Isabel de Braganza fue una mujer culta y amante de la cultura que tuvo la iniciativa de reunir las obras de arte propiedad de la monarquía española en un único lugar. Así nació el Museo del Prado, cuya inauguración, el 19 de noviembre de 1819, no llegó a ver porque había muerto un año antes.

El retrato póstumo que abre el comentario -y también la exposición conmemorativa del Prado- es obra realizada en 1829 por Bernardo López Piquer, hijo de Vicente López. 

La vida de este mujer es un compendio de desgracias. A los 19 años casó con Fernando VII, que era tío suyo, hombre dotado de escasas virtudes. Dio a luz una niña que murió a poco de nacer. Ella falleció durante el parto de su segunda hija cuando los médicos, creyéndola muerta, practicaron una cesárea en vivo. Se percataron de que vivía ante los gritos desgarradores de la reina. 

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