Juana de Arco es una figura omnipresente en Francia, de manera que rara es la iglesia que no tiene su propia imagen de la joven campesina que aseguró oír la voz de Dios ordenándola ponerse al mando del ejército francés para expulsar a los ingleses de Francia, la joven que consiguió que Carlos VII fuese coronado rey. Apresada por los borgoñones y entregada a los ingleses, fue condenada por herejía y quemada viva en la hoguera el 30 de mayo de 1431. El romanticismo del siglo XIX la recuperó como heroína nacional y en 1920 la iglesia católica la proclamó santa.

Henri Chapu la toma como modelo para esta escultura en mármol realizada en 1870-72, no como guerrera sino como campesina que oye las voces divinas. Para entonces Juana de Arco se había convertido en símbolo nacionalista para los franceses y su imagen fue reproducida hasta el infinito. Una pequeña muestra de este culto puede observarse en la siguiente galería: 

Nimes
Carcasone
Angulema
Isla de Re
Toulouse

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