https://es.wikipedia.org/wiki/La_dama_del_abanico

Ana Caro de Mallén es una mujer del Siglo de Oro: culta, autora de autos sacramentales, comedias y relaciones, con una vida trufada de misterios. Gozó de la admiración de sus contemporáneos y disfrutó de una situación social confortable. De todo lo cual conocemos apenas el eco pues la mayor parte de su obra se ha perdido. Es suficiente, sin embargo, para poner en cuestión el dominio absoluto de los hombres en la literatura del Siglo de Oro español.

El primero de los misterios que rodea a Ana Caro de Mallén es su origen y la fecha de su nacimiento. Fue bautizada en Granada -en seis días del mes de octubre de mil seiscientos- como hija de Gabriel Caro de Mallén y Ana María de Torres, padres adoptivos. En la partida de bautismo aparece como “sclava de Gabriel Mallén” y “era adulta”, lo que induce a pensar que podía tratarse de hija de morisco y que en esa fecha podría tener nueve años y medio, edad en la que una mujer era considerada adulta. Como compadre aparece el secretario Melchor de Adarve, siendo testigos Juan Sillero y Bartolomé Muñoz.

La adopción se compadece bien con el estatus de la figura paterna. Gabriel Caro era por entonces procurador de la Real Audiencia de Granada, dependiente de la corona, organismo que decidía sobre la existencia y el futuro de los esclavos moriscos, muchos de ellos menores de edad. El propio rey fomentaba que los niños moriscos esclavos fueran acogidos en familias de cristianos viejos para su integración en la sociedad. La ley obligaba que quien prohijaba tuviera al menos dieciocho años más que la persona adoptada y que hubiera demostrado capacidad para procrear.

No es posible conocer cómo llegó a la familia Caro de Maillén la niña que toma el nombre de su madre adoptiva, si era hija de alguna esclava morisca de la familia o había sido recogida en alguno de los procesos que tuviera que ver el padre, la partida bautismal no menciona a los padres biológicos. También pudo ocurrir que la niña estuviera ya en la casa y hubieran de esperar al nacimiento del hijo biológico -Juan-, confirmando la capacidad de procrear de Gabriel, para que pudiera legalizarse su situación. En todo caso, la historia de Ana Caro de Maillén pone el foco en un proceso del que se habla poco en la historia de España: el devenir de la población morisca, estimada en un millón de personas, obligada a convertirse al cristianismo y, finalmente, expulsada de los reinos hispanos en 1609.

Cualquiera que fuera su origen, Ana Caro recibió una educación exquisita, como demuestra su gran cultura, el conocimiento de los clásicos y de sus contemporáneos y sus referencias históricas. Era además una mujer inteligente, con gran curiosidad intelectual y capacidad de análisis, interesada por lo que sucedía alrededor. Aunque hizo suyo el discurso de la clase social dominante en la que había sido educada, en sus escritos se atisba una idea avanzada sobre la vida, en un con frecuencia irónico y crítico. Esta idea se refleja en la manera en que sus obras retratan a los personajes más humildes, en cómo estos tratan de demostrar su valor, incluso por encima de las normas sociales.

Ana Caro de Maillén se trasladó a vivir a Sevilla, donde perteneció a la academia literaria del conde de la Torre y donde desarrolló su carrera literaria. Su primera obra conocida data de 1628: una relación de los Santos Mártires del Japón, sobre un suceso ocurrido en Japón en 1597. Entre 1641 y 1645 escribe algunas obras para las fiestas del Corpus Christi que organiza el Cabildo de Sevilla, de los que solo se conocen los títulos. Sus dos comedias, por las que es conocida, son Valor, agravio y mujer y El conde Partinuplés. Ambas parecen dirigidas a un público femenino, las mujeres tienen un papel protagonista. También dedica alguna de sus obras a mujeres: a la condesa de Salvatierra –la Octava de San Miguel-; a Agustina Spínola y Eraso –Primer Discurso del Contexto– y otro soneto a Inés Jacinta Manrique de Lara.

