El retrato de la señora Delicado de Imaz se utiliza como modelo expresivo del dominio de la técnica retratista del autor, Vicente López Portaña, tenido a veces como pintor lisonjero, no en este caso. La dama aparece adornada con rica vestimenta y cara joyería. Ni una ni otra pueden suplir la escasa belleza de la señora quien, consciente, sin duda, de ello, posa con donosura y un halo de tristeza en los ojos devolviendo la mirada al espectador.

Críticos y admiradores de la obra (1836) se han extendido en sus análisis sobre las calidades de los tejidos y las joyas, sobre su peinado a las tres potencias, sobre el posible hirsutismo de la dama, incluso sobre su edad, de unos cincuenta años, pero ninguno se ha molestado en hablar de la señora, identificada con el apellido Delicado de Imaz, probablemente el del marido. ¿Quién fue ella, cómo fue su vida? Nada se nos cuenta.

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