Concha Espina, la Nobel que pudo haber sido

Durante el año 2017 y hasta marzo de 2018, una exposición en el Museo de Ciencias Naturales recordaba a algunas de las mujeres que recibieron el premio Nobel y a otras que, reuniendo méritos suficientes, quedaron fuera de la nómina de galardonadas. Entre estas últimas se mencionaba a Concha Espina, varias veces presentada al premio sueco en el apartado de Literatura. No fue su única exclusión.

María Concepción Rodríguez-Espina y García-Tagle, más conocida como Concha Espina, nació en Santander el 15 de abril de 1869, en una familia burguesa y acomodada. Estaba emparentada con la pintora María Blanchard. Todavía adolescente la familia se traslada a la casa de la abuela paterna en Mazcuerras, en la comarca del Saja, donde la niña empezará a escribir, aunque no publicará hasta 1888: unos versos en el periódico El Atlántico y con seudónimo. La utilización de nombres ficticios sería frecuente en sus colaboraciones: llegó a usar cinco seudónimos.

Tenía 24 años cuando contrajo matrimonio con Ramón de la Serna Cueto. La pareja se traslada a vivir a Chile, asentándose en Valparaíso, donde el marido tenía negocios. Allí nacieron los dos primeros hijos del matrimonio: Ramón y Víctor, que habría de ser periodista. Durante este tiempo, Concha colabora en algunos periódicos argentinos y chilenos. En 1898 la familia vuelve a España y se instala en Mazcuerras, donde nacerán José, muerto poco después, Josefina y Luis.

En 1903, Concha escribe Mujeres del Quijote y al año siguiente, un libro de poemas: Mis flores. En 1907 publica su primera novela La niña de Luzmela. Empieza a adquirir cierta notoriedad como escritora, lo que despierta los celos del marido. El matrimonio entra en una crisis irreversible. En 1909 el marido encuentra una salida profesiona en México, separándose de hecho, y ella se instala en Madrid con sus hijos. Durante años mantendrán el estatus hasta que en 1934 decide divorciarse. Concha estará representada en este trance por Clara Campoamor. Ramón fallecerá en 1937.

Su casa madrileña de la calle Goya se convertirá en un salón literario que reúne lo más granado de la burguesía ilustrada de los primeros años del siglo XX. En 1918 llega a estrenar El jayón, teatralización de un cuento suyo que solo tendrá cuatro representaciones pero que será convertida en ópera y estrenada en Río de Janeiro en 1929, titulada L’Innocente. En 1929 el Middlebury College (Vermont, Estados Unidos) la invita a hablar de su novela La virgen prudente.

En 1928 y en en 1941 será propuesta para académica de la RAE y rechazada reiteradamente. Peor lo tuvo frente al Nobel. Fue propuesta en nueve ocasiones y en tres llegó a ser candidata: en 1926, 1927 y 1928, por intelectuales de varios países, incluidos los españoles Jacinco Benavente, Gerardo Diego o Santiago Ramón y Cajal. El primer año perdió la votación por un solo voto, que fue a la escritora italiana Grazia Deledda. Es la española que más cerca estuvo del Nobel.

El levantamiento militar de 1936 la sorprende en Mazcuerras y allí permancerá durante toda la guerra civil. Entonces también empieza a perder la vista, es operada pero en 1940 se queda ciega, a pesar de lo cual siguió escribiendo hasta su muerte, ocurrida quince años después, el 19 de mayo de 1955.

Es una de las pocas escritoras que conoció el éxito en vida. La mayoría de sus obras tuvieron una excelente acogida popular y buenas críticas. La Real Academia le concedió sendos premios en 1914 y 1924 por sus novelas La esfinge maragata y Tierras de Aquilón, aunque a los académicos ni se les ocurrió que reunía méritos suficientes para formar parte de la Docta Casa. En 1924 obtuvo también el Premio Nacional de Literatura por Altar Mayor. Fue declarada hija predilecta de Santander y a la inauguración del monumento erigido en los Jardines de Pereda de la ciudad, obra de Victorio Macho, asistió el propio rey Alfonso XIII. En 1938 en nombrada miembro de honor de la Academia de Artes y Letras de Nueva York, también fue vicepresidenta de la Hispanic Society. En 1948 el pueblo de Mazcuerras aprobó el cambio oficial de nombre por el de Luzmela, en homenaje a su novela homónima, ocasión en la que le fue impuesta la banda de la Orden de Alfonso X el Sabio. En 1950 se le concedió la medalla de oro al Mérito en el Trabajo. En 1970 la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre emitió un sello con su efigie. Varias de sus novelas –La esfinge maragata, Altar mayor, La niña de Luzmela, Dulce nombre- serían llevadas al cine.

Espina es, además, la matriarca de una saga de periodistas que se inicia en su hijo Víctor de la Serna y Espina, continúa con Victor y Jesús de la Serna y Répide y llega, de momento, a Victor de la Serna y Arenillas. Su hija Josefina de la Serna casó con el músico Regino Sáinz de la Maza, padres de Carmen y Paloma de la Maza, actriz y escritora, respectivamente.

Concha Espina escribió incansablemente hasta el último día de su vida. Mantuvo sus colaboraciones literarias con periódicos españoles e hispanoamericanos, fue poeta y dramaturga, pero donde destacó especialmente fue con sus novelas y cuentos. Aunque su obra ha quedado relegada en las últimas décadas y ni siquiera aparece entre las escritoras de la Generación de 1998, su memoria permanece. En Torrelavega, un teatro lleva su nombre. En Madrid, una amplia y larga calle y una estación de metro.

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2 thoughts on “Concha Espina, la Nobel que pudo haber sido

  1. Tengo que reconocer quenno sabía nada de ella. Tampoco he leído nada suyo, vosa que habrá que remediar.

    Un beso

  2. me ha encantado tu post!
    a Concha Espina sólo la he leído en antologías de poetisas… habrá que buscar sus novelas…
    ya te contaré cuando lea sus prosas…
    un abrazo!

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