Desnudo femenino ante la ventana, reza la cartela junto al óleo. El desnudo es el de Jacinta la pelirroja, el retrato de un amor frustrado: el de José Moreno Villa, artista polifacético, que lo mismo pintaba que escribía poemas, y una estudiante americana, a la que él bautizó con ese apodo. Tan enamorado estaba el pintor de la joven pelirroja que, cuando esta volvió a su país, él la siguió con el propósito de casarse con ella. Volvió triste y solo, decidido a plasmar en versos sus pesares. El resultado es un libro de poemas de clara influencia vanguardista: Jacinta la pelirroja. He aquí un ejemplo:

BAILARÉ CON JACINTA LA PELIRROJA

Eso es, bailaré con ella
el ritmo roto y negro
del jazz. Europa por América.
Pero hemos de bailar si se mueve la noria,
y cuando los mirlos se suban al chopo de la vecina
Porque, —esto es verdad—
rito exige su capilla.
¿No, Jacinta?
Oh, Jacinta, pelirroja, peli-peli-roja
pel-pel-peli-pelirrojiza.
Qué bonitos, qué bonitos, oh, qué bonitos
son, sí, son, tus dos, dos, dos, bajo las tiras
de dulce encaje hueso de Malinas.
Oh, Jacinta,
bien, bien mayor, bien supremo.
Ya tenemos el mirlo arriba,
y la noria del borriquillo, gira

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