gala para saber vender bien cualquier cosa suya.

En el recorrido llegamos a una sala amplia dispuesta con sillas y el aparataje propio de una conferencia o similar. Sobre una mesa identifico un paquete de folletos que hablan de la retirada y el exilio español tras la guerra civil. En ese salón durante este fin de semana se reúnen escritores y fotógrafos para hablar sobre «este episodio dramático que ha marcado profundamente nuestro territorio occitano«, dice el folleto, sobre la fotografía de una mujer joven, que descansa, derrotada, sobre un mojón del camino.

Coincide que en estos días el Tribunal Supremo ha dictado un auto en el que blanquea la toma del poder por parte de Franco. Y pienso que esta mujer desconocida representa a los miles de mujeres y hombres que tuvieron que salir empujados por ese jefe de Estado levantado en armas contra la República que había jurado defender. No menos de 250.000 personas atravesaron la frontera y se refugiaron en Francia en los primeros meses de 1939, mientras Franco los privaba de la nacionalidad española, pero en España no se siente la necesidad de conocer y aclarar esa parte de nuestra historia, en la que todos salimos mal parados, aunque unos peor que otros. ¡Qué urgente resulta elaborar un relato común para cerrar las heridas de aquella guerra y qué poco interés demostramos!

Ignoramos qué fue de la mujer de la foto, poco sabemos de las mujeres anónimas que perdieron todo y tuvieron que empezar de cero en tierras extrañas. Me pregunto qué habrá sido de ella, de ellas…

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