Este retrato, un poco pastelón, es el de María de la Concepción Serrano y Domínguez, hija primogénita del general Serrano, capitán general de los Ejércitos y regente del Reino. A ratos liberal y a ratos realista. El favorito de Isabel II, con quien tuvo sus más y sus menos.

Conchita pasó a ser condesa de Santovenia al casarse con José María Martínez de Campos. Cuando posó para Eduardo Rosales debía tener unos 11 años. El pintor echó el resto en su obra, siendo quién era la niña, y no escatimó en flores y lazos pero se arriesgó a sacar a la retratada al aire libre, algo todavía infrecuente en su época.

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