Todo esto que os he contado, antes de saber que la suegra se ha ido al otro barrio. Cuando el mindundi se entera de que les pertenece la mitad del negocio de sus suegros prepara los bártulos para desembarcar en la casa familiar con el ánimo de desalojar al padre. El suegro trata de llegar a un acuerdo con el yerno. Tú déjate guiar por mí que me conozco el percal, le dice. Pero los asesores del mindundi son de la opinión de todo o nada. El padre sigue empeñado en pactar y le propone repartirse el negocio a pachas dejando a la heredera al margen. Siempre ha sido una loca de la vida, podríamos dejarla en Incosol o por ahí, le sugiere, confianzudo. Que te pires, responde el yerno.

En efecto, el padre tiene que refugiarse en la casa de campo. La heredera, entretanto, vuelve a estar embarazada, resultado de un revolcón apresurado en un momento tonto durante el viaje de vuelta al hogar familiar. El marido se dispone a tomar las riendas del negocio y empieza por celebrar su mucha fortuna con amigos y asesores. Participa en varios torneos y un día, después de jugar un partido de paddel, se toma un gin tonic con bayas de enebro on the rocks. Con mucho hielo, vaya. El gin tonic o las bayas no le sentaron bien y esa tarde nota que le sube la fiebre. Y ya no vuelve a levantar cabeza. En sentido literal. Antes de una semana se ha ido al otro barrio.

Los asesores empiezan a murmurar. Sospechan que el suegro ha mandado echarle algo a las bayas pero el médico de cabecera, que es de total confianza, les informa que con la vida que ha llevado el mindundi lo menos que le puede haber pasado es morirse. La inconformista seguía embarazada y de morros con el marido -que una cosa no quita la otra- a pesar de lo cual le atendió con delicadeza y abnegación. Los asesores se hacían lenguas de que la viuda no llorara la muerte del difunto. A ver si se ha trastornado, murmuraban. Ella guardaba silencio -por educación, por qué si no- pero ganas le daban de decir: Con la vida que me ha dado y que quería dejarme con lo puesto, no querrán que encima llore, anda y que se vaya bendito de Dios.

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