El conde Partinuplés (1653) es una comedia de enredo caballeresca sobre las leyendas artúricas y carolingias, con grandes efectos especiales, donde la escritora demuestra su dominio de la escenografía. Sus protagonistas son mujeres combativas y racionales. De Valor, agravio y mujer existen dos copias en la Biblioteca Nacional, ambas del siglo XVIII. En esta comedia de enredo palaciego Ana Caro ridiculiza algunos de los valores masculino de la sociedad de su tiempo, el reverso de El burlador de Sevilla, donde la protagonista, Leonor, se venga del seductor disfrazándose de hombre y conquistando a la enamorada del burlador. Los temas manoseados por los autores del Siglo de Oro: la castidad de las mujeres, el honor, el matrimonio, vistos por una mujer.

En 1637 es llamada a la Corte para escribir la relación -la crónica- de un festejo real (la entrada en Madrid de María de Borbón, princesa de Cariñán): Contexto de las reales fiestas madrileñas del Buen Retiro, por lo que percibe 1.100 reales. En Madrid coincide con su hermano Juan Caro de Maillén, consejero del rey Felipe IV y protegido del conde duque de Olivares, a quien Ana dedica su crónica.

La escritora mantendrá el vínculo familiar toda su vida. Tras la muerte de su madre, en 1606, el padre se casará con Alfonsa de Loyola, de cuyo matrimonio nacerá un hijo, destinado a la vida religiosa como dominico: fray Juan Mallén, trasladado luego a Manila. Ambos hermanos serán inspiración de la obra de Ana. En la comedia Valor, agravio y mujer, el hermano de la protagonista es caballerizo mayor en la corte -como lo era Juan Caro- y ella lleva el apellido Ponce de León, que es como se llamaba la camarera de la reina a la que sirve el hermano. Igualmente, en la relación que la escritora hace en 1628 en homenaje a los mártires de Japón, subyace la memoria de su hermano menor, fray Juan de Mallén.

Ana María Caro de Mallén fue, en fin, una escritora famosa en su tiempo, publicó y reeditó sus obras en solitario y en las antologías en las que era incluida junto a escritores de primera fila: Lope de Vega, Calderón de la Barca, Diego Torres de Villarroel o sor Juana Inés de la Cruz. Es el caso de Valor, agravio y mujer y también el de El conde Partinuplés, publicado en Laurel de Comedias junto a Calderón, Velez de Guevara, Ruiz de Alarcón y otros escritores de este nivel. Vélez de Guevara en El Diablo cojuelo la llama “décima musa sevillana”; fue citada y elogiada por otros escritores contemporáneos suyos, además de Rodrigo Caro o María Zayas, de quien se cree que fue amiga.

De aquella obra, que debió de ser enorme, solo se han conservado dos comedias, un coloquio sacramental, una loa, cuatro relaciones y cinco poemas sueltos. Sus relaciones -crónica en verso de un suceso, impresa en pliegos sueltos y divulgadas masivamente- sitúan a Ana como precursora del periodismo. Lo último que se conoce de ella es el soneto datado en 1646 para doña Inés Jacinta Manrique de Lara. Después, el silencio.

El silencio es el compañero habitual de las mujeres que han destacado a lo largo de los siglos, de manera que han de sobresalir extraordinariamente por encima de sus pares para ser vistas. En el caso de Ana Caro de Mallén, el silencio siguió al fulgor momentáneo de su existencia. Hasta tal punto es así que ni siquiera existe una imagen que la identifique, cuando tan familiares nos resultan los rostros de sus coetáneos: Calderón, Lope, Cervantes. No es seguro ni parece probable que La dama del abanico, de Diego de Velázquez, con quien se la identifica, sea ella y no la hija del pintor u otra dama ilustre.

Se cree que murió el 6 de noviembre de 1646, víctima de la epidemia de peste que sufrió Sevilla. Su entierro fue acorde con su fama, de los más caros de la época. La muerte por peste explicaría que fueran destruidas por el fuego las obras de una mujer que cultivó la poesía y el teatro, que alcanzó fama y dinero, que vivió de su quehacer literario y fue una figura principal en el siglo XVII.

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