Giulia Lama fue pintora y modelo, poetisa, matemática e inventora. Su nombre concita todos los tópicos que la cultura machista ha ido desarrollando a lo largo de los siglos, incluido el de atribuir a un hombre la obra realizada por una mujer.

Retrato de G. Lama, obra de Piazzetta

Lama nació en Venecia el 1 de octubre de 1681. Su primer maestro fue su propio padre, el pintor Agostino Lama. Pronto amplió su formación junto a su amigo de la infancia Giambattista Piazzetta, especialido en pintura religiosa. El primero de los tópicos de que fue víctima Giulia Lama aparece en esta relación, presentando a ambos como maestro y discípula cuando realmente fueron compañeros y se influyeron mutuamente. Piazzetta firmó un retrato de Giulia que puede contemplarse en el museo Thyssen de Madrid.

Como era buena pintora, además de matemática, poeta, fabricante de encajes e inventora, sus contemporáneos se vieron en la necesidad de resaltar que era poco agraciada. “Es tan fea como inteligente, pero habla con gracia, por lo que fácilmente perdona su rostro”, admitirá Antonio Conti, escritor, filósofo, físico, historiador y matemático contemporáneo suyo también. De nuevo el tópico sobre la imposible conjugación de belleza e inteligencia cuando se trata de mujeres.

Conti señala que Lama “pinta mejor que Rosalba Carriera” -una pintora también veneciana-, que trabaja en obras de gran formato cuyas figuras están llenas de poesía “porque esta mujer es excelente tanto en el arte como en la pintura, y me encuentro en sus poemas las virtudes de Petrarca”. En la misma carta, que Conti dirige a la marquesa de Caylus, escritora francesa, refiere que Lama está ideando una máquina para realizar las medias de encaje.

Susana y los viejos, obra de Piazzetta

Nada de ello le impidió seguir estudiando, dibujando y pintando y tener éxito a pesar de la oposición de los pintores de su época, que la veían como una invasora de su espacio. Más todavía cuando descubrieron que era capaz de pintar desnudos femeninos y masculinos, algo que consideraban reservado a la exclusiva competencia de los hombres. ¿Cómo se podía consentir que una mujer contemplara el cuerpo desnudo de un hombre?, protestaban escandalizados. Cultivó una pintura tenebrista, violenta y poco académica, al estilo de Tiépolo. En Venecia se conservan tres retablos suyos. El museo del Prado guarda uno de los muchos dibujos a lápiz y carboncillo que se le atribuyen y la galería de los Uffici de Florencia muestra su autorretrato, obra que encabeza este comentario. Posiblemente, Giulia sirvió de modelo a Piazzetta para el cuadro de Susana y los viejos.

Se sabe que vivía en 1753 pero no se conoce la fecha de su muerte. Su recuerdo fue cuidadosamente borrado y durante siglos buena parte de la obra de Giulia Lama ha sido atribuida a pintores como el mismo Piazzetta, Maggioto, Capella o Zurbarán. El redescubrimiento de Lama ha obligado a reasignar algunas de las obras atribuidas a estos pintores. Lo que no deja de ser otro de los tópicos de que son víctimas las mujeres que, como ella, han destacado en alguna actividad.

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