En, la primera pintora española

Como es habitual tratándose del tiempo que le tocó vivir poco se sabe de ella salvo que es la primera pintora española de la que se tiene noticia, quizá incluso de Europa, y hasta su mismo nombre ha estado en discusión. En depintrix et D(e)i aiutrix fr(a)ter Emeterius et pr(e)s(bite)r, constata el Beato de Gerona, que se guarda en la catedral de la ciudad. Esto es, En, pintora y ayudante de Dios, Emeterio, hermano y sacerdote. Sin embargo, hasta que la historiadora María Rosa Ferrer Dalgá vino a demostrar que entre En y depentrix había un espacio imperceptible era conocida, aunque poco, como Ende.

De lo que no cabe duda es que fue persona principal y de gran valía como artista pues no era normal -por inusual- que una mujer iluminara los códices manuscritos del Apocalipsis de San Juan, conocidos como “beatos” porque fue Beato de Liébana quien realizó el primero del que los 34 que se conservan son copia. Nuestra En no solo iluminó el Beato de Gerona sino que lo hizo con especial maestría hasta el punto de que su nombre sigue al abad Dominicus, patrocinador de la obra, y precede al de su compañero Emeterio, también miniaturista, y era norma que los nombres de los artífices aparecieran en estos documentos por orden de importancia.

En vivió en el siglo X y, probablemente, en el entorno del monasterio de Tábara, donde existía un importante scriptorum o taller amanuense, en el que ejercía su magisterio Magius, considerado como “el Picasso del siglo X”, de quien En y Emeterio eran discípulos. De Tábara salió el Beato de Gerona. Se cree que pudo haber sido comprado por el conde Ramón Berenguer I para su esposa Almodis de la Marca, o bien por la propia condesa, quien lo cedió a su albacea, el canónigo Joan, y éste a la catedral. El códice contiene 114 ilustraciones y otras muchas miniaturas de estilo mozárabe y está considerado como uno de los más innovadores y extraordinario entre los que se conocen.

Es sabido que desde el siglo VIII hay monjas que se dedican a copiar e iluminar documentos; lo que ha llevado a la conclusión de que En podía ser una monja que trabajara en el scriptorum de Tábara -que llegó a tener seiscientos monjes de ambos sexos y que acabó arrasado por Almanzor- pero John Williams, la mayor eminencia actual en el conocimiento de los códices medievales, apunta que bien pudo tratarse de una noble leonesa pues en esta época se consolidaba en León el infantado formado por mujeres de la familia real que no querían casarse y tampoco profesar en religión, que disponían de sus propios bienes y los administraban a su gusto y conveniencia; mujeres por lo general cultas y con inquietudes intelectuales, mecenas de artistas o artistas ellas mismas.

Aquí tenemos, pues, a otra pionera, una mujer artista, pintora destacada. Ignorada como tantas de sus compañeras.

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