La catedral de Palencia conserva algunos tesoros artísticos y una tradición en la que confluyen tres mujeres: doña Urraca Alfonso, doña Inés de Osorio y su sirvienta, de identidad desconocida. Vayamos por partes.

Doña Urraca Alfonso Asturiana fue la primogénita de la muy abundante prole habida por Alfonso VII de León fuera y dentro del matrimonio, en este caso, fuera. Estaba el rey casado con Berenguela de Barcelona cuando hubo de acudir a Asturias a sofocar una de las frecuentes rebeliones de los nobles. Durante su estancia se alojó en la mansión de unos asturianos ilustres, con cuya hija, Gontrodo Pérez, tuvo una niña, nacida en 1132 y bautizada como Urraca Alfonso. Sea porque era su primera hija, sea porque se encaprichara de la criatura, el hecho es que Urraca fue encomendaba a la familia paterna y educada por la infanta Sancha Raimúndez.

Tenía la joven doce años cuando contrajo matrimonio con el rey García Ramírez de Pamplona, enlace celebrado con todo el boato de la corte, según se relata en Crónica del emperador Alfonso. Pero el rey pamplonés muere seis años después, en 1150, y Urraca vuelve a la corte. Su padre le encomienda el gobierno de Asturias con el título de reina y allí permanece hasta 1165, después de muerto su padre, Alfonso VII. En ese tiempo había vuelto a casarse, ahora con un rico hombre, Álvaro Rodríguez de Castro, con quien hizo un amago de independización de Asturias, que fue pronto desactivado por su hermanastro Fernando II, que ya era rey. Urraca murió en torno a 1189 y fue enterrada en la catedral románica de Palencia que entonces se estaba construyendo.

Cuando en el siglo XIV en Palencia se levanta una nueva catedral, ahora gótica, algunos de los restos románicos se reúnen en la llamada capilla del Sagrario. Y allí, en un alto del muro se sitúa el sepulcro de doña Urraca. Tan alto que, de no saber su ubicación, pasa desapercibido.

Inés de Osorio fue una noble hija de Juan Álvarez Osorio y hermana del obispo de Burgos Luis Osorio Acuña. La dama casó en primer lugar con Garci Alonso de Chaves, que fue contador de Enrique IV, y luego, con Álvaro de Bracamonte. Como no tuvo hijos y disponía de un patrimonio notable fue donando a la iglesia bienes y dinero con los que se construyó el crucero de la versión gótica de la catedral de Palencia, se hicieron treinta capas de damasco blanco y se compraron algunas piezas de plata para el servicio de la iglesia. Sus bienes raíces, incluido el señorío de Abarca, los legó a su sobrino Diego Osorio, que era hijo del obispo de Burgos.

Inés de Osorio fallece en Palencia el 20 de junio de 1492 y es enterrada en la capilla del Sagrario de la catedral, que antes de la ampliación fue capilla mayor y ahora es la que sirve de parroquia. Su sobrino Diego encarga a Alonso de Portillo la sepultura, con los escudos de los Osorio y los Dávila que también aparecen en las bóvedas del crucero. Portillo elabora una imagen yacente de madera policromada, en la que la dama aparece leyendo. A sus pies aparece sentada su criada, peinada con una coleta, con un rosario en las manos.

Es costumbre entre los palentinos “tirar de la coleta de doña Urraca” al tiempo que se pide un deseo, principalmente relacionado con las notas estudiantiles o con los asuntos sentimentales. La tradición confunde a las damas allí enterradas que nada tienen que ver entre sí y ni siquiera están juntas pues la efigie de esta última se asienta sobre el suelo del templo mientras que el sepulcro de doña Urraca pende del muro, como ya se ha contado. Y confunde, sobre todo, a la pobre criada que es quien sufre el tirón de coleta.

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