Invitadas

La pandemia del corona virus ha frustrado la apertura de una exposición en el Museo del Prado, prevista para el 31 de marzo. Una exposición dedicada a las mujeres con el confuso título de «Invitadas», que espera la llegada de tiempos mejores.

¿Invitadas? Explica el diccionario de la RAE que invitar es llamar a alguien para un convite o para asistir a algún acto; pagar el gasto que haga o haya hecho otra persona, por gentileza hacia ella; incitar, estimular a alguien a algo; instar cortésmente a alguien para que haga algo. En suma, invita quien es dueño de algo y, generosamente, está dispuesto a compartirlo con el invitado.

En la presentación de la muestra nonata, «realizada primordialmente con fondos del propio Museo del Prado«, se anuncia que esta tiene el propósito de abordar «el papel de la mujer en el sistema español de arte en el siglo XIX y los primeros años del siglo XX«, que permita «reconocer la imagen de la mujer que el Estado legitimó mediante premios, exposiciones y museos, así como el lugar que ocupaba en la sociedad«, así como exhibir «algunas de las obras de artes plásticas más importantes producidas por mujeres en la centuria antepasada en España«. Todo lo cual permitirá contemplar «un mapa básico sobre el papel subsidiario que el sistema concedió a las mujeres» así como «el camino, a veces épico, que algunas mujeres debieron recorrer hasta librarse de las ataduras impuestas a su género«.

Se ha querido ver en todo ello una especie de autocrítica del museo a la visión exclusivamente viril que ha mantenido a lo largo de su existencia y a la consecuente exclusión de las mujeres tanto en las obras que se muestran como en la gestión del propio museo. Puestos a hacer autocrítica el museo debería aclarar en virtud de qué poderes propios o conferidos se considera anfitrión de artistas que tienen el mismo derecho que sus pares a estar presentes. Tan invitado es Sánchez Coello o Pantoja de la Cruz como Sofonisba Anguissola, por señalar a artistas contemporáneos

Si el museo quiere hacer verdadera autocrítica podría empezar por redactar las cartelas de manera más respetuosa y, ya puestos, ponerse a investigar cuántas de sus obras supuestamente anónimas responden al trabajo de una mujer. Para no hablar de cuántas obras atribuidas a famosas firmas de distinguidos señores fueron realizadas por mujeres aún hoy olvidadas.

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