Carmen de Burgos nació en Rodalquilar (Almería) el 10 de diciembre de 1867, hace ahora 150 años. Su padre era propietario de tierras y minas y vicecónsul de Portugal en Almería. A los 16 años casó con Arturo Álvarez, de 28, periodista, a la que ella describiría más tarde como “un señorito juerguista, un tenorio que me fascinó (…) que se pasaba la vida en tabernas y garitos (…) yo lo creía un genio”. El joven era hijo del gobernador civil de la provincia, propietario de una imprenta donde se hacía el periódico de la ciudad y aunque el matrimonio resultó un fracaso, permitió a Carmen acceder a una profesión hasta entonces cerrada a las mujeres, por lo que es considerada la primera periodista profesional. Trabajó en El Heraldo de Madrid, El Universal, La Correspondencia de España, El Globo y ABC, periódico del que fue su primera redactora. Utilizó los seudónomicos Honorine, Gabriel Luna, Marianela, Perico el de los Palotes, Raquel y, sobre todo, Colombine, con el que es más conocida.

Ya casada, siguió estudiando y se tituló como maestra de Enseñanza elemental (1895) y luego, de Enseñanza superior (1898) y aprobó las oposiciones a maestra. Con el estreno del siglo XX, deja a su marido y se traslada a Madrid con su hija, María, de cinco años, única superviviente de los cuatro hijos del matrimonio. En la capital escribe una columna para el periódico El Globo, Notas femeninas, en la que aborda temas relacionados con la moda y el protocolo pero también de índole político y laboral: el voto o el trabajo de las mujeres. En 1903, es contratada como columnista de un nuevo periódico liberal, el Diario Universal, donde firma como Colombine. Entre asuntos que se consideraban propios de mujeres, Carmen hablaba sobre cuestiones de interés general, como el divorcio o el sufragio femenino desde un feminismo conciliador. Con ello se ganó la admiración de intelectuales progresistas, como Blasco Ibáñez o Giner de los Ríos, y la enemiga de los sectores conservadores y eclesiásticos. En 1905, una beca del Ministerio de Instrucción Pública le permitió viajar por el sur de Europa durante un año para estudiar sus sistemas de enseñanza.

Cuando en 1906 se reincorporó a la docencia y al periodismo se embarcó en una campaña a favor del voto de la mujer; el gobierno conservador la alejó de Madrid, destinándola a Toledo. Ella no se desalentó y los fines de semana volvía a la capital para retomar el pulso de la vida social, participando en la tertulia literaria modernista que había creado en su propia casa, a la que pertenecía lo más granado de la vida cultural de principios de siglo. Ahí conoce a Ramón Gómez de la Serna, entonces estudiante de 18 años, con el que mantendrá una relación literaria y sentimental durante dos décadas. Los medios conservadores del país aprovecharon esta relación para cebarse con ella, rebajándola a la mera condición de amante de Ramón. Frecuentó el trato y la amistad con Cansinos Assens, Juan Ramón Jiménez, Sorolla, Pérez Galdós o Julio Romero de Torres.

En 1909 ejerció como corresponsal de El Heraldo de Málaga desde Melilla. En sus crónicas defendía ya la objeción de conciencia. Publica una biografía de Larra, que obtiene un éxito rotundo. En estos años vivirá con Ramón en Estoril, donde se compran una casa -El Ventanal- y luego en Nápoles, para volver a Madrid en 1929. Su hija, que se había casado con un actor y había pretendido triunfar como actriz, volvió de una gira americana divorciada, fracasada y toxicómana. Cuando su madre trataba de curarla, Ramón y María mantuvieron una breve relación sentimental -la pasión durará 25 días, según confesión de Ramón-, poniendo un final abrupto a la unión del escritor con Carmen, ya para entonces aquejada de una enfermedad cardíaca. Pese a todo, ambos mantendrían su amistad hasta la muerte de ella.

Aparte de a su notable producción literaria, Carmen de Burgos dedicó su vida a defender la igualdad entre hombres y mujeres, el acceso de estas a la educación y al trabajo y a combatir las leyes discriminatorias. Fue una mujer progresista, influida por el krausismo y vinculada al movimiento del 98. Ya en 1921 pidió el sufragio femenino ante el Congreso de los Diputados; reclamó también la ley del divorcio y la abolición de la pena de muerte. Presidió organizaciones feministas nacionales e internacionales.

La llegada de la República en 1931 significó el triunfo de todo por lo que Carmen de Burgos había estado luchando: la aprobación del matrimonio civil, el divorcio y el sufragio femenino. Ella se afilió al partido Republicano Radical Socialista e ingresó en la masonería, en la que fue Gran Maestre de la logia Amor. Un año después, mientras intervenía en una mesa redonda sobre educación sexual, se sintió mal y, aunque fue atendida por varios médicos asistentes, Gregorio Marañón entre ellos, falleció poco después. “Muero contenta porque muero republicana. ¡Viva la República!”, fueron, según El Sol, sus últimas palabras, feliz corolario de vida de una mujer consecuente. Pidió ser enterrada en el cementerio civil, donde una sencilla tumba recuerda su paso por esta vida.

Rafael Cansinos-Assens, que había amado a la escritora sin ser correspondido, describió su muerte como “algo grande, apoteósico, que convierte el hecho natural de morir en un gesto heroico, de luchador que muere en la brecha”. Ramón, el amante desleal, escribió sobre este momento en su Automoribundia: “Quedé de luto por aquel gran corazón y pensé que desde que se va al otro mundo alguien a quien quisimos mucho, ya estamos denunciados por seguir viviendo”. El Círculo de Bellas Artes, la Liga y la Cruzada de Mujeres Españolas y muchas organizaciones culturales, feministas y políticas le rindieron homenaje.

Su temprana muerte le evitó conocer el levantamiento militar y el triunfo del régimen implantado por Franco, una de cuyas primera medidas fue eliminar los libros de Carmen de Burgos de las bibliotecas e incluir todos sus títulos en el índice de libros prohibidos.

Su amplia producción literaria incluye ensayos: Notas del alma, El divorcio en España, La mujer en España, Por Europa, La voz de los muertos, Leopardi, Misión social de la mujer, Cartas sin destinatario, Impresiones de Argentina, Confidencias de artistas, Peregrinaciones, Mis viajes por Europa, Fígaro, La Emperatriz Eugenia, Hablando con los descendientes, Gloriosa vida y desdichada muerte de D. Rafael del Riego. Novelas: Los inadaptados, La rampa, El último contrabandista, Los anticuarios, El retorno, La malcasada, Los espirituados, La mujer fantástica, El tío de todos, Quiero vivir mi vida, Los anticuarios o Puñal de claveles (en la que se inspiraría García Lorca para sus Bodas de sangre). Escribió también novelas cortas y tradujo muchas otras obras.

Siglo y medio después y qué moderna y actual resulta Carmen de Burgos.

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