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Carmen Conde (Cartagena, 15 agosto 1907- Madrid, 8 de enero 1996) fue una escritora destacada de la Generación del 27. Pero ella fue, sobre todas las cosas, quien consiguió romper la coraza con la que el batallón del machismo hispano defendía la Real Academia Española de la Lengua.

El 9 de febrero de 1978 fue elegida para ocupar el sillón k, tomó posesión el 28 de enero del año siguiente, con su discurso Poesía ante el tiempo y la inmortalidad, que fue respondido por Guillermo Díaz-Plaja. Habían transcurrido 265 años desde la fundación de la docta casa hasta que -rompiendo el fuego y saltando las barreras, en palabras de Alonso Zamora Vicente- una mujer pudiera aposentarse en el privilegiado sillón académico. En el camino habían quedado, orgullosamente despreciadas, grandes figuras de las letras como Emilia Pardo Bazán, por la sola razón de ser mujeres.

Carmen Conde había vivido en Melilla entre 1913 y 1920. En Cartagena empezó a estudiar Magisterio, que terminó en 1930, y a colaborar en la prensa local. Llegaba a la Academia con una obra cuajada. Publicó su primer libro de poemas en 1929, Brocal, parte del cual había sido dado a conocer en las revistas y Ley por Juan Ramón Jiménez, de quien ella es admiradora y por quien entró en el “fabuloso reino de la poesía”. En 1934, mientras se encontraba embarazada de su única hija, escribe Júbilos, un libro de poemas y felicidad que fue prologado por Gabriela Mistral, con ilustraciones de Norah Borges, hermana del escritor Jorge Luis Borges. En ambos poemarios Conde muestra la influencia de las vanguardias. La niña nacería muerta, lo que se convertiría en un asunto recurrente en su poesía.

En el libro Por la escuela renovada plasmó su experiencia docente en la escuela rural de El Retén. En 1927 conoció al también poeta Antonio Oliver, con quien se casaría en 1931, año en que ambos fundaron la Universidad Popular de Cartagena cuya actividad se prolongó hasta el levantamiento militar de 1936. Contaba con biblioteca de adultos e infantil, sala de conferencias, exposiciones y proyecciones y su propia revista: Presencia. En la UPC intervendrían como invitados poetas e intelectuales de la talla de Miguel Hernández, Margarita Nelken o María de Maeztu.

Fue amiga de Vicente Aleixandre, Azorín, Buero Vallejo, Castillo Puche, María Cegarra, Miguel Hernández, Juan Ramón Jiménez, Gabriel Miró o Ernestina de Champourcín, con quien mantuvo una intensa correspondencia.

Mientras el marido se incorpora al ejército republicano al estallar la guerra civil en 1936, ella permanece en Murcia colaborando con el periódico Nuestra lucha y con la emisora local. En 1937 se matricula en Literatura en la Universidad de Valencia, donde es alumna de Dámaso Alonso. Allí conoce a Amanda Junquera, que estaba casada con el catedrático Cayetano Alcázar, con quien, según alguno de sus biógrafos, Conde mantuvo una relación afectiva y que inspiraría algunos de sus libros más intensos.

Al terminar la guerra tanto Oliver como Conde vivieron un tiempo escondidos, el marido en Murcia y ella en casa del matrimonio Junquera Alcázar, luego, en El Escorial y, finalmente, en la casa de Vicente Aleixandre de la calle Wellingtonia de Madrid. Carmen fue procesada por su adhesión a la República, siendo sobreseído el procedimiento en 1944. El matrimonio se reunió en 1945 y en 1949 se instalaron en el que sería domicilio familiar, en la calle Ferraz. Una placa instalada por el Ayuntamiento de Madrid recuerda que allí vivió la primera mujer que ingresó en la Real Academia Española. La guerra cambiará su lenguaje y objetivo poético, enfocado ahora en el amor o los sufrimientos ajenos. Pasión del verbo (1944), Mujer sin Edén (1947) o Derribado arcángel (1960) pertenecen a este apartado.

Simultáneamente, publicó otras obras en prosa y verso con los seudónimos de Magdalena Noguera o Florentina del Mar: Vidas contra su espejo (novela, 1944), Soplo que va y no vuelve (relatos, 1944) y Mi libro de El Escorial (meditaciones, 1949). En 1967 recopiló sus poemas en Obra poética, publicado en la editorial Biblioteca Nueva. Una constante en su obra poética es la expresión del deseo amoroso-físico, frecuentemente en la voz de una mujer. Conde escribió nuevas novelas –La rambla (1977), Creció espesa la yerba (1979), Soy la madre (1980)-; relatos y teatro infantil -que le valieron el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil en 1987-, y el ensayo: Juan Ramón Jiménez: ensayo crítico.

Carmen trabajó para la editorial Alhambra y en la sección bibliográfica del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y en la de publicaciones de la Universidad de Madrid. También fue profesora de Poesía y Novela Española Contemporánea en el Instituto de Estudios Europeos de Madrid y en la cátedra Mediterránea de la Universidad de Valencia en Alicante.

Después de gestionar la cesión al Ministerio de Educación Nacional del archivo de Rubén Darío, que se encontraba en poder de Francisca Sánchez, la compañera del poeta, el matrimonio Conde Oliver donó su propio archivo a la ciudad de Cartagena. En 1995 se constituyó el Patronato Municipal Carmen Conde-Antonio Oliver y se inauguró el museo. Cuando murió Oliver, en julio de 1968, Carmen volvió a vivir con Amanda, que también había enviudado, hasta la muerte de esta, en diciembre de 1986. Desde 1984, la editorial Torremozas convoca anualmente el Premio Carmen Conde de poesía para premiar a autoras.

A lo largo de su vida recibió numerosos premios y condecoraciones pero ninguna tan relevante por su significado como la elección de académica de la RAE. Siguió escribiendo a pesar de que en 1982 se le manifestaron los primeros síntomas del alzheimer, enfermedad que disminuyó su capacidad intelectual. Murió el 8 de enero de 1996. En 1998, su sillón de académica fue ocupado por otra mujer: Ana María Matute.

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