Artemisia Gentileschi es una de las pintoras más conocidas en un sector y en una época donde las mujeres no solían destacar. Nació en Roma el 8 de julio de 1593, hija del pintor Orazio Gentileschi y de Prudencia Montone, quien murió en 1605. Los cuatro hermanos Gentileschi -tres chicos y una chica- aprendieron el oficio en el taller paterno donde ella destacó pronto por su destreza y dominio de la técnica. 

El hecho de haber iniciado su actividad en el taller de su padre y la temprana maestria de sus obras hizo que algunas de ellas fueran atribuidas a su padre. Es el caso de Susana y los viejos, realizada por Artemisia con solo 17 años. Cuando Orazio comprendió que no podía enseñar a su hija más de lo que ya sabía, y como por entonces las academias de Bellas Artes estaban vedadas a las mujeres, le puso un maestro privado: Agostino Tassi, colaborador suyo en algunos trabajos romanos.

La idea resultó nefasta para la pintora. Tassi resultó un depredador sexual: en mayo de 1611 violó a su alumna. Inicialmente, aseguró que salvaría el honor de la agredida por la vía del matrimonio, promesa que no podía cumplir pues ya estaba casado. Orazio le denunció en marzo del año siguiente. La instrucción desveló la catadura del agresor: había tratado de matar a su mujer, había mantenido relaciones sexuales con su cuñada e intentado robar algunas obras de Orazio.

El proceso resultó un calvario para Artemisia, quien fue sometida a un trato humillante e inquisitorial y observada con suspicacia. La mayoría de los opinadores sostenían que se había tratado de una relación consentida y no de violación. Ni siquiera los jueces creían su relato, por lo que se le sometió a procedimiento de tortura para verificar que decía la verdad, con un instrumento que maltrataba sus dedos, que eran su herramienta de trabajo. Como se conserva la documentación del proceso podemos conocer el relato en boca de la propia agredida: Cerró con llave la habitación y después me tiró sobre la cama, inmovilizándome con una mano sobre el pecho y poniéndome una rodilla entre los muslos para que no pudiera cerrarlos y me levantó las ropas, algo que le costó muchísimo trabajo. Me puso una mano con un pañuelo en la garganta y en la boca para que no pudiera gritar y habiendo hecho esto metió las dos rodillas entre mis piernas y apuntando con su miembro a mi naturaleza comenzó a empujar y lo metió dentro. Yo le arañé la cara y le tiré de los pelos y antes de que pusiera dentro de mi el miembro, se lo agarré y le arranqué un trozo de carne”.

Agostino Tassi fue condenado. Se le dio a elegir entre cinco años de trabajos forzados o el destierro de Roma. Eligió el destierro. Seguidamente, para reparar el honor mancillado, su padre arregló el matrimonio de Artemisa con Pierantonio Stiattesi, un modesto pintor florentino, con quien tuvo cuatro hijos y una hija, de los que solo sobrevivió esta, Prudencia. Ella maquinó su venganza a través de la pintura: el resultado es Judith decapitando a Holofernes, realizado entre 1612 y 1613, que se guarda en el museo de Capodimonte. El episodio ya había sido llevado al lienzo por numerosos pintores desde el Renacimiento y se consideraba una alegoría del triunfo de las mujeres sobre los hombres: representa el momento en que la judía Judith, viuda, después de haberlo emborrachado, con ayuda de su doncella decapita al general asirio Holofernes, que la pretendía. La escena es de un realismo y una violencia tal que explica el sufrimiento que había padecido la autora. Artemisia volvería sobre el mismo tema posteriormente llegando a realizar hasta tres versiones.

La pareja se instaló en Florencia, donde ella conoció el éxito como pintora de corte y llegó a ser admitida en la Academia de Dibujo de la ciudad, convirtiéndose en la primera mujer alumna del centro, por donde había pasado Miguel Ángel Buonarroti. Se relacionó y fue respetada por los artistas más destacados de su tiempo y disfrutó de la protección de personajes influyentes, incluida la gran duquesa Cristina y su hijo, Cosme II de Médici; con Galileo Galilei se carteó durante años. A la época florentina corresponden, entre otras obras, La conversón de la Magdalena, Judit y su doncella y una segunda versión de Judith decapitando a Holofernes, de mayor tamaño que el primero, que puede contemplarse en la Galería de los Uffizi de Florencia.

La pintora retrata mujeres fuertes, sean heroínas o víctimas, personajes femeninos mirados con la perspectiva de una mujer; la “reivindicación femenina”, que le atribuyó Roland Barthes. Es creencia que muchas de las mujeres retratadas en sus cuadros reproducen el rostro de la pintora, a quien todas las crónicas describen como mujer muy hermosa. Como suele suceder cuando se trata de mujeres, su atractivo y el éxito alcanzado en su profesión dieron pábulo a rumores de todo tipo sobre su vida privada.

Artemisia se traslada a Roma con su hija en 1621, dejando en Florencia a su marido. En 1627 tuvo otra hija. A ambas trató de iniciarlas en la pintura, con poco éxito. Ella ingresó en la Academia dei Desiderosi o Ecléctica, especializada en el arte barroco. De Roma se trasladó a Venecia y de allí a Nápoles, donde permanecerá el resto de su vida, con breves ausencias para visitar Londres o alguna otra ciudad. Allí se casaron sus hijas, con dote propia y allí amplió su producción. Se aprecia en este tiempo una cierta inclinación por los temas religiosos: la Anunciación o el Nacimiento de san Juan Bautista, que puede verse en el museo del Prado de Madrid.

En 1654 aún seguía trabajando. Se cree que falleció en 1656, como consecuencia de la peste que ese año asoló la ciudad. Fue enterrada en la iglesia de San Juan de los Florentinos, que fue destruida en la segunda guerra mundial. El tiempo la sumió en el olvido, del que fue rescatada en el siglo XX por el crítico Roberto Longhi con su ensayo (1916) Gentileschi padre e hija, donde llama la atención sobre la calidad extraordinaria de Judith decapitando a Holofernes, comparándola con Vermeer o Van Dyck, y donde se afirma que Artemisia fue “la única mujer en Italia que supo algo sobre pintura, colorido, empaste y otros fundamentos”. Afirmación que no hace justicia a contemporáneas suyas -Sofonisba Anguissola, Lavinia Fontana, Bárbara Longhi o Fede Galicia- que también alcanzaron el éxito y el reconocimiento artístico.

Mediado el siglo XX, Anna Banti, esposa de Roberto Longhi, escribió un libro sobre Artemisia, que en España se publicó en 1992 y se reeditó en 2008, con una amplia introducción de Susan Sontag. Con el mismo título –Artemisia– Alexandra Lapierre escribió en 1999 un análisis sobre la relación de los Gentileschi, padre e hija. Novelistas, dramaturgas y directoras de cine han puesto el foco en la pintora barroca a la hora de buscar personajes para sus obras.

También el movimiento feminista había descubierto la vigencia de Artemisia como modelo de mujer que se enfrenta a los modelos dominantes en su época, padece los ataques del machismo vigente y logra su independencia personal. El paso de los siglos no ha conseguido desarmar el machismo estructural subyacente, especialmente en la violencia machista, como hechos recientes han venido a demostrar.

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