Indecencia: dícese de la falta de decencia o de modestia; dicho o hecho vituperable o vergonzoso.

Ocurría en la misa dominical de una, liturgia social más que religiosa en mi lejana infancia. Esa hora era la elegida por lo más granado de la sociedad local, ellas y ellos vestidos con sus mejores ropajes. Acudió aquel día a misa una pareja recién instalada en la ciudad, ambos guapos, especialmente ella, lo que entonces se consideraba una mujer despampanante, que lucía una vestimenta alegre y veraniega.

Llegada la homilía el sacerdote subió al púlpito y, desde la privilegiada perspectiva que conceden las alturas, dedicó una larga filípica a la indecencia de las mujeres que osaban salir a la calle -incluso acudir a misa- con vestidos descotados que provocaban a los hombres y las condenarían a ellas al fuego del infierno. Las palabras del cura fueron de tal realismo que incluso una niña de pueblo entendió cabalmente que la recién llegada no se libraba de la maldición divina y de las calderas de Pedro Botero. Al acabar la misa no se hablaba de otra cosa que del escote de la forastera.

Entre los asistentes se encontraban aquellos que explotaban o mal pagaban a los trabajadores, los que aprovechaban la afinidad con el régimen para enriquecerse obscenamente, los que habían hecho fortuna con el estraperlo. A ninguno de ellos se refirió el cura cuando habló de indecencia.

Hoy se ha hecho pública la sentencia sobre financiación ilegal de uno de los partidos independentistas que han servido de soporte a casi todos los gobiernos de la etapa democrática que siguió a la muerte de Franco. Simultáneamente, se iniciaba el juicio por la financiación irregular del Partido Popular en la Comunidad Valenciana. Un partido y otro llevan décadas gobernando con la bendición del clero -que reclama el voto para estas formaciones sin ningún tipo de disimulo- en sus respectivas comunidades.

Los empresarios que financiaron la corrupción -quienes revirtieron los sobornos en los presupuestos de las obras que les fueron adjudicadas- han salido indemnes por haber prescrito los delitos. Los dirigentes de ambos partidos llevan décadas echando balones fuera cuando se habla de corrupción. Todos parecen olvidar que el dinero empleado para corromper se detrajo de la inversión pública o incrementó los precios de esta-. A la fiscalía ni se le ha pasado por la cabeza ilegalizar a ninguno de los dos partidos.

Me he acordado de la homilía del cura de mi pueblo. La Conferencia Episcopal -teórica protectora de la moral religiosa- no ha dicho ni media palabra sobre la corrupción de sus protegidos pero lanza venablos contra la libertad de las mujeres. Se diría que en España la decencia tiene que ver exclusivamente con la parte de piel que enseñan las mujeres.

 

 

 

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