Mencía Calderón, la Adelantada

Mencía nació en Medellín (Badajoz) alrededor de 1514, hija de Alonso García y Ana de Ocampo. Poco se conoce de ella antes de su matrimonio en 1535 con el viudo Juan de Sanabria, nombrado adelantado real del Río de la Plata, fallecido cuando se disponía a embarcar hacia el continente americano. El adelantado era el funcionario mayor que llevaba a cabo la empresa encomendada por los reyes y bajo su servicio. El nombramiento a favor de Juan de Sanabria, fechado el 22 de junio de 1549, implicaba el compromiso de armar una flota de al menos seis barcos con doncellas hidalgas, de sangre limpia, sin ascendientes judíos ni moros ni conversos, para poblar las tierras descubiertas, que deberían asentarse en dos nuevas ciudades en las costas del Río de la Plata. El traslado de estas jóvenes respondía al propósito real de “mejorar la sangre” de la población establecida en los territorios conquistados, hasta entonces mayoritariamente mestiza. Para muchas de las familias extremeñas, hidalgas pero pobres, sin medios para dotas a sus hijas, esta era la única posibilidad de casar a sus hijas con nobles españoles, verosímilmente enriquecidos en la conquista.

Como el nombramiento se había hecho para dos generaciones Mencía hizo que el título pasase a su hijastro Diego de Sanabria, joven de unos dieciesiete años. Aunque de este cargo estaban excluidas las mujeres, ella obtuvo autorización del Consejo de Indias para dirigir la expedición y asumió como propia la empresa encomendada: llevar las primeras mujeres hidalgas con las que crear la nueva aristocracia americana. De esta manera Mencía pasó a ser La Adelantada. De acuerdo con el Consejo de Indias, ella zarparía en primer lugar mientras Diego ultimaba los preparativos en tierra y partiría diez meses después. La expedición, distribuida en tres naves -el patache San Miguel, la carabela Asunción y la nao San Juan– al mando de los capitanes Alonso de Salazar y Hernando de Trejo, zarpó del puerto de Sanlúcar de Barrameda el 10 de enero de 1550. Viajaban en ellas tres centenares de personas, Mencía de Calderón y sus hijas María, Mencía y Francisca. 

La flotilla sufrió tempestades, naufragios. que empujaron los barcos a las peligrosas costas del golfo de Guinea, donde fueron atacados corsarios franceses, y cuanta desgracia puede ocurrir en alta mar, incluida la pérdida de la nao, pero en diciembre de 1550 consiguió arribar a las costas brasileñas, lejos de su destino.

Las mujeres contribuyeron a mejorar las condiciones del viaje, cosieron las velas, cocinaron y participaron en los trabajos a bordo y en tierra. Mencía tuvo que aplicarse en apaciguar las diferencias suscitadas entre los capitanes, que a punto estuvo de dar al traste con el proyecto. No pudo evitar que Salazar tomara su propia ruta. Tampoco, que algunos de los oficiales y funcionarios que componían la expedición se reservaran para sí las mujeres que consideraron de su agrado, incluidas las hijas de la Adelantada, mermando mucho la oferta destinada a los colonos españoles. Se cree que una de las víctimas del viaje fue Francisca Sanabria, una de las hijas de Mencía. 

Desde la costa brasileña la Adelantada mandó varias expediciones al Río de la Plata pidiendo ayuda. Entretanto, siguiendo las instrucciones del Consejo de Indias fundó en Brasil la ciudad de San Francisco, que tuvieron que abandonar por los ataques de los indígenas. Como los socorros no llegaban Mencía dio orden de marchar hacia Asunción. Si dura fue la travesía marítima no menos resultó alcanzar la ciudad de Asunción. Mencía y sus acompañantes tuvieron que recorrer 1.600 kilómetros a través de la selva para llegar a la ciudad en octubre de 1555, seis años después de haber salido de España. Alcanzaron sus destino medio centenar de personas, la mitad de ellas mujeres. Algunas de las que viajaban para encontrarse con los maridos que habían partido años atrás a la conquista de las tierras descubiertas los encontraron rodeados de una prole mestiza habida con las mujeres indígenas.  

Tampoco a Diego de Sanabria le había ido mejor. Después de la partida de la expedición dirigida por Mencía tardó dos años en armar tres barcos y reclutar dos centenares de soldados de apoyo al proyecto. Tanto había tardado que cuando llegó a Brasil, después de perder uno de los barcos, supo que el rey había revocado el nombramiento, designando para sustituirle a Diego Martínez de Irala. Volvió de nuevo a España para reclamar sus derechos sin conseguir ser oído. Decepcionado y arruinado, volvió a América y desapareció antes de llegar a su destino. Hay quien cree que se perdió en la selva y fue devorado por los caníbales; otras versiones sostienen que se olvidó de Paraguay, se estableció en Potosí y allí se quedó.

Al llegar a Asunción Mencía supo que ya no era Adelantada, pero Martínez de Irala, gobernador de la ciudad, distribuyó privilegios y encomiendas entre ella y su familia. La Adelantada permaneció en el Nuevo Mundo, donde se cree que murió a edad muy avanzada. En 1564 escribió un breve informe sobre las peripecias que había vivido para cumplir el mandato que se le había encomendado.

María de Sanabria, que había casado con Hernando de Trejo, enviudó y se casó con Martín Suárez de Toledo. Cumpliendo el mandato real, la pareja tuvo abundante prole. Uno de los ocho hijos sería el primer gobernador nacido en Paraguay: Hernando Arias de Saavedra, conocido como Hernandarias.

La Adelantada y las mujeres que, como ella, participaron en la colonización de América no han recibido el reconocimiento que sí han obtenido sus compañeros varones. Ellas fueron quienes llevaron libros, simientes, aperos y animales vivos que permitieron impulsar la agricultura y la ganadería.

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