Brígida del Río fue un personaje famoso en los siglos XVI y XVII hasta el punto de ser mencionada en algunas obras literarias -Guzmán de Alfarache, de Mateo Alemán, o Donado hablador, de Jerónimo de Alcalá-. Juan Sánchez Cotán la retrató en 1590 como La barbuda de Peñaranda, pues, al parecer, vivía en Peñaranda de Bracamonte. Este lienzo se difundió en grabado y fue utilizado por Sebastián de Covarrubias para ilustrar uno de sus Emblemas morales (1610). Como indica la leyenda en la parte superior del lienzo, Brígida tenía entonces 50 años y se ganaba la vida cobrando por mostrarse en público a quien pudiera pagar para ver su hirsutismo.

Las mujeres barbudas, se incluyen en el mismo apartado de los enanos, bufones y gentes de placer. Incluso Cervantes incluyó un caso en un pasaje de la segunda parte del Quijote.

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