Marie Curie, la primera Nobel

Marie Curie es la única mujer que pudo considerar el premio Nobel como un asunto familiar. Ella fue la primera mujer en recibirlo en 1903, en aquella ocasión compartido con su marido y con Henri Becquerel. Es, además, la única mujer en haber recibido un segundo Nobel, concedido en 1911 por su descubrimiento de los elementos radio y polonio. Y, finalmente, en 1935 su hija Irene recibía el galardón instituido por Alfred Nobel, compartido con su marido Federic Joliot “por su síntesis de nuevos elementos radiactivos”. 

Fue abriendo camino durante toda su vida, incluso después de muerta: la primera mujer catedrática titular en la Universidad de París y la primera en ser sepultada en el Panteón de París por méritos propios. Nada de ello lo tuvo fácil. Hubo de luchar contra la carencia de medios de su infancia, contra su condición de extranjera y de judía. Y, sobre todo, contra su condición de mujer.

María Salomea Sklodowska, su verdadero nombre, había nacido el 7 de noviembre de 1867 en Varsovia, entonces bajo dominio ruso, en una familia nacionalista polaca. Tuvo dificultades para acceder a una formación académica por su condición de mujer. En 1891 viaja a París, donde ya estaba su hermana mayor. En 1893 se licencia en Física y un año después, en Matemáticas. Por entonces, la facultad de Ciencias contaba con 776 estudiantes, de las que solo 27 eran mujeres.

En 1894 la Sociedad para el Fomento de la Industria Nacional le encomienda la investigación de las propiedades magnéticas y conoce a Pierre Curie, que impartía clases en la Escuela Superior de Física y de Química Industriales de París. Su común interés por la investigación acabó en matrimonio en julio de 1895. De acuerdo con su marido, Marie eligió para su tesis doctoral estudiar la naturaleza de las radiaciones del uranio, que había descubierto Henri Becquerel, relacionadas a su vez con los rayos X, descubiertos poco antes por Wilhelm Röntgen.

En 1897 daba a luz a su hija Irene, quien seguiría el camino de sus padres. Sus investigaciones se realizaban en condiciones precarias, manejando grandes cantidades de materiales radiactivos, cuyos efectos dañinos eran aún desconocidos. En 1898, Marie y Pierre Curie dan a conocer el descubrimiento de dos nuevos elementos: el polonio -llamado así en homenaje al país natal de Marie- y el radio. El mismo año la investigadora detecta una inflamación de las yemas de los dedos, que se diagnostica como enfermedad de los rayos. El matrimonio atraviesa un periodo de intensa actividad investigadora. Los numerosos trabajos publicados en aquellos años anuncian ya que el radio es capaz de destruir las células tumorosas más rápidamente que las células sanas. Los Curie optaron por no patentar sus descubrimientos, cediendo a la ciencia los beneficios que pudieran derivarse de ellos.

En 1900 Pierre es nombrado catedrático de la Universidad de París; Marie, catedrática de la Escuela Normal Superior. En 1903 se doctora cum laude con una tesis sobre las sustancias radiactivas, dirigida por Becquerel. La Academia francesa de Ciencias financia las investigaciones de Marie pero se niega a elegirla académica y cuando el matrimonio es invitado por el máximo organismo científico británico a exponer sus hallazgos sobre la radiactividad, sólo habla Pierre, a ella se le impide intervenir por su condición femenina, aunque luego, su disertación será traducida a cinco idiomas.

En 1903 la Academia de Ciencias de Suecia concede a los Curie y a Henri Becquerel el premio Nobel de Física, “en reconocimiento a los extraordinarios servicios prestados con sus investigaciones conjuntas sobre los fenómenos de la radiación”. Era el tercer año que se concedían los Nobel y la primera vez que se otorgaba a una mujer. En realidad, la intención de la Academia sueca fue premiar únicamente a Pierre y a Henri pero cuando alguien alertó a Curie del nombramiento este advirtió que no lo aceptaría si no se reconocía también la aportación de Marie. Aparte del nombramiento oficial los reconocimientos efectivos siempre fueron mayores para Pierre -cátedra, remuneración- que para ella, en parte por ser mujer y en parte por ser polaca.

