No es fácil encontrar el nombre de una mujer entre los autores que se admiran en un museo, menos aún si este es tecnológico, pero el de Ángela Ruiz Robles figura por derecho propio entre los prodigios científicos que se exponen en el Museo Nacional de Ciencia y Tecnología de La Coruña como creadora de la enciclopedia mecánica, considerada el precedente del libro electrónico.

Doña Angelina, como era conocida Ángela, era una maestra de escuela nacida en una familia acomodada de Villamanín (León) el 28 de marzo de 1895; estudió en la Escuela de Magisterio de León, donde dio sus primeras clases de contabilidad mercantil, mecanografía y taquigrafía en el curso 1915-1916. El curso siguiente dio clase en la Escuela de Gordón (León) hasta que en 1918 obtuvo plaza de maestra en la escuela de Santa Eugenia de Mandia, cerca de Ferrol, donde permanece hasta 1928. En Ferrol abrió su propio centro docente donde impartía clases nocturnas a personas sin recursos, al tiempo que prepara a opositores y a aspirantes al ingreso en escuelas mercantiles.

Como docente debió ser extraordinaria pues ya en 1925 sus vecinos promueven que le sea concedida una distinción especial “por sus indiscutibles méritos en agradecimiento a su dedicación y la atención desinteresada”. En 1934 vuelve a destacar como gerente de la Escuela Nacional de Niñas del Hospicio de Ferrol. En la década de los 40 figura como docente en la Escuela Obrera gratuita y en el Colegio Ibáñez Martín, donde enseña gramática y ortografía, mecanografía y taquigrafía. En 1956 se le impone la Cruz de Alfonso X el Sabio “por su labor social y sus innovaciones pedagógicas en su carrera profesional”. En 1959 es nombrada directora del Ibáñez Martín y allí se jubila.

No se limita a dar clases, escribe libros sobre ortografía, sobre taquigrafía. E inventa. Sus artilugios tienen todos una finalidad docente. Lejos de los centros de poder, con los limitados medios a su alcalce, no cesa de imaginar cómo puede mejorar la enseñanza, a la que ha dedicado toda su vida. En la década de los 40 había ideado una máquina taquimecanográfica.

Así hasta que en 1949 inventa una enciclopedia mécánica que patenta como un “procedimiento mecánico, eléctrico y a presión de aire para lectura de libros” y registra con el número 190.698. No consigue financiación para realizarlo y en 1962 vuelve con su invento mejorado, que obtiene el número de patente 276346. Un prototipo de ese invento se construyó efectivamente ese año en el Parque de Artillería de Ferrol bajo la dirección de la inventora y es el que se puede contemplar en el Museo de la Ciencia coruñés.

Doña Angelina pretendía con su enciclopedia aligerar el peso de las carteras de los alumnos, hacer más atractivo el aprendizaje y adaptar la enseñanza al nivel de cada estudiante. Visionaria de un mundo que entonces ni se vislumbraba, en 1962 defendía los libros mecánicos y declaraba que el suyo había sido ideado “para todos los idiomas y facilita grandemente el trabajo a profesores y alumnos. Ideovisual, responde al progreso del vivir actual y cumple las leyes de enseñanza general. (…) Es atractiva y práctica. Se trata de una pedagogía ultramoderna”.

La Enciclopedia Mecánica de Ruiz Robles incorporaba gráficos, sonidos, enlaces textuales, auto iluminación y ofrecía al lector la posibilidad de escribir en ella. Todo ello, en castellano, francés e inglés. Se articulaba mediante bobinas enrolladas que contenían las asignaturas, el abecedario, los números y los textos, con botones para seleccionar las distintas opciones. El prototipo se realizó en metal, lo que lo convertía en un objeto caro. Su inventora propuso que se realizara en materiales más baratos pero, aunque obtuvo la aprobación ministerial, finalmente, no encontró financiación para llevarlo a cabo.

Su ingenio e inventiva le valieron premios y reconocimientos dentro y fuera de España: la medalla de oro y diploma en la 1ª Exposición Nacional de Inventores Españoles (1952); el oscar a la invención en la Feria Nacional de Zaragoza (1957); medallas de bronce en la Exposición Internacional (1957) y por las novedades pedagógicas (1958) y medalla de plata en la edición de 1963, todas ellas de Bruselas; en 1968 recibe en Ginebra la medalla a los inventores españoles. En 1973 se le nombró jefa provincial de la Federación Politécnica Científica de la Inventiva Internacional.

Parece que recibió una propuesta desde Estados Unidos para desarrollar su patente, oferta que declinó porque quería que su invento permaneciera en España. Murió en Ferrol el 27 de octubre de 1975 y fue enterrada en el cementerio de Serantes de aquella ciudad.

La memoria de su trabajo, sin embargo, sigue viva. El Ayuntamiento de Ferrol publicó en 2009 una serie de rutas turísticas que evocan su presencia en la ciudad; el Ministerio de Industria la incluyó en el catálogo “200 años de la promulgación de la Ley de patentes”, publicado en 2011; al año siguiente es incluida en la “Cronología de la edición digital: 100 años de evolución tecnológica”; en 2013 los Ministerios de Economía y Competitividad y de Educación, Cultura y Deporte editaron conjuntamente la publicación “Ángela Ruiz Robles y la invención del libro mecánico”, donde se presenta a la docente como la inventora que fue “capaz de idear y llevar a la práctica un prototipo de ‘libro mecánico’ estrechamente emparentado con los actuales soportes electrónicos de lectura” y con la que prentenden “situar en el lugar que merecen los innovadores trabajos de Ángela Ruiz Robles”. Ese mismo año se creaba el premio Ángela Ruiz Robles para señalar las iniciativas que potencien el emprendimiento en el ámbito de las tecnologías de la información y que estimulen la innovación, la transferencia del conocimiento y la creación de empleo. El Ayuntamiento de Madrid decidió en 2018 dar su nombre a una calle de la ciudad en el distrito de Villaverde, cerca del Centro de Innovación de Madrid.

Hoy el libro electrónico es un aparato cada vez más habitual entre los utensilios que nos facilitan la vida: permite cargar con una biblioteca completa en el espacio mínimo de una publicación de bolsillo. La mayoría de las fuentes atribuyen su invento a Michael Hart, quien en 1971 se dispuso a digitalizar libros y ofrecerlos gratis mediante el Proyecto Gutenberg. Se menciona también a Roberto Busa, que entre los años 1949 y 1970 creó el Index Thomisticus, con anotaciones sobre la obra de Tomás de Aquino. Habrá que añadir también a una maestra española que en la posguerra tuvo una idea visionaria sobre el futuro que nos esperaba.

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