Juan Carreño Miranda siguió la estela de Diego de Velázquez cuando pintó a Eugenia Martínez Vallejo, una niña de una obesidad enorme -tenía seis años y pesaba setenta kilos- que había sido llevada a la corte desde su Bárcena natal para servir de entretenimiento, como otros bufones reales. Carlos II mandó vestirla «con un rico vestido de brocado encarnado y blanco con botonadura de plata«. Carreño pintó a la niña, conocida como «la Monstrua» en 1680, vestida y desnuda. Ambos lienzos pertenecen al Museo del Prado.

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