Concepción Arenal

Concepción Arenal Ponte nació en 1820 y murió 73 años después. Quiso licenciarse en Derecho y para poder asistir a clase hubo de disfrazarse de hombre pero fue descubierta y, aunque después de superar un examen se le permitió asistir de oyente en condiciones casi vergonzantes, nunca pudo licenciarse porque entonces los estudios superiores aún les estaban vedados a las mujeres. También tuvo que vestirse como si fuera hombre para poder participar en tertulias políticas y literarias, contando para ello con la complicidad de su marido. Escribió profusamente sobre los derechos de las mujeres y criticó las teorías que atribuían a las mujeres una inferioridad basada en razones biológicas. Su obra se inscribe en el catolicismo social. Frecuentó los ambientes intelectuales krausistas -fue amiga y colaboradora de Gertrudis Gómez de Avellaneda, Fernando de Castro, Salustiano Olózaga, la condesa de Espoz y Mina, Francisco Giner de los Ríos y Gumersindo Azcárate- y defendió la necesidad de que las mujeres accedieran a la misma formación que los hombres; escribió en el boletín de la Institución Libre de Enseñanza y es considerada como una de las pioneras del movimiento feminista.

Tenía 28 años cuando se casó con Fernando García, abogado y escritor, hombre progresista y avanzado para la época, a quien había conocido en la universidad y con quien tuvo tres hijos; enviudó nueve años después. Se traslada a Cantabria donde colabora con Jesús de Monasterio, músico, presidente de las Conferencias de San Vicente de Paúl de ayuda a los pobres. Escribió entonces La beneficencia, la filantropía y la caridad, obra que presenta a un concurso convocado por la Academia de Ciencias Morales y Políticas, con el nombre de su hijo, niño de 10 años. A pesar del escándalo suscitado por la forma de presentarla su obra fue premiada, siendo la primera mujer en ser distinguida por la Academia. También fue la primera mujer nombrada visitadora de cárceles de mujeres y después inspectora de Casas de Corrección de Mujeres, experiencias sobre las que luego escribió ampliamente. De esa época es su frase más conocida: Odia al delito y compadece al delincuente.

Fundó una empresa dedicada a la construcción de casas baratas para obreros y la agencia española de Cruz Roja del Socorro para atender a los heridos de las guerras carlistas. Durante el reinado de Amadeo de Saboya (1870-1873) colaboró muy activamente con la reina María Victoria en sus actividades benéficas; después, actuó como intermediaria en la distribución de donativos enviados por la reina derrocada.

Murió en Vigo el 4 de febrero de 1893. En su tumba mandó grabar el lema que inspiró su vida: A la virtud, a una vida, a la ciencia.

En Madrid lleva su nombre una calle céntrica pero corta que comunica la Gran Vía con la calle Desengaño. En 1934, con asistencia del presidente de la República, Alcalá Zamora, se inauguraba en el parque del Oeste un grupo escultórico en su memoria. Sobre un pedestal de granito, aparece sentada la figura de Concepción Arenal, cubierta con una toga y con un libro en la mano. A la derecha, esculpidos en la misma piedra, un anciano y un niño abrazados y un personaje armado con espada. A la izquierda, una figura en bronce con la mano alzada en juramento, que simboliza la justicia. “Concepción Arenal. 1820-1893. Amó la ciencia y consoló el dolor. Monumento erigido por suscripción popular. 1934”, reza en el frontal.

El lugar donde se levantó el memorial fue zona de guerra durante la contienda civil por lo que el monumento, el parque y cuanto se encontraba en él fueron destruidos o dañados. En la parte posterior de la escultura se pueden apreciar las señales de la guerra. Al terminar esta el monumento fue restaurado por el escultor José María de Palma Burgos y el arquitecto Pedro Muguruza. Se reinauguró en 1955 en la confluencia de los paseos de Pintor Rosales y Moret, lugar de muy hermosos atardeceres.

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