Toda, una política en el siglo X

Toda vino al mundo hacia el año 876, hija de Aznar Sánchez y Onneca Fortúnez, de ahí que se le conozca como Toda Aznar o Aznárez aunque es más conocida como Toda de Navarra, de donde fue reina. Casó con Sancho Garcés I, con quien tuvo a siete hijos a los que utilizó para asentar la influencia del pequeño reino mediante una red de alianzas matrimoniales. Mujer inteligente y enérgica, con una visión política adelantada a su tiempo, tuvo una intervención decisiva en casi todos los acontecimientos de su época.

A la muerte de su marido ejerció la regencia en nombre de su hijo García Sánchez, todavía un niño, y siguió gobernando cuando alcanzó la mayoría de edad. Al tiempo, intervino en los asuntos del reino de León, defendiendo los derechos de su nieto Sancho I el Craso. Así, casó sucesivamente a su hija Sancha con Ordoño II, a Oneca con Alfonso IV, luego, a Urraca con Ramiro II, todos ellos reyes de León. Viuda de Ordoño, Sancha volvió a casarse con el conde Álvaro Herraméliz de Álava y luego con el conde Fernán González de Castilla. Cuando murió Ramiro II conspiró para colocar en el trono a su nieto Sancho, hijo de Urraca, frente a Ordoño III, hijo habido por el rey difunto en su primer matrimonio. Aunque reinó entre los años 956 a 958, Sancho era objeto de burlas y menosprecio y acabó destronado, refugiándose en Navarra con su abuela.

Este Sancho tenía una afición desmesurada por la comida lo que le llevó a un proceso de obesidad que le impedía hacer una vida normal. Más de doscientos kilos dicen las crónicas que pesaba el mozo cuando fue a cobijarse con doña Toda. Convencida de que nadie tomaría en serio a quien era apodado el Craso o Gordo pero decidida a que el nieto recuperara el trono leonés, la abuela, que ya era octogenaria, atravesó la península de Navarra a Córdoba para presentarse en la corte de Abderramán III, con quien estaba emparentada, con el fin de que el médico de la corte curara al nieto derrocado. Era este médico Hasday ibn Saprut, judío culto que también ejercía tareas diplomáticas, quien sometió al joven a una dieta draconiana; durante cuarenta días le alimentó únicamente con infusiones, hasta recuperar un peso razonable y, de paso, el trono leonés. Bien es verdad que para este segundo objetivo contó con el apoyo del ejército del califato, perdiendo a cambio no solo kilos, también algunas plazas estratégicas en la frontera del Duero.

La expedición a Córdoba es la última iniciativa de la reina Toda de la que se tiene noticia. Moriría en torno al año 970. En el monasterio de Suso, un sencillo sarcófago se reclama como su sepultura. Una mujer que entendió y ejerció la política en el siglo X.

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