En su última novela -Largo pétalo de mar– Isabel Allende relata la salida de España de quienes huían de la victoria de Franco, la expedición organizada por el poeta Neruda, de uno de cuyos versos toma el nombre, y el exilio posterior en Chile y Venezuela. La autora mezcla personajes de ficción con otros reales. Por esas coincidencias que a veces se producen, algunos de los pasajes del relato se sitúan en lugares que visitamos en nuestras vacaciones. En concreto, una de las protagonistas da a luz en una maternidad de Elna, organizada por una enfermera que ha cubierto también la guerra española: Elisabeth Eidenbenz.

Enfrascada en el viaje y, a ratos, en la lectura de la novela, paso por alto el nombre de la enfermera, pensando que se trata de una figura de ficción creada por la autora. Llegamos a Elna, dispuestos a ver su catedral, -que bien vale por sí sola un viaje, cualquiera que sea el punto de partida-; no obstante, en la oficina solicitamos información sobre la ciudad. ¿Qué podemos ver? Cerca de aquí tenemos una maternidad que fue importante durante la guerra, nos dice la joven que nos atiende.

Efectivamente, Elisabeth Eidenbenz (Wila, 12 de junio, 1913- Zurich, 23 mayo, 2011) existió, como existió su maternidad. Maestra y enfermera suiza, se incorporó a la Asociación de Ayuda a los Niños de la Guerra y en 1937 se trasladó a España a colaborar con el gobierno de la República. Terminada la guerra, cruzó la frontera de Francia con los miles de exiliados que huían y siguió ayudando a las mujeres y a los niños recluidos en los campos de concentración de Argelès sur Mer o Saint Cyprien.

Las condiciones de vida en aquellos lugares eran pésimas para cualquier persona sana, las enfermedades causaban una alta mortandad; la mortalidad de los recién nacidos era superior al 80%. Entonces, Elisabeth negocia con las autoridades francesas los protocolos de actuación del personal en los campos y el traslado de las embarazadas, cuando es posible. En esa tesitura, encuentra un palacete en las afueras de Elna, a 7 kilómetros del campo de concentración de Argelès sur Mer y lo restaura con ayuda del Socorro Suizo. El 7 de diciembre de 1939 nace allí el primer niño: José Molina, al que seguirán otros muchos, a razón de una veintena de partos al mes.

El Socorro Suizo suministraba los alimentos, a los que se añadían los productos de la huerta, en cuyos trabajos participaban desinteresadamente algunas de las mujeres que habían dado a luz y optaban por quedarse. Durante la Segunda Guerra Mundial la maternidad acogió a las madres judías y gitanas que huían de los nazis. La Gestapo alemana intentó repetidamente detener a las mujeres judías acogidas, propósito que Eidenbenz evitó. En consecuencia, los alemanes cerraron la maternidad en 1944. Para entonces, habían nacido 597 niños de 22 nacionalidades, la mayoría hijos de exiliados españoles, judíos y gitanos.

El edificio quedó abandonado hasta que en el año 2005, el Ayuntamiento de Elna, dirigido por un hijo de exiliados republicanos españoles, Nicolás García, compró el edificio para hacer de él un centro de memoria, evocando las palabras de la propia Elisabeth, de que una forma de resistencia contra los enemigos era ayudar a dar a luz a las resistentes que franquistas y nazis querían exterminar.

Elisabeth Eidenbenz vivió sus últimos años en Austria, donde aún pudo disfrutar del reconocimiento de su generosa actividad. Murió a los 97 años. En España es una perfecta desconocida.

(Fotos obtenidas en la web «Descendientes del exilio español«

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