El primero de los tesoros del museo de la catedral de Gerona es un beato del siglo X iluminado por una mujer de la que ya hemos hablado: En, la primera pintora conocida. El libro se realizó en el scriptorio del monasterio de Tábara (Zamora) y no se sabe con certeza cómo llegó a la seo gerundense. La versión más aceptada es que fue Almodis de la Marca, tercera esposa del conde de Barcelona Ramón Berenguer I, quien lo entregó a la catedral después de haberlo adquirido personalmente o haberlo recibido como regalo de su marido.

En el caso de Almodis (1020-1071) cualquiera de las dos posibilidades es creíble. Esta mujer, nacida en Toulouse en los albores del siglo XI, tuvo una vida agitada, de la que se repuso con un temple de hierro. Todavía adolescente la casaron con Guillermo III de Arlés, matrimonio que fue anulado por la minoría de edad de la novia; luego, con Hugo de Lusignan, con quien tuvo un hijo antes de que el matrimonio fuera declarado nulo por consanguinidad de los cónyuges. A los veinte años estaba casada de nuevo, esta vez con Ponce III de Toulouse, con quien tuvo cuatro hijos en los diez años que duró la convivencia hasta que se rompió de forma violenta.

La ruptura se produjo cuando llegó el conde Ramón Berenguer I secuestró a la condesa. Algunos historiadores presentan esta relación como un asunto romántico donde ambos se enamoran perdidamente, abandonan a sus respectivos y se dedican de por vida a ser felices y comer perdices pero la cosa no parece tan simple. Este Ramón Berenguer I era nieto de la condesa Ermesenda, hombre dado a mangonear y deseoso de ampliar sus posesiones. Almudis era propietaria de amplios territorios en el Languedoc, aparte de ser mujer inteligente, culta y todavía hermosa, pasada la treintena.

Sea por un amour fou, sea por interés, Ramón Berenguer se llevó a Almudis estando casado aún con su segunda esposa, Blanca de Narbona, a la que repudió. Ni su abuela Ermesenda ni el papa Víctor II atendieron a sus razonamientos amorosos o políticos y el novio fue excomulgado sin más, lo que no impidió que la nueva pareja se casara, o al menos conviviera y tuviera otros cuatro hijos y que ella aportara su patrimonio.

Almodis se acomodó a su nueva situación y se convirtió en la mejor colaboradora de su marido. Participó activamente en la primera redacción de los Usos de Barcelona -Usatges-, código jurídico base del feudalismo catalán, presidió juicios, gobernó y ejerció la diplomacia, con tendencia más a la paz que a la confrontación. Entre todo este trajín el beato iluminado por En llegó a las manos de Almodis.

La historia no acabó bien. Almodis fue asesinada por Pere Ramón de Barcelona, hijo de Ramón Berenguer, temeroso de que la poderosa condesa le privara de su herencia.

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