Zenobia Camprubí, la sombra del poeta

Zenobia Camprubí es un ejemplo de abnegación amorosa hasta el punto de anular la propia personalidad. La mujer moderna, liberada, culta y abierta que parecía destinada a escribir sus propias páginas optó por dedicar su vida al poeta Juan Ramón Jiménez, a quien amaba.

Zenobia nació en Malgrat de Mar el 31 de agosto de 1887, en una acomodada familia. Su madre, Isabel Aymar, era hija de un comerciante americano y de una corsa radicada en Puerto Rico. Madre y abuela habían estudiado en colegios americanos y tenían una formación muy superior a la media de las mujeres de la época; ellas fueron quienes educaron a Zenobia niña, la iniciaron en la lectura y en el dominio de las lenguas. El padre, Raimundo Camprubí, era ingeniero de minas, de origen catalán. Los padres se conocieron en Puerto Rico, donde él dirigía la construcción de una carretera, se casaron en 1879 y tuvieron cuatro hijos, tres chicos y Zenobia. La joven dio muestra desde niña de un carácter decidido. Antes de cumplir los trece años había creado con su amiga María Muntadas una sociedad que llamaron Las Abejas Industriosas; se dedicaban a coser ropa para los pobres. También desde muy joven viajó a Estados Unidos y a Suiza, por razones familiares. En uno de esos viajes a Suiza, en 1903, acude a una consulta ginecológica, donde le diagnostican un fibroma uterino sin tratamiento.

En 1901, la revista juvenil neoyorquina Saint Nicholas publica un cuento suyo, titulado Una escapada milagrosa; también escribe un relato sobre sus veraneos en la costa, Malgrat. Cuando por razones del trabajo paterno la familia se traslada a Valencia continúa escribiendo y consigue un premio literario de la revista neoyorquina por su relato When grandmother went to school (Cuando mi abuela iba a la escuela).

En 1905 el matrimonio Camprubí se separa y Zenobia se traslada a Estados Unidos con su madre. Su vida cambia radicalmente, viaja, hace una intensa vida social, lee, escribe, estudia -historia, latín, literatura, música-. Henry Shattuck, abogado y amigo de la familia, empieza a cortejarla. Es y será siempre el candidato favorito de su madre. En 1908 se matricula en la Universidad de Columbia para estudiar literatura inglesa y composición y entra en contacto con el feminismo americano. Pero al año siguiente, sus padres se reconcilian y Zenobia y su madre vuelven a España y se instalan en La Rábida, pues su padre trabaja entonces en el puerto de Huelva. La joven improvisa en su casa una escuela para dar clase a una veintena de niños. En 1910 la familia se instala en Madrid y Zenobia viaja de nuevo a Estados Unidos, donde publica algunos artículos en revistas de aquel país.

De nuevo en Madrid, en 1912, se implica en proyectos culturales relacionándose sobre todo con americanos, y conoce a Susan Huntington, directora del Instituto Internacional de Señoritas. Un año después llega a España Henry Shattuck con el propósito de proponer matrimonio a Zenobia pero la relación se rompe definitivamente, quedando como amigos. Ella había conocido a Juan Ramón Jiménez, quien ya entonces tenía fama de arisco y neurótico. Se encontraron en una conferencia de Bartolomé Cossío en uno de los cursos organizados por la Junta para la Ampliación de Estudios e Investigaciones en la Residencia de Estudiantes. Él se le declaró inmediatamente y durante un tiempo se cartearon, él con la seriedad que le era propia, ella, con un tono más burlón. La relación se complica por la oposición de la madre y hasta 1915 no será oficial. Shattuck no se casó nunca, fue el albacea familiar y el administrador de los bienes de Zenobia y Juan Ramón, incluso después de la muerte de Camprubí.

  

En 1914, Zenobia incluye un poema de Juan Ramón como prólogo de la tradución de The Crescent Moon (Luna creciente) de Tagore. También tradujo a E. Allan Poe, Ezra Pound o Shakespeare, entre otros autores. Ella traducía el texto al español y él le daba forma poética. Su madre no ve con buenos ojos la relación del poeta con Zenobia y en 1915 viajan ambas a Nueva York. En febrero de 1916 el poeta se presenta en la ciudad y el 2 de marzo se casan. Viajan por la costa este de los Estados Unidos y el 7 de junio vuelven a España, acompañados de Isabel Aymar.

Zenobia traduce y publica la obra de Tagore, a la que Juan Ramón prologa con sus propios versos. Emprende pequeños negocios y trabajos para mantener la economía familiar: decora y alquila casas para los viajeros americanos. En colaboración con Katherine Bourland, María de Maeztu y Rafaela Ortega y Gasset funda también la asociación La Enfermera a domicilio, con el propósito de atender la salud y cuidar gratuitamente a familias obreras. También colaboró con otros grupos de parecida tendencia: El ropero de Santa Rita, La visita domiciliaria o El Comité Femenino de Higiene Popular. Con Isabel Muñoz fundó una sociedad para exportar artesanía española a América y con María Goyri y María de Maeztu fundo el Comité para la concesión de becas a mujeres españolas en el extranjero, del que será secretaria hasta 1936.

En abril de 1920 se estrena la obra de Tagore El Cartero del Rey, traducida y adaptada por Zenobia, que se representó durante tres días. Luego, traduce Jinetes hacia el mar de John M. Synge, que se representa en el Ateneo de Madrid, y La hermana mayor, de Tagore. Cuando en 1926 se funda una de las primeras asociaciones de mujeres en España, el Lyceum Club Femenino Español, María de Maeztu será elegida presidenta y Zenobia, secretaria. En 1928 Zenobia inaugura en Madrid una tienda de venta de artesanía española y decora el primer parador nacional, en la Sierra de Gredos. Más tarde decorará también el parador de Ifach, en Calpe.

