Fue escritora, actriz, diplomática, periodista; la primera embajadora de España. Una persona brillante y polifacética, lo que no impide que haya sido condenada al olvido en su propio país.

Isabel nació en Málaga el 14 de junio de 1878, la tercera de siete hermanos en una familia burguesa y mixta. Su padre era católico y español, su madre, escocesa y protestante. Los hijos fueron educados en las creencias paternas, razón por la que Isabel permaneció interna en el colegio de la Asunción entre los siete y los catorce años. Desde la adolescencia dio muestras de independencia e inquietud. Durante las vacaciones con su familia materna en Escocia conoció a mujeres prestigiosas como la bailarina Ana Pavlova o la sufragista Eunice Murray y entró en contacto con los movimientos a favor del sufragio femenino y los derechos de las mujeres.

Tenía 20 años cuando actuó en una función organizada por Cruz Roja en el malagueño teatro Cervantes a beneficio de los soldados heridos en la guerra de Cuba. En Londres también conoció al actor Henry Irving cuyas conferencias tradujo. Más decisivo fue su encuentro con la actriz María Tubau y el dramaturgo y empresario teatral Ceferino Palencia, quien le ofreció un papel en su compañía. Contra la opinión familiar, en 1905 Isabel se trasladó a Madrid, acompañada de su madre -su padre ya había muerto-, debutando con la obra Pepita Tudó con el nombre artístico de Isabel Aranguren. Aunque abandonó la compañía al año siguiente, mantuvo su afición teatral. Entre 1918 y 1920 se encargó de las críticas teatrales del periódico El Sol de Madrid. En 1926 estrenó su obra Diálogo con el dolor en el teatro de cámara El Mirlo Blanco que dirigía Cipriano Rivas Cherif en la casa madrileña de los Baroja. La colaboración con este grupo se prolongó hasta 1930. Isabel, conocida familiarmente como Ella, se casó en 1909 con un hijo del matrimonio Palencia-Tubau, Ceferino, con quien tuvo dos hijos, Ceferino (1910) y María Isabel (1914).

Simultáneamente, con su hermana Ana y con Raimunda Avecilla fundó una revista femenina: La Dama y la Vida Ilustrada, que se publicó de 1907 a 1911; ejerció la corresponsalía de la agencia de noticias inglesa Laffan News Bureau y de los periódiscos londinenses The Standard y Daily Herald. A lo largo de su vida colaboró con los principales periódicos y revistas españolas: Blanco y Negro, El Heraldo, Nuevo Mundo, La Esfera o El Sol, donde firmaba sus Crónicas Femeninas como Beatriz Galindo. Todo ello mientras daba conferencias en España y en el extranjero sobre temas variopintos: la situación de la mujer, la República o la indumentaria popular.

Intervino en varias asociaciones feministas; en 1918, en la Asociación de Mujeres Españolas, de la que fue vicepresidenta; en 1926 fundó el Lyceum Club Femenino de Madrid donde coincidió con otras mujeres igualmente brillantes como Zenobia Camprubí, Carmen Juan, Victoria Kent o María de Maeztu, que reivindicaban los derechos de las mujeres, incluido el del voto. En 1930 fue la única mujer que participó en la Comisión permanente de la Esclavitud en la Sociedad de Naciones. En 1933 fue la primera mujer en obtener una plaza de inspectora de Trabajo. Militante socialista, comprometida lealmente con la República, desempeñó numerosos cargos, intervino ante la Liga de las Naciones y fue la primera embajadora española. En octubre de 1936 fue nombrada ministro plenipotenciario en la embajada española en Suecia, al tiempo que se le encomendaban otras funciones diplomáticas en la Sociedad de Naciones, en Estados Unidos y Canadá.

Nunca ha sido fácil ser pionera en ningún ámbito y tampoco lo fue para Isabel su llegada a Estocolmo. En primer lugar, porque se encontró que el anterior embajador -Alfonso Fiscowich- se había declarado partidario de los militares rebeldes y se había atrincherado en la legación, contraviniendo las órdenes del gobierno legal. Isabel se alojó en un hotel mientras se resolvía la situación tratando de que no trascendiera la actitud del diplomático rebelde y procurando reforzar la presencia de la República en el exterior. En segundo lugar, porque el protocolo de presentación de credenciales no había previsto el uniforme que debían vestir las mujeres para este acto solemne. La solución se la proporcionó Alexandra Kolontay, embajadora de la URSS también en Suecia, que había pasado por la misma situación: un traje negro y un pequeño sombrero para llegar bien peinada ante el rey por si el día salía ventoso. En diciembre de 1937 fue nombrada encargada de negocios en Finlandia. El 21 de marzo de 1939, cuando ya era evidente la derrota de la República y la mayoría de países europeos habían reconocido al gobierno rebelde, Isabel acudió al último acto oficial en el palacio real de Estocolmo; diez días después entregó las llaves y el inventario de la legación. Reunida la familia, partieron al exilio como tantos otros, estableciéndose en México. En 1947 fue delegada del gobierno de la República en la Conferencia de la Unesco.

Su actividad literaria, que continuó en el exilio, abarca obras sobre folklore y gastronomía, novelas, biografías y traducciones: El alma del niño, Ensayos de psicología infantil, El traje regional de España, Del diario comer, En mi hambre mandó yo. Diálogos con el dolor reúne nueve piezas teatrales y un cuento, publicado ya en México. Con todo, es en sus memorias donde Isabel Oyárzabal deja un retrato del tiempo que le tocó vivir. I must hace liberty (He de ser libre) es realmente una autobiografía. Está escrita en 1940, con la memoria reciente de la derrota, se centra en su vida de niña rebelde, de joven decidida, de adulta comprometida. Cinco años después escribirá Hambre de libertad. Memorias de una embajadora republicana, donde narra la memoria del exilio, como si quisiera justificar ante la historia la lucha de una generación, particularmente de aquellas mujeres que empeñaron todas sus energías e ilusiones en un proyecto que fue combatido y traicionado. Estas memorias no llegarían a España hasta 2011. Ella no volvió nunca. Murió el 28 de mayo de 1974. Sus restos descansan en el Panteón Español de México donde Isabel Oyarzábal es considerada una figura intelectual de primer orden.

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