Sofonisba Anguissola y la historia oficial

El Museo del Prado es la primera pinacoteca de España y una de las primeras del mundo. Sus fondos pictóricos rondan los ocho mil cuadros, de los que 1.150 cuelgan en sus paredes para la contemplación y disfrute del público. Ahí está la historia toda de la pintura universal, desde los frescos de la ermita de la Vera Cruz de Maderuelo a los flamencos, las escuelas de pintura de España, de Italia, de Fra Angelico a Velázquez, de Goya a Tiziano, de Rubens al Greco, todos están en sus salas. Y entre tanto varón solo una pintora, Sofonisba Anguissola – a quien Miguel Ángel o Van Dick consideraban como una de las grandes figuras del Renacimiento Italiano-; entre los ocho millares, solo cuatro lienzos firmados por una mujer. ¿A nadie le parece extraño que en una muestra exhaustiva de la pintura universal estén tan poco representadas las mujeres?

Si preguntas te dirán que en el pasado las mujeres apenas tenían presencia en las bellas artes, obligadas a la reclusión en el ámbito privado. Pero tú sabes que hubo mujeres, excepciones pero hubo, que descollaron en la pintura sin que apenas nos haya llegado su obra o nos haya llegado atribuida a varones contemporáneos suyos.

Sofonisba Anguissola nació en Cremona en 1532, la mayor de siete hermanos, seis de ellos mujeres. Su padre, un hombre del Renacimiento, alentó a las hijas a dedicarse a la pintura y ella fue quien más lejos llegó en este propósito. Viajó a Roma –conoció a Miguel Ángel y a Vassari- a Milán y a Madrid, donde fue pintora de la corte y dama de compañía de Isabel de Valois, esposa de Felipe II.

La pintora fue una mujer vitalista que tuvo una vida novelesca, más aún para una mujer de su época. «La vida está llena de sorpresas; intento capturar estos preciosos momentos con los ojos bien abiertos», dejó dicho. En 1570, cuando ya contaba 30 años, Felipe II le concede una dote y le arregla la boda con un hijo del Príncipe de Paterno, virrey de Sicilia. El marido moriría en 1979. En un viaje a Cremona Sofonisba se enamora del capitán del barco, Orazio Lomellino, más joven que ella, con el que se casa en 1980.

La pareja se instala en Génova. Gracias a la fortuna del marido y a la pensión que le ha concedido Felipe II, Sofonisba se dedica a la pintura y al dibujo y organiza su propio estudio. Fue famosa, se codeó con muchos colegas coetáneos y creó escuela entre los pintores jóvenes. Murió a los 93 años, aclamada y respetada. «A Sofonisba, mi mujer …. quien es recordada entre las mujeres ilustres del mundo, destacando en retratar las imágenes del hombre … Orazio Lomellino, apenado por la pérdida de su gran amor, en 1632, dedicó este pequeño tributo a tan gran mujer», escribió el apenado marido.

Medio centenar de obras que cuelgan en galerías italianas, en Budapest y en Madrid ha sido pintadas por Sofonisba, sin ninguna duda. El Museo Lázaro Galdiano muestra también un Retrato de dama joven de la pintora y el Prado conserva cuatro lienzos, que no siempre están colgados. Se dice que su retrato de Isabel de Valois con una piel de marta cibelina fue el más copiado en España, incluso por Rubens. Pintó a Felipe II en la majestad de su madura juventud y es, quizá, uno de los retratos más piadosos con el rey.

Como en Madrid trabajó con Sánchez Coello, con frecuencia, sus obras se atribuyen a este pintor. Muchos críticos sostienen que es suya La dama del armiño, tradicionalmente atribuida al Greco. Me pregunto cuántas obras admiramos en los museos atribuidas a caballeros con el ego bien retribuido que en verdad fueron realizadas por mujeres olvidadas por la historia oficial.

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