Isabel de Dinamarca

Esta Isabel de Dinamarca era la tercera de los hijos del matrimonio de Juana de Castilla y Felipe el Hermoso. Había nacido en Bruselas en 1501 y le fue impuesto el nombre de su abuela, la reina Católica. Fue por nacimiento infanta de Castilla y Aragón y archiduquesa de Austria; por matrimonio, reina de Dinamarca, Suecia y Noruega -la Unión Kalmar-, después de haber casado con Cristián II, el 12 de agosto de 1515.

Para entonces, el marido hacía varios años que mantenía una relación amorosa con Dyveke Willums, a cuya madre, Sigbrit, había confiado el gobierno de Dinamarca. Ni los consejos de su propia familia, ni las protestas del emperador Maximiliano, abuelo de Isabel, sirvieron para alejar a Dyveke de Cristián y viceversa. Solo la muerte de la joven Willums en 1517 -siempre se sospechó de la intervención de Maximiliano en el óbito- propició que el matrimonio reanudara la convivencia y, paralelamente, que el rey tuviera en cuenta los consejos de Isabel, en cuya familia el poder era su elemento natural. El matrimonio tuvo seis hijos.

El reinado de Cristián estuvo plagado de conflictos: en 1523 Suecia se rebeló contra lo que consideraban su tiranía. El mismo año se le sublevan en Dinamarca, rebelión encabezada por su propio tío, Federico, y expulsan a Cristián del reino. Cristián, Isabel y sus hijos son acogidos en los Países Bajos por la regente, Margarita de Austria, que había ejercido la tutela de los hijos de Juana y Felipe que quedaron en Flandes cuando sus padres fueron a coronarse reyes de Castilla. Recuérdese que salieron de Flandes en 1506 y no volvieron: Felipe porque falleció y Juana porque fue recluida por su padre en Tordesillas. Isabel tenía cinco años y no vio a sus padres nunca más.

Federico I había ofrecido a Isabel y a su prole permanecer en Dinamarca, a lo que ella respondió con una frase que se ha hecho leyenda: “Donde está mi rey, allí está mi reino“. Actitud que demostraría, una vez más, que las mujeres descendientes de Isabel la Católica, como ella misma, siempre fueron más leales a sus maridos que ellos a ellas. Isabel tampoco volvió nunca en vida a Dinamarca.

A los Países Bajos llegó ya enferma y a partir de entonces fue su salud fue empeorando lentamente hasta su muerte, el 19 de enero de 1526. Unos días antes, había escrito a su tía Margarita encomendándola el cuidado de su marido y sus hijos y pidiéndole apoyo para la recuperación de la corona danesa.

Como en la mayoría de los países europeos había un Habsburgo en el trono, puede decirse que toda Europa lloró su muerte. Fue enterrada en Gante y allí permaneció hasta 1883, cuando sus restos fueron trasladados a Dinamarca. Descansan junto a su esposo en la cripta real de la iglesia de San Canuto de Odense,

En cuanto a Cristián, efectivamente, consiguió el apoyo del emperador para invadir Dinamarca pero acabó prisionero de Federico y, finalmente, obligado a renunciar a sus derechos y a los de su descendencia sobre el trono danés. Vivió recluido en castillos del que había sido su reino hasta su muerte, en 1559.

Isabel tenía 23 años cuando fue retratada por Jacob Cornelisz van Oostsanen, en el cuadro que abre la página y que se encuentra en el museo Thyssen de Madrid.

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