En 1904 el matrimonio tuvo una segunda hija, Eve. Estudió ciencias y filosofía, se dedicó a la música, al periodismo y a las causas humanitarias. Escribió una biografía sobre su madre, Madame Curie, que tuvo un gran éxito. Fue cofundadora y codirectora del periódico Paris-Presse. Se casó con Henry Labouisse, que era presidente de Unicef, quien en 1956 recogió el premio Nobel de la Paz que le fue concedido a la organización. Verdaderamente, una distinción familiar para los Curie.

Pierre murió el 19 de abril de 1906, atropellado por un coche de caballos, dejando a Marie sumida en una depresión. La Universidad de París le ofreció la cátedra de Física destinada a su marido, que ella aceptó, convirtiéndose en la primera catedrática y la primera en dirigir un laboratorio en la Universidad de parisina, que a partir de entonces, quedó abierta a la contratación de mujeres.

El reconocimiento que le fue ofrecido internacionalmente le fue regateado en Francia. Fue elegida miembro de las Academias de Ciencias checa, polaca, sueca, rusa o estadounidense, pero no de la francesa. Solo en 1922 fue admitida en la Academia Nacional de Medicina. Frecuentemente fue atacada por las instancias científicas oficiales, dominadas por hombres. La prensa conservadora de la época la atacó cruelmente por su condición de mujer, extranjera y atea pero sospechosa de ser judía, acusaciones que subieron de tono cuando se supo que en 1910 Marie había tenido una breve relación amorosa con Paul Langevin, antiguo alumno de Pierre, quien se encontraba separado de su mujer. La prensa atizó el escándalo, tildando a Marie de “rompehogares judía y extranjera”, olvidando la implicación de Langevin en la relación. En suma, como suele ocurrir cuando se trata de una mujer, la atención se centró en su vida personal y afectiva más que en su actividad investigadora y científica.

En 1911 la Academia de Ciencias de Suecia le concedía el premio Nobel de Química, esta vez a ella sola, “en reconocimiento por sus servicios en el avance de la química y por el descubrimiento de los elementos radio y polonio, el aislamiento del radio y el estudio de la naturaleza y compuestos de este elemento”. Era la primera persona en recibir este premio por duplicado y aún hoy, es la única mujer en haber sido doblemente premiada.

Durante la primera guerra mundial creó un servicio de ambulancias equipadas con radiografía -que fueron conocidas como las pequeñas Curie– con las que los médicos que operaban en el frente llegaron a tratar a un millón de soldados heridos.

Luchó contra la precariedad económica para llevar a cabo las costosas investigaciones en las que se había enfrascado, que ni siquiera el reconocimiento internacional proporcionado por el Nobel pudo paliar. Aportó sus medios propios, incluido el importe del premio sueco, y, cuando ya era consciente del deterioro de su salud, viajó incansablemente en busca de financiación, siempre interesada en crear equipos y estructuras científicas estables, como el Instituto del Radio, creado por el Instituto Pasteur y la Universidad de París, convertido en uno de los primeros centros de investigación del radio, que habría de dar cuatro nuevos premios Nobel, entre ellos el que en 1935 recibieron su hija Irene y su yerno, Frederic Joliot (ambos decidieron fusionar sus apellidos en Joliot-Curie). Actualmente, el Instituto Curie es uno de los centros de referencia en la investigación sobre biología molecular y oncología.

Su proverbial modestia le impidió admitir alguna de las distinciones y los honores que le ofrecían en el extranjero pero no pudo evitar convertirse en un referente científico. La unidad de radiactividad -el curio (CI)- fue bautizado así en memoria de los Curie, Pierre y Marie, y también el curio (CM), un nuevo elemento de la tabla periódica. A ellos se remiten igualmente la curita, sklodowskita y la cuprosklodowskita. Desde 2007 una estación de la línea 7 del metro de París lleva el nombre de Pierre y Marie Curie, también una de las universidades de la capital francesa. Incluso un cráter lunar tomó el apellido de soltera de Marie, Sklodowska. Albert Einstein dijo de ella que fue la única científica que no se corrompió por la fama.

Murió en 1934 a causa de una leucemia, seguramente relacionada con su exposición a la radiactividad. Fue enterrada en el cementerio de Sceaux, cerca de París, junto a su marido, hasta que en 1995 los restos de ambos fueron trasladados al Panteón de París. Fue la primera mujer en descansar por méritos propios en el lugar donde reposan las glorias francesas. Aunque justo el reconocimiento era innecesario a esas alturas. Marie Curie ya había conquistado por derecho propio un puesto en la historia universal de los avances científicos.

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