Isabel Barreto, la almiranta

Isabel Barreto fue una mujer singular, la primera almirante en la historia de la navegación española.

Se cree que nació en Pontevedra, miembro de una familia portuguesa. Algunos historiadores indican que era nieta de Francisco Barreto, marinero, gobernador de la India portuguesa, que le habría inculcado su amor a la navegación; otros, que era hija de Nuño Rodríguez Barreto, conquistador del Perú, y de Mariana de Castro. Tuvo tres hermanos y otras tantas hermanas. Cuando Isabel era aún niña la familia se trasladó al Perú, probablemente como parte del séquito del virrey de Nueva Castilla, García Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete, y su esposa Teresa de Castro. Allí casó en 1585 con el adelantado Álvaro de Mendaña, leonés, famoso pero arruinado navegante y explorador, que superaba los cuarenta años, quien hizo una buena boda al casarse con una dama joven culta, rica y bien relacionada.

Isabel consigue financiación del virrey y en 1595 Mendaña puede organizar una expedición para poblar las Islas Salomón, que él mismo había descubierto en 1568. Doscientos ochenta marineros y hombres de guerra y dos centenares de pasajeros con sus esposas y esclavos se distribuyen en cuatro buques. Isabel, aficionada a viajar, decide acompañar a su marido y se embarca junto con sus tres hermanos.

Integran la flotilla la fragata Santa Catalina, la galeota San Felipe, y los galeones Santa Isabel, como nave almirante y San Gerónimo, nave capitana, dirigida por el capitán, piloto mayor y cronista portugués Fernández Quirós, enfrentado a Isabel, a la que acusará de dominante y mal carácter.

La expedición descubrirá en su itinerario las Islas Marquesas, que toman el nombre del marqués de Cañete, financiador de la empresa. Mendaña funda una colonia en la Isla de Santa Cruz, en el archipiélago de las Salomón, donde enferma de malaria. Antes de morir, con la autoridad conferida por el rey, nombra almirante de la expedición a su cuñado Lorenzo Barreto y gobernadora en tierra a su esposa. Poco después muere también el hermano. Isabel toma el mando de la empresa como adelantada (almirante) de la mar océana. Era la primera vez que una mujer ostentaba semejante título.

Ser mandados por una mujer no es lo que esperan los expedicionarios. Los soldados se dedican a hostigar a los indígenas, matan a su líder y provocan la rebelión de la población. Isabel pone rumbo a Filipinas. Tampoco la navegación fue fácil. A la pérdida del buque Santa Isabel, ocurrida en el viaje hacia isla de Santa Cruz, antes de terminar el año habrá que añadir la del San Felipe y Santa Catalina. Solo el San Gerónimo consigue llegar a Manila el 11 de febrero de 1596 al mando de Fernández de Quirós. Las relaciones entre el capitán y su almiranta han sido y serán un rosario de problemas. Fernández de Quirós describirá a Isabel como una mujer déspota y cruel, capaz de mandar a la horca a quienes desatendieran sus órdenes, y caprichosa, insensible a las necesidades de la tripulación, permitiendo que pasaran sed y hambre, mientras ella guardaba los víveres o utilizaba el agua dulce para lavar su ropa.

De la expedición solo conocemos lo que contó Fernández de Quirós. Nunca sabremos si el retrato se ajusta a la realidad o responde al cliché construido por un hombre que observa cómo una mujer le priva de la autoridad a la que cree tener derecho. En todo caso, cualquier almirante o capitán de la época hubiera mandado a la horca a los marineros sublevados. Isabel fue una mujer de carácter, una almiranta, y eso, que en un hombre es visto como una virtud, en una mujer se considera un grave defecto. Una dominante. Meses después de la muerte de su primer esposo, Isabel se casa en Filipinas con el general Fernando de Castro, caballero de la Orden de Santiago. Juntos organizaron una nueva expedición que les llevó a México (Acapulco) y Argentina (Guanaco), donde Isabel tenía una encomienda. Más tarde volvieron a Perú, donde se cree que murió Isabel en 1612 y que fue enterrada en Castrovirreyna.

Fernández de Quirós había vuelto a España y conseguido autorización de Felipe III para evangelizar las Islas Salomón y la anulación del título que Maraña había otorgado a Isabel. Algunos historiadores creen que Isabel Barreto volvió también a España a reclamar sus derechos sobre las Salomón y que murió en Galicia. Son detalles irrelevante en la biografía de una pionera: la primera almiranta de España.

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