Es sabido que tradicionalmente el ámbito laboral se ha considerado territorio masculino; a las mujeres se les ha reservado únicamente aquellos segmentos que ellos despreciaban. Así sigue siendo hoy a pesar de los avances conseguidos. Lo que sí se ha logrado -refiriéndonos al mundo desarrollado europeo y a España concretamente- es eliminar en la práctica el trabajo infantil, que hasta ayer fue un hecho común. Hasta tal punto era así que en 1873 el gobierno promulgó La ley sobre el trabajo en los talleres y la instrucción en las escuelas de los niños obreros, conocida como la Ley Benot.

Pocos años después, Joan Planella i Rodriguez, pintor de ideas progresistas, plasmaba en un lienzo la situación: La niña obrera. En realidad, Planella pintó dos cuadros con el mismo tema y prácticamente idénticos, el primero (1882), de colores más claros y mayor tamaño, fue premiado con la tercera medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1884 y se expuso en la Exposición Universal de Barcelona de 1888; el segundo, de tonos más sobrios y mayor dramatismo (1885), es un lienzo pequeño, propiedad del Museo de Historia de Cataluña. Este se muestra en la sala Caixaforum de Madrid hasta el 11 de agosto como parte de la exposición Opera, pasión, poder y política.

Nada sabemos de la niña que trabaja, concentrada en el telar, excepto que las mujeres, incluso desde la infancia, aportaron su mano de obra en el desarrollo de la industria textil de la Cataluña decimonónica.

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