Además de las secciones culturales e internacionales, el Lyceum hizo una meritoria acción social, fundando La Casa del Niño, una guardería modelo para niños de dos a cinco años, ayudado por las socias del Lyceum y enfermeras diplomadas. Todas ellas fueron sañudamente atacadas por la prensa y desde los púlpitos por no encomendar los niños a una orden religiosa.

En 1931 detectan a Zenobia un tumor, ella se somete a un tratamiento intensivo de radiación pero se niega a operarse. Poco después el matrimonio es protagonista involuntario de un drama. Marga Gil Roesset, artista precoz, escritora, ilustradora y escultora, admiradora de Zenobia por su traducción de la obra de Tagore, acude al domicilio familiar para esculpir un busto de Camprubí pero se enamora de Juan Ramón y, conociendo que su amor es imposible, se suicida. Dejó su diario al poeta, declarándole su amor, y otros escritos dirigidos a Zenobia. No consta que el poeta alentara el enamoramiento de la escultora pero es cierto que era hombre enamoradizo y que, lejos de agradecer el confort que le proporcionaba, frecuentemente trataba con displicencia las innumerables iniciativas de Camprubí con las que trataba de obtener ingresos para el mantenimiento común.

Cuando se produce el levantamiento militar de 1936 Juan Ramón y Zenobia colaboran en el cuidado de los niños huérfanos de guerra y acogen en su casa a doce de estos niños. En agosto cruzan la frontera de La Junquera y pocos días después embarcan en Cherburgo con destino a Nueva York. Comienza así un exilio que los llevará a Cuba, Buenos Aires y Puerto Rico. En la Universidad de Puerto Rico trabajará Zenobia como profesora. Se estrena con una conferencia sobre La mujer española en la vida de su país. Durante 1937 y 1938 permanecen en Cuba y en enero de 1939 se trasladan a Nueva York para instalarse finalmente en Miami (La Florida). En los Diarios de Zenobia se aprecia la dureza de esos años. Al término de la guerra civil española el piso madrileño de la pareja, que había sido respetado por los republicanos, es saqueado y se pierden todos sus objetos y documentos personales. En 1943 dejan Miami y se instalan en Washington, donde Zenobia es contratada por la Universidad de Maryland como profesora en el Departamento de Historia y Cultura Europeas. La depresión de Juan Ramón se agrava y tiene que ser internado repetidamente. En 1945 la pareja compra una casa en Riverdale, donde ambos dan clase.

En 1948 viajan durante tres meses por Argentina y Uruguay donde Jiménez pronuncia una docena de conferencias. En 1950 las crisis nerviosas de Juan Ramón aconsejan viajar a Puerto Rico para proporcionarle un ambiente sosegado en un entorno de habla hispana que facilite la creación poética; en 1951 Zenobia viaja a Boston para ser operada de cáncer por el doctor Meigs, tenido como una eminencia en la materia. “Yo me voy creyendo que esta operación alargará mi vida. Si no fuera así no me habría ido. Perdóname todas mis exaltaciones de última hora. Yo estaba deshecha por dentro y estaba tratando de hacerme fuerte. Si te contesté que en el peor caso prefería que me dejasen allí es porque el cuerpo no vale nada ni soy yo. Mi alma está siempre contigo”, escribirá a Juan Ramón. Como este no soporta la vida en Estados Unidos, Zenobia renuncia a la vida intelectual que disfrutaba en Boston y también al tratamiento que necesitaría si la enfermedad se reproduce y vuelve junto al poeta. En la Universidad de Puerto Rico hace traducciones de folletos de divulgación y mecanografía el trabajo de Juan Ramón. En 1954 publica en la revista Américas Juan Ramón y yo, un relato autobiográfico.

Zenobia vista por Sorolla

En 1953 se reproduce el cáncer. En 1956 sufre una recaída, se somete a un nuevo tratamiento de radiación que le produce graves quemaduras. Viaja a Boston con intención de operarse de nuevo pero ya es demasiado tarde, el mismo doctor Meigs le confirma que le quedan meses de vida. Retorna a Puerto Rico, donde el 25 de octubre puede dar a Juan Ramón la noticia de que le ha sido concedido el premio Nobel. Esas y las recomendaciones a su sobrino sobre el cuidado del poeta serán sus últimas palabras. Zenobia muere el 28 de octubre de ese año. El poeta morirá dos años después. Ambos descansan en el cementerio de Moguer.

Además de las traducciones de Rabindranath Tagore, que dieron a conocer en castellano la obra del autor bengalí, Zenobia escribió sus Diarios, tres tomos en los que relata cómo era la vida en España, en Cuba y en Estados Unidos en la primera mitad del siglo XX, desde la perspectiva de una mujer inteligente, combativa, elegante, alegre y progresista que luchó por los derechos de las mujeres, que se enamoró de un poeta misántropo, melancólico y depresivo, tenido como un genio, y dedicó el resto de su vida a cuidarlo y protegerlo. Cuando se analiza y ensalza la obra de Juan Ramón con frecuencia se olvida que si pudo realizarla sin tener que atender a las inquietudes cotidianas fue por la generosidad, dedicación y competencia de quien le entregó su amor y le procuró el sosiego que él necesitaba: Zenobia Camprubí.

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