Belén de Sárraga, agitadora social

Belén de Sárraga Hernández (Valladolid, 10 julio 1872-México, 9 septiembre 1950) fue librepensadora, masona, escritora, publicista, política y brillante oradora, una agitadora social. Militante del Partido Republicano Federal, acabó sus días en el exilio como tantas otras mujeres de su generación.

Su padre, Vicente de Sárraga Rengel era un militar masón de ideas republicanas y su madre, Felisa Hernández Urgón, una joven vallisoletana de humilde familia. La pareja se casó dos años después del nacimiento de la niña. En 1880 los tres se trasladan a Puerto Rico, país de procedencia del padre. Belén estudiará allí magisterio, por indicación del abuelo paterno, que había sido director de la Escuela Normal de la capital. En 1888 la familia está de vuelta en España, el matrimonio se separa y, al año siguiente, muere Felisa. Abandonados por el padre, Belén y su hermano quedaron bajo la tutela de su abuela materna, mujer iletrada pero de gran coraje. La joven Belén se sumergió en la lectura de Voltaire o Proudhon y descrubrió a las escritoras feministas: Olimpia de Gouges, Flora Tristán o Louise Michel.

Su carácter reivindicativo la condujo a los círculos republicanos, fue la primera mujer en afiliarse al Partido Republicano Federal. En Barcelona estudia Medicina y se inicia en la militancia política. En 1894 se casa con Emilio Ferrero Balaguer, republicano, masón y librepensador también, a quien consideró su compañero de vida y de quien tomaría su apellido firmando en adelante como Belén de Sárraga Ferrero. La pareja se dedicó a la actividad política. Tuvieron amistad con Odón de Buen, Vicente Blasco Ibáñez y Alejandro Lerroux, entre otras personalidades de la época.

De Barcelona se trasladaron a Valencia, donde Belén se afilió a la masonería, creó la Asociación General Femenina y fundó el semanario La Conciencia Libre (1896-1907), abrió varias escuelas laicas, inauguró la primera biblioteca pública valenciana de carácter racionalista y participó en las manifestaciones de protesta por la guerra de Cuba. Todo ello mientras traía al mundo a sus hijos Libertad y Demófilo Dantón.

Belén destacó enseguida por su brillante oratoria y su actividad incesante, plasmada en mil iniciativas y en multitud de asociaciones. Su ideología era una mezcla de federalismo, feminismo, anticlericalismo, laicismo y obrerismo, todo ello enmarcado en las corrientes deístas y espiritualistas de comienzos del siglo XX, el legado humanista y los postulados del libreprensamiento. En 1899 emprende la primera de sus giras políticas por España en compañía de Blasco Ibáñez, Lerroux y Salmerón.

De Valencia se trasladó a Málaga, ciudad en la que nació su hijo Víctor Volney y en la que funda la Federación de Sociedades de Resistencia, que llegó a tener 30.000 asociados. También aquí publicó su periódico La Conciencia Libre, que sufrió la inquina de las fuerzas conservadoras y religiosas hasta el punto de que fue multado por ser dirigido por una mujer. En 1904 fue condenada a dos meses y un día de arresto mayor por haber protestado contra el fusilamiento de Rizal, poeta y héroe de la independencia de Filipinas.

En ese tiempo viajó mucho al extranjero para intervenir en los Congresos de Librepensadores: Ginebra (1902), Roma (1904), Buenos Aires (1906) y Lisboa (1913) y promover declaraciones sobre los derechos de las mujeres. En Montevideo dirigió el diario El Liberal (1908-1910). Sus éxitos personales se verían empañados por la muerte de su hija Libertad, de siete años y por el deterioro de su relación con Emilio, postergado a un papel secundario. La pareja acabó divorciándose en 1911 y ella recuperó su identidad de soltera: Belén de Sárraga.

Entre los años 1912 y 1930 residió en distintos países hispanoamericanos: Uruguay, Argentina y México, participando en interminables giras donde predicaba el libre pensamiento con el apoyo de las redes masónicas, granjeándose el apodo de la “Castelar femenina” y la “Diosa Verdad”. En cada país fue creando asociaciones femeninas y centros librepensadores cuyo objetivo era la educación, moralización y secularización de la sociedad. Su concepto de la laicidad como una forma de espiritualidad que no impide conocer privadamente a dios pero que combate las religiones como estructuras de poder causantes de guerras, fanatismo y violencia arraigaría en el continente americano y décadas más tarde sería reivindicada en la teología de la liberación. Su labor durante la revolución mexicana de los años 20 fue premiada con la concesión de la nacionalidad del país.

De estas giras descansaba en Lisboa, ciudad en la que escribía al tiempo que participaba en las actividades de la Liga Republicana de Mujeres Portuguesas. A ese tiempo corresponden sus libros A través de un continente y El clericalismo en América.

Sárraga volvió a España tras la proclamación de la República y en las elecciones de 1933 encabezó la candidatura federal por Málaga, sin lograr el escaño. Durante la guerra civil colaboró con la Asociación de Mujeres Antifascistas y consiguió unir a las distintas facciones del Partido Federal, del que fue elegida vicepresidenta.

El final de la guerra civil la encontró sola y enferma. Se exilió en México y allí residió, malviviendo con una pequeña pensión, algunos trabajos eventuales y la ayuda de sus compañeros anarquistas y republicanos del Ateneo Pi y Margall, hasta su muerte, ocurrida en 1950. Sus restos fueron velados siguiendo los ritos masónicos y, luego, incinerados. Ella quedó enterrada en el olvido.

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