Su vida es más novelesca que sus novelas. Fue una mujer inteligente, brillante, autónoma. Rompió todos los esquemas de las mujeres de su época y desafió las convenciones de su tiempo. Escribió poesía, narrativa, teatro. La Academia de la Lengua rechazó su ingreso pero, al contrario que la de muchos de los académicos coetáneos, la obra de Gertrudis Gómez de Avellaneda sigue estando vigente.

Llegó al mundo en Camagüey, en la Cuba colonial, el 23 de marzo de 1814, hija primogénita del matrimonio de Manuel Gómez de Avellaneda, oficial naval, y Francisca de Arteaga. El padre murió cuando ella tenía nueve años y la madre volvió a casarse con otro militar español, Gaspar de Escalada, con quien Beatriz no acaba de congeniar. Cuando la niña, conocida familiarmente como Tula, tiene 13 años el abuelo materno la compromete con un pariente lejano rico; a los 15 años ella rompe el compromiso, se niega a casarse y el abuelo la deshereda.

Tiene 22 años cuando la familia decide liquidar sus propiedades en la isla y trasladarse a España. En el barco que los aleja de la isla escribe Al partir, versos que expresan su desgarramiento existencial, un soneto considerado antológico. ¡Perla del mar! ¡Estrella de Occidente! / ¡Hermosa Cuba! Tu brillante cielo / la noche cubre con su opaco velo / como cubre el dolor mi triste frente. / ¡Voy a partir! La chusma diligente, / para arrancarme del nativo suelo / las velas iza, y pronto a su desvelo / la brisa acude de tu zona ardiente. / ¡Adios, patria feliz, edén querido! / ¡Doquier que el hado en su furor me impela, / tu dulce nombre halagará mi oído! / ¿Adios!… Ya cruje la turgente vela… / El ancla se alza… el buque, estremecido, / las olas corte y silencioso vuela.

En 1841 publicó con el seudónimo de La Peregrina una novela -Sab- tenida como la primera novela antiesclavista (La cabaña del Tío Tom se publicará once años después). Iniciaba así una amplia producción narrativa que la llevaría a ser considerada figura destacada en el romanticismo y una de las precursoras de la novela hispanoamericana, adelantada del feminismo por el tratamiento dado a sus personajes femeninos. Otro tanto puede decirse de su producción teatral, entre la que Baltasar es considerada una obra maestra del romanticismo.

Y ello, a pesar de que tuvo que ir contra corriente. Al llegar a España, la familia se instala durante un tiempo en La Coruña. Beatriz se ennovia con un joven, hijo del capitán general de Galicia, mientras se dedica a escribir poesía. La relación se romperá porque el joven consideraba inadecuada una novia que escribiera versos.

Beatriz y su hermano Manuel se trasladan a Andalucía. Ella frecuentará los círculos literarios donde entablará amistad con Manuel Cañete, crítico y periodista, y con Alberto Lista, poeta, periodista y matemático, quienes le ayudarán a publicar sus versos en la prensa sevillana y gaditana, todavía con el seudónimo de La Peregrina, que le proporcionarán cierta fama. En Sevilla estrenará en 1840 su primer drama, Leoncia. Poco antes había conocido a Ignacio de Cepeda, estudiante de Leyes a punto de licenciarse, con quien vivió una relación apasionada y tormentosa, como se desprende de la abundante correspondencia cruzada entre los amantes, publicada a la muerte de Cepeda por instancias de su viuda, María de Córdova. Beatriz escribió a su amor una autobiografía que, junto con la correspondencia, se conserva en la Real Academia Sevillana de Buenas Letras.

Rota la relación, a finales de 1840 Beatriz se traslada a Madrid, donde enseguida se ganará el respeto y la admiración de los intelecturales del momento -Alberto Lista, Juan Nicasio Gallego, Manuel Quintana, José Zorrilla- y seguirá publicando poesía y novela. A este tiempo corresponden Poesías, las novelas Sab, Dos mujeres -donde defiende el divorcio cuando la relación se ha roto- Espatolino –denuncia del sistema penitenciario-; y la obra teatral Alfonso Munio, que le valdrá un éxito total.

La escritora se enamora por entonces de Gabriel García Tassara, poeta que pretende destacar sobre quienes cortejan a Gertrudis, pero que no desea casarse. La relación resulta igualmente tormentosa, trufada de amor y celos, orgullo y miedo. En 1844 se quedará embarazada. Consciente de la sociedad y el tiempo en el que vive, piensa que está acabada como escritora y escribe Adios a la lira, algo parecido a la despedida de la poesía. En abril de 1845 da a luz una niña enferma y delicada, bautizada como María a la que ella llama Brenhilde. La niña morirá a los pocos meses sin que su padre haya acudido a conocerla a pesar de las súplicas de Gertrudis a Tassara.

Ese mismo año obtiene los dos primeros previos del certamen de poesía organizado por el Liceo Artístico y Literario de Madrid, lo que hace de ella la mujer más famosa y destacada de la capital, solo precedida por la reina Isabel II.

Su vida da un giro el 10 de mayo de 1846 cuando se casa con Pedro Sabater, gobernador de Madrid, culto, rico y más joven que ella pero gravemente enfermo. La pareja viaja a París buscando cura para la enfermedad del marido; inútilmente porque este muere en el viaje de vuelta, el 1 de agosto en Burdeos. Gertrudis refugia su pena en la religión, se recluye en un convento y escribe Manual del cristiano y dos elegías de gran calidad poética.

De vuelta a Madrid prosiguen sus éxitos, la crítica elogia sus obras y el público la admira. En 1853 muere Juan Nicasio Gallego, poeta amigo suyo, y ella presenta su candidatura a la Real Academia de la Lengua para ocupar el sillón que había quedado vacante. Fue la primera mujer es aspirar a ocupar una plaza en la Academia -entonces las candidaturas las presentaban los aspirantes- pero los académicos, encabezados por Marcelino Menéndez Pelayo -escritor, filólogo e historiador- se opusieron a la entrada de Gómez de Avellaneda, sin más razón que por ser mujer.

Consideraban que la RAE, como tantas otras instituciones, era suya, exclusivamente de los hombres. Tardarían más de un siglo en percatarse del error y de forma muy restringida. La candidata no se amilanó y zanjó el debate declarando que “la presunción es ridícula, no es patrimonio exclusivo de ningún sexo, lo es de la ignorancia y de la tontería, que aunque tiene nombres femeninos, no son por eso mujeres“.

Gertrudes volvió a contraer matrimonio el 26 de abril de 1856 con el militar y político Domingo Verdugo y Massieu. Dos años después, la escritora estrenó la comedia Los tres amores, que fue boicoteada y resultó un fracaso. Verdugo acusó a Antonio Riber la responsabilidad del boicot -lanzaron un gato sobre el escenario-, se enfrentaron y Riber hirió gravemente al marido.

La pareja se trasladó a Cuba en 1859, buscando un clima benigno que devolviera la salud a Verdugo. Gertrudis fue homenajeada por sus compatriotas, declarada poetisa nacional. En La Habana dirigió una revista de curiosa cabecera: Álbum cubano de lo bueno y lo bello. Allí escribe una serie de artículos en los que plantea el debate sobre la igualdad intelectual de mujeres y hombres, defendiendo la superioridad intelectual de ellas. Cuba no pudo devolver la salud al esposo, que moría a finales de 1863.

Gertrudis se refugió en una religiosidad casi mística. Su poesía pasó de versar sobre la emoción amorosa a la experiencia religiosa y el vacío espiritual. Fernán Caballero la consideraba una de las más grandes poetas en lengua castellana. La mayoría de los críticos consideran que su poesía está a la altura de los referentes románticos: Rosalía de Castro o Gustavo Adolfo Bécquer.

Viajó a Nueva York, Londres y París y volvió a Madrid en 1864, donde murió el 1 de febrero de 1873. Sus restos reposan en el cementerio de San Fernando de Sevilla.

 

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