Germana de Foix, virreina

Germana de Foix es un ejemplo de lucha contra corriente y de aprovechamiento de oportunidades. Allí donde la puso la vida, allí que trató de sacar provecho o, cuando menos, de no dejarse aplastar por las circunstancias.

Germana había nacido en Foix (Francia) en 1488, hija de Juan de Foix y de María de Orleans, hermana del rey de Francia, Luis XII. A la muerte de sus padres se traslada al palacio real donde es educada bajo la tutela de su tío, el rey. Contaba apenas 18 años cuando en 1505 Luis XII hace las paces con Fernando el Católico. La guinda del II Tratado de Blois era el matrimonio del rey de Aragón con Germana. La reina Católica había muerto el año anterior y Fernando estaba empeñado en tener un hijo varón a quien transmitir el reino de Aragón, su dominio patrimonial. El rey francés había cedido a Germana sus derechos dinásticos en Nápoles y el título de rey de Jerusalen, que revertirían a la corona francesa en caso de que el nuevo matrimonio no tuviera descendencia. Germana era un peón más en los intereses reales. Para que no queden dudas del escaso ímpetu romántico que impulsa a Fernando, éste firma ante notario que le mueven a casarse únicamente motivos políticos y que los derechos sobre Nápoles que se le reconocían mediante el enlace, en caso de morir él primero pasarían a ser patrimonio de la corona de Aragón y no a la viuda.

El 18 de marzo de 1506 se celebraron en Dueñas (Palencia) las velaciones de la pareja. Joven y bella, según la mayoría de los cronistas, Germana se encontró con un novio viejo y poco atractivo -Fernando había llegado a los 54 años muy trabajado- en una corte dominada por el clero donde todo era sospechoso de pecado. La novia fue muy mal recibida en Castilla, porque aún estaba reciente el recuerdo de la reina Católica, porque los castellanos entendieron que Fernando pretendía desposeer a su hija Juana y a su yerno Felipe de Austria de la corona de Aragón y porque su alegría y desparpajo eran vistos con suspicacia en la austera y ascética corte castellana. Ese desparpajo de Germana dio lugar a malentendidos, que Fernando cortó sin miramiento. Encarceló en Simancas al vicecanciller de Aragón, Antonio Agustín, “por haber requerido amores de la reina Germana”. Tres años después del enlace, la reina daba a luz en Valladolid a un hijo varón, que recibió el mismo nombre, Juan, de quien fue heredero de los Reyes Católicos. Su nacimiento suponía la separación de los reinos que se habían unido con el matrimonio de Isabel y Fernando pero el niño murió el mismo día.

El rey no se desalentó y, pasados los 60 años, seguía empecinado en procrear por todos los medios al alcance de la ciencia de la época, que no fueron suficientes y además empeoraron su ya delicada salud. Pedro Mártir de Anglería, cronista real, refiere que tomaba “ciertos manjares para excitar el apetito venéreo”, probablemente cantárida. Se cuenta que Germana mandó preparar un guiso de testículos de toro que le sirvió al rey. Fernando enferma gravemente y morirá el 23 de enero de 1516 sin haber conseguido un nuevo heredero. Conocedor del poco aprecio de que Germana goza en los reinos hispanos, el Rey Católico pide a su nieto Carlos que la ayude y socorra porque “no le queda, después de Dios, para su remedio sino solo vos”.

Cuando Carlos llega a Castilla tiene 17 años y Germana 29, ambos se sienten extranjeros en sus reinos, él ni siquiera habla castellano pero puede hablar en francés con Germana. Se encuentran en Valladolid donde el príncipe agasaja, organiza torneos en honor de su abuelastra y busca sus consejos. La relación se va haciendo más estrecha y al año siguiente Germana da a luz una niña, que recibe en el bautismo el nombre de Isabel y a la que se le da tratamiento de infanta de Castilla. Carlos, efectivamente, siempre protegerá a la reina viuda. Para acallar los rumores que suscita esta relación, en 1519 concierta su matrimonio con un caballero flamenco de su séquito, Juan de Brandenburgo-Ansbach, a quien nombra capitán general del reino de Valencia, de donde Germana es virreina y ejercerá el poder con rigor, especialmente con ocasión del levantamiento de germanía, movimiento que persiguió con tanta o más saña de lo que fue el de los comuneros, llegando a firmar más de 800 sentencias de muertes.

En 1525 muere Juan de Brandeburgo y Carlos dispone un nuevo matrimonio de Juana con Fernando de Aragón, duque de Calabria. El enlace se celebra el 13 de mayo de 1526 en Sevilla y son sus padrinos el emperador Carlos y su esposa, Isabel. La pareja recibe el virreinato de Valencia, donde Germana ha instalado su propia corte y con el apoyo del duque de Calabria promoverán en la ciudad la cultura renacentista, trayendo músicos y poetas y alentando el embellecimiento de la capital.

La joven bella y alegre que llegó a Castilla con 18 años se ha convertido en una mujer obesa, que se mueve con dificultad. Tenía 49 años cuando murió en Liria el 15 de octubre de 1536, en una masía propiedad de los monjes jerónimos (jerónimo será también el monasterio donde muera Carlos, en Yuste, 1558), según recuerda una lápida de la época:En este histórico monasterio a la sazón de los monjes Jerónimos falleció 15 de octubre de 1536 siendo Reina Gobernadora de Valencia Germana de Foix esposa que fue del rey D. Fernando el Católico Marquesa de Brandemburgo y Duquesa de Calabria. Cien clérigos con antorchas acompañaron sus restos mortales hasta Valencia, donde reposan en el Monasterio de S. Miguel de los Reyes. In memoria scripsit».

Germana dejaba en su testamento “aquel hilo de perlas gruesas de nuestra persona, que es el mejor que tenemos, en el qual ay ciento y treynta tres perlas, a la sereníssima doña Ysabel, ynfanta de Castilla, hija de la Maj. del Emperador, mi señor e hijo”. Tras la muerte de Germana, el duque de Calabria escribió a la emperatriz Isabel enviándole copia del testamento “porque vea V. Mag. el legado de las perlas que dexa a la serma. Infanta, doña Ysabel, su hija. V. Mag. mandará screuirme si es servida que se le embien con hombre propio, o si será servida embiar por ellas, o lo que más fuere de su servicio”.

Descansar junto a su tercer marino en un monasterio jerónimo fue la última voluntad de Germana y a ello se dedicó su viudo. Como entonces la orden jerónima no tenía ningún convento en Valencia, sobre el monasterio cisterciense de Sant Bernat de Rascanya se proyectó un convento jerónimo según planos de Alonso de Covarrubias y Juan de Vidaña, el de San Miguel de los Reyes. Las obras comenzaron en 1548, pero el duque murió en 1550 y su palacio fue saqueado perdiéndose el importante legado que había dejado para su construcción. Cuando se reanudaron las obras el proyecto recortó sus expectativas tomando como modelo el monasterio de El Escorial, a menor escala. Por fin, en 1648 se instalaron los mausoleos de mármol de los duques de Calabria, Germana y Fernando, a uno y otro lado del altar. Las obras continuaron hasta el siglo XVIII y los restos se enterraron en la cripta en 1804.

En 1821, el gobierno liberal expulsa a los jerónimos y el edificio se convierte en Casa de Beneficencia y Corrección. Dos años después vuelven los monjes hasta que en 1835 la desamortización los expulsa definitivamente y el monasterio pasa a propiedad del Estado. Los bienes que se habían librado del expolio de las tropas napoleónicas fueron trasladados al Museo de Bellas Artes de Valencia y los libros -incluída la biblioteca del duque de Calabria-, a la biblioteca de la Universidad.

Durante parte de los siglos XIX y XX los muros del monasterio de San Miguel de los Reyes se convertirán, sucesivamente, en asilo, cárcel de mujeres y presidio, con las demoliciones y reconstrucciones que las distintas funciones requerían. En 1962 el edificio es adquirido por el ayuntamiento y la diputación de Valencia y se utiliza como colegio público, al que se de el nombre de Reina Germana. En los últimos años del siglo XX el viejo y malhadado monasterio fue totalmente rehabilitado identificando sus tres etapas: los restos del convento cisterciense, la obra jerónima y la utilización como penal. Actualmente es utilizado como sede de la Biblioteca Valenciana. 

Una tradición sostiene que cada 29 de septiembre, festividad de San Miguel, a las 9 y media de la mañana un rayo de luz cruza la ventana de la cripta e ilumina el pavimento. La sombra que proyecta la cruz de la verja de la ventana señala el lugar donde permanecen los restos de Germana de Foix, que fue reina de Aragón, marquesa de Brandenburgo, duquesa de Calabria y virreina de Valencia